Cerebros del arte: los curadores
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSonia Becce recuerda muy bien la primera exposición que tuvo a cargo como curadora: fue en 1999, cuando Guillermo Kuitca, con quien ella ya trabajaba desde hacía más de 10 años, llevó su obra al Centro de Arte Helio Oiticica, de Río de Janeiro. De ahí en más, Sonia caminó el sendero de la curaduría, siempre en el ámbito independiente, pensando qué artista podría ser interesante para determinado público y lugar.
Ella elige explicar su trabajo como curadora en pasos: primero hay que encontrar una alianza entre el artista y el espacio que lo pueda albergar, después darle consistencia y soporte teórico a esa elección y después, recién, llega la selección de las obras. "Hoy, ningún curador puede seleccionar las obras sólo pensando en lo que le gustaría mostrar. Hay que bajar los pies a la tierra y ver lo que se puede lograr. Todo es un balance, ya que lo recursos nunca son ilimitados", asegura.
Una exposición repentina en un espacio emergente puede ser resuelta en poco tiempo gracias a la experiencia, cuenta. Pero cada gran desafío curatorial, dice Sonia, le demanda alrededor de dos años de trabajo, ya que el germen de una exposición aparece mucho antes y después espera seguimiento, investigación. "The Liminal Space Trilogy" es la exposición del grupo ruso AES+F que Becce se propuso (y logró) montar en Buenos Aires: se podrá ver a partir del 24 de mayo en Faena Arts Center. Pero ella conoció a ese colectivo de artistas en 2007, en Venecia, y se planteó el desafío: "Hay una apertura mayor que hace unos años, hay más curiosidad por lo desconocido y un poco menos de prejuicio sobre lo nuevo", cuenta sobre esta futura exposición con artistas que poseen mayor reconocimiento en el exterior que aquí. "Proponer algo nuevo y trabajar sobre eso también ayuda a nutrir, enriquecer tanto a público como a coleccionistas, galerías", cuenta.
ArteBA
"De Antonio Berni podés contar el surrealismo, con su viaje a París en 1930, o también su relación con el muralismo mexicano. Curar es siempre una forma de editar, con criterio narrativo, una muestra de arte". Así explica el trabajo del curador Laura Batkis, historiadora del arte y hoy presidenta del Comité de Selección de Galerías de ArteBA, que se hará del 24 al 27 de mayo en La Rural. Su trabajo actual consiste en encontrar las mejores propuestas que le acercan los galeristas: que cada uno presente lo mejor que tiene, que se optimice la calidad, que en la feria se muestre lo mejor que haya para ofrecer. En esta parte de su actividad, su público objetivo es el mercado de arte. "Tenés que tener en cuenta que acá las obras se venden, se bajan, se ponen otras. La idea es mejorar la calidad de lo que se ofrece. Tiene un vértigo, una velocidad, que no la tenés en una exposición que dura dos meses en una sala", asegura. Al margen de este evento, Batkis también sigue relacionada con las exposiciones. "Yo, básicamente, soy curadora", se ríe para aclarar. También es docente y crítica de arte. Estudió Historia del Arte en la UBA y asegura que ésa debería ser la formación ideal del curador: "La formación es la base desde la que partís. A eso se suma la experiencia, claro –yo ya llevo 25 años en esto-; pero cada propuesta pone en marcha un conocimiento que está, existe en tu cabeza". "Siempre buscás una historia, algo que querés contar con los medios que tenés."
El corazón del museo
El arte argentino en particular y el arte de América latina, si se amplia un poco el espectro, son las dos debilidades de Marcelo Pacheco, el curador en jefe de Malba, un director artístico de la institución: bajo su órbita está la programación, el patrimonio, el calendario de exposiciones permanentes, la colección permanente del museo y la política de compras, donaciones y comodatos de obras. La muestra que ocupa el primer piso del edificio "es el corazón del museo", dice. Pacheco se incorporó al staff a pocos meses de abierto el lugar y se convirtió en el curador de esa selección de cuadros que donó Eduardo Costantini, a quien él ya había asesorado: "Mi trabajo fue en un principio ver qué faltaba en el paso de una colección privada a una pública. Epocas, artistas, movimientos que estaban ausentes en ese período de 1900 a 1970", cuenta. "Había que repensarla, reflexiona sobre ella para reformularla", dice.
El camino
Más tarde, la relación entre esos cuadros pasó a ser lo central: "Tratás de poner en diálogo y fricción esas obras, esos pintores. Qué pasaba en un mismo momento en dos países diferentes, cómo se discutían las vanguardias, cómo se acomodó un movimiento al lugar y la gente. Es divertido ver cómo juegan esas cosas dentro de una misma sala", explica.
Su camino como curador empezó en el Museo Nacional de Bellas Artes: "Ese lugar, sin dudas, marcó el cambio de dirección de mi carrera. Yo daba clases y pensaba seguir en lo académico, pero decidí pasar a la acción", cuenta de sus ochos años en esa institución. Después llegó la creación de la Fundación Espigas y en paralelo curaba cada dos años una exposición en el país y en el medio, una en el exterior: siempre de arte argentino. "Elegís el motivo de una exposición: un movimiento, un pintor, un tema. Construís un formato narrativo que ponés en escena en una sala mediante la museografía. Es una narrativa espacial. De tu guión depende la intención que tiene la muestra", sostiene. (7dias.com)
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