Celebraron el trigésimo aniversario de la asociación Casa del Niño en la Calle, que creó Granja Los Pibes
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Niños, niñas y adolescentes que asisten frecuentemente, los que ya “egresaron” pero aún mantienen su vínculo, docentes y trabajadores que integran el equipo, junto a personas que estuvieron presentes durante el camino, compartieron ayer un momento de encuentro e intercambio al celebrar el 30mo. aniversario de la creación de la asociación civil Casa del Niño, emprendimiento que con el tiempo dio paso a la Granja Los Pibes, el proyecto que lidera Walter Fernández.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa conmemoración del acontecimiento tuvo lugar ayer, a media mañana, en el predio de la Quinta Belén, en las inmediaciones al Jardín de Infantes inaugurado el año pasado, y permitió repasar la historia de la organización que dio pasos concretos en el trabajo con los niños.
La jornada reunió aquellas personas que forman parte de la historia de la asociación, a referentes sociales y políticos de la ciudad, a los concejales Juan Pablo Frolik, Marcos Nicolini, Corina Alexander, Gustavo Ballent, autoridades educativas locales, del ámbito público, familiares e invitados especiales.
Durante el acto se proyectó un video con la historia institucional mientras que una enorme cartelera con fotos recorrió los inicios, la llegada a la granja, inauguraciones -como la del Zoológico-, la construcción de la Casa de los Niños y distintos eventos, mientras los más jóvenes se identificaban en imágenes de hace algunos años.
La entidad fue creada el 22 de noviembre de 1986 gracias al impulso de un grupo de vecinos que selló el acta constitutiva durante un acto que se realizó en las instalaciones del club Gimnasia.
Cinco años después, hasta que logró constituirse formalmente como una asociación civil, se consiguió una sede en San Lorenzo 837, donde funcionó la casa de contención, en uno de los primeros pasos del trabajo en pos de los niños que tiempo después se cristalizó en el proyecto que hoy desarrolla Granja Los Pibes.
“Mientras haya un pibe en Tandil que la esté pasando mal, la granja va a seguir estando”, garantizó el responsable del lugar, Walter Fernández.
Los inicios
En la previa al inicio del acto Fernández repasó ante El Eco de Tandil los inicios de la entidad, su consolidación y la situación actual. Y con una mirada en retrospectiva, evaluó: “Tener gente trabajadora, vecinos de la ciudad que estaban condenados a la muerte viendo lo que pasaba con otros pibes, que han podido cambiar ese destino, a mí me llena de orgullo”.
En primer término se refirió al contexto que dio paso a las tareas que impulsó el grupo de vecinos que creó la entidad al recordar que “empezaban a aparecer los pibes de la calle”, primero en Capital Federal y Gran Buenos Aires, en una realidad a la que la ciudad no estuvo ajena. “Y en Tandil habían aparecido los primeros, era una necesidad a la que había que dar respuesta”, definió.
Los primeros pasos los dieron durante el gobierno de Américo Reynoso y cinco años después, lo que demoró en ser reconocida como asociación, ya con la gestión de Nicolás “Gino” Pizzorno “se compró la casa de la calle San Lorenzo”, lo que dio un espacio concreto para el desarrollo de los programas.
“Los primeros pibes eran de un grupo chiquito que estaba en la Terminal de Omnibus”, con los cuales aún permanece un fuerte vínculo que permitió la colaboración en tareas como la construcción del jardín de infantes, entre otras obras.
Hoy, ya hombres, “forman parte de una sociedad de trabajadores, que es el objetivo. Cuando uno encuentra a uno de estos pibes hay que saber que hay que darle la posibilidad que no está teniendo, que aprenda un oficio, tengan trabajo y hoy lo han logrado”, expresó con satisfacción.
“En esto no hay magia. Cuando uno habla de restituir derechos es esto, no es necesario armar grandes debates sobre estas cuestiones. Es abrazarlo en el momento en el que necesita ser abrazado”, definió y graficó que, “cuando los chicos llegan, lo hacen con los puños cerrados, el gesto duro, porque vienen de estar mal en algún lugar. Y para que ese puño se convierta en abrazo, uno lo tiene que abrazar primero”.
El responsable de Granja Los Pibes celebró la vinculación que muchos de los jóvenes que pasaron por la institución aún mantienen y que se refleja en su presencia y permanente contacto.
Un presente con
“mucho trabajo”
Este aniversario encuentra a la institución con “mucho trabajo”, distinto al que cumplieron en los inicios del proyecto “porque hace 30 años los pibes que venían eran los hijos de los desocupados”.
En ese sentido destacó que en la actualidad, y por primera vez en las tres décadas de trayectoria, “tenemos chicos que están a punto de terminar el secundario”, algo que se logró “gracias a que un país entendió que el problema de la infancia no es coyuntural sino estructural”.
Y explicó que cuando un joven, dentro de su contexto familiar, comenzó a ver que “se empezaba a vivir más normalmente, que la casa estaba mejor, que tenían luz, gas, pudo dedicarse al estudio, cosa que los primeros no pudieron hacer”.
Por último Fernández puntualizó que la matrícula es de 120 chicos, y aunque el número varía a diario indicó que acuden de manera permanente entre 70 y 80, cifra que se incrementa cuando se inician la colonia de verano.
El paso por la institución
Roberto Quinteros y Aureliano De León fueron de los primeros jóvenes que asistieron a la institución que tenía sede en San Lorenzo al 800 y aún hoy siguen presentes y mantienen contacto.
Con nueve años por aquel entonces, Roberto Quinteros recordó que “estaba en la calle, con hambre, tenía siete hermanos muy chiquitos y era muy difícil. Hasta que me encontró Walter (Fernández), que me invitó y de a poco comencé a asistir”.
Reconoció que su paso por la Granja “me dio mucho” y las herramientas para “pelear la vida todos los días”, y que hoy, con 33 años, “tengo una familia y soy su sustento. Y pretendo que mis hijos no pasen lo que yo pasé en mi infancia”.
Por su parte Aureliano De León, que también tuvo su primer acercamiento a los nueve años, recordó que “me encontró Walter en la Terminal, adonde iba a abrir puerta de los remises y la gente me daba plata”.
“Me trajo a la Casa del Niño, en San Lorenzo, hasta que empezamos a venir a este predio” contiguo a la Quinta Belén, circunstancia que los convirtió en “los primeros” en llegar y en colaborar con las tareas iniciales de mejoramiento. “Este lugar es maravilloso”, celebró.
Finalmente marcó su compromiso “de por vida” con la institución, que representa “mi segunda casa, mi segunda familia”.
Por último, uno de las personas que formó parte de los inicios de la asociación, en representación del club Gimnasia fue Angel Oscar Menna y ayer estuvo presente en el sentido acto. Al rememorar aquellos primeros años marcó la diferencia del proyecto, que se fue “aggiornando” a las demandas de los tiempos que corren “pero siempre con el mismo espíritu”.
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