Cerca de cinco mil personas le dieron color a la jornada de cierre de la Fiesta de La Pastora
Muchos estaban ya desde el viernes. Tantos otros llegaron el sábado, y ayer, a las 15, siguió entrando gente para presenciar parte de los espectáculos, en una jornada a puro campo, más cerca del centro que nunca, como destacaron los organizadores.
Desde temprano ya, y después de una larga noche de música, fogones y vino, comenzó la jineteada en un predio acondicionado especialmente para la ocasión, y que Gogorza y su gente, en poco tiempo, lograron armar en lo que era un potrero lleno de maleza.
Alrededor del predio, cientos de personas improvisaron sus plateas en lo que pudieran sentarse, con lugares perfectamente delimitados por familias o por grupos de amigos.
Todo el perímetro del alambrado en el que se realizaron las pruebas estuvo copado por decenas de personas, que, si bien poco efusivas para el aplauso, demostraron su admiración por las distintas actividades.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa comida
Al mediodía, el humo de los distintos fogones se transformó en una clara señal de que el tradicional llamador del estómago estaba en marcha. A 60 pesos la porción de asado, fueron decenas los costillares enteros que se vendieron en los distintos puestos. En solo uno de ellos, los kilos puestos a las brasas fueron 400, y 2000 los chorizos. Y poco quedaba a las 3 de la tarde, aunque se seguían colocando como para el gusto de los más remolones, en una jornada que se extendió hasta bien entrada la noche.
Las cantinas desbordaron por esas horas, mientras muchos otros, preparados para la larga estadía, apelaron al disco de arado, a la tarta y a la heladerita con bebida fría. No importó que llegaran desde Juárez, La Dulce, Olavarría, Rauch o Azucena. Todos se prepararon de la mejor forma para el disfrute gastronómico.
El vip campero
En un improvisado vip campero armado por los organizadores, Mayo Gogorza fue uno más, a veces con su familia, a veces recibiendo palmadas de aprobación.
Y, los recipientes con asado al asador pasaron decenas de veces por pasillos armados entre tablones que hicieron las veces de sillas, apoyados en bidones de fungicida cargados en arena. El pan casero y los chorizos tampoco faltaron, y, para ayudar a que cayeran, también se previeron jarras de vino y jugo. De postre, cajones de naranjas para quien quisiera.
Al igual que en el resto del predio, todos estuvieron vestidos con sus mejores prendas para la ocasión. Los cintos, los sombreros, los pañuelos, las botas y los facones de 50 centímetros de largo sorprendieron a los menos duchos en las artes camperas.
Todo eso formó también parte de la fiesta, junto con la feria de productos de diversa índole, los ponys para que los más chicos se sacaran una foto y los pastelitos para la hora del mate.
Sin embargo, los platos fuertes estuvieron dentro de la pista, con las competencias de destreza, las jineteadas y la rueda de grupa y de bastos, con los mejores de la región, apuntando al premio de 6 mil pesos al mejor en cada categoría.
Ya lo había anticipado Gogorza, y la gente le respondió: ?fueron dos días de fiesta. Y ya vamos por más?.*
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