Cerró la etapa de prueba, entre más testimonios y sospechas de una persecución contra ?Picu? López
La audiencia no varió en la temática de las anteriores, que hacen a la búsqueda de la acusación de contar con precisiones e indicios que lleven a más pruebas incriminantes, mientras la defensa pugna por poner en crisis los elementos que pesan sobre su pupilo, sin dejar de exponer sobre la mesa, en la sala, testimonios que dejen de manifiesto el costado social, la estigmatización de la que fue víctima el acusado que lo llevó adonde hoy se encuentra.
Para mayor condimento a esta estrategia, algo de eso ocurrió ayer, quedando a voluntad del defensor realizar la denuncia pertinente.
En efecto, en medio del juicio “Picu” López explotó de ira cuando se mostró sorprendido y luego molesto por el daño producido en uno de sus zapatos. Su reacción fue cuando el Tribunal había dispuesto el cuarto intermedio. Una vez reanudado el debate, el abogado Castaño informó a los jueces sobre lo padecido por su pupilo, a lo que el presidente del Tribunal corroboró el estado del calzado y le sugirió al letrado realizar la pertinente denuncia, para que la fiscalía en turno investigue la posible comisión del delito de daño.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailA tal punto que mantuvo un pequeño forcejeo con el uniformado encargado de custodiarlo y trasladarlo, arriándolo desde las esposas, aunque rápidamente la escena se disipó por el propio Castaño, que pidió dejarlo sentado junto a él.
Una vez restablecido el debate con el ingreso de los jueces, el letrado dio cuenta de lo sucedido y el malestar generado en su defendido, originando un cambio de humor que lo alteraba y angustiaba en dosis similares, lo que podría generar en él, incluso, desistir de continuar en la sala.
El juez Galli pidió que López se acerque al estrado y mostrara el calzado. Corroboró el daño en el zapato y lo dejó asentado en actas, sugiriéndole al abogado que realice la denuncia pertinente.
Según informó luego el propio Castaño, frente al malhumor que imperó en el ánimo de su defendido y ante un posible hecho de violencia con los policías que tenían que trasladarlo una vez culminada la audiencia, el propio abogado se ofreció a ir en el mismo patrullero con “Picu” hasta el calabozo, donde luego compartirían el almuerzo y así tranquilizar a su cliente.
Según confió Castaño, no iba a realizar la denuncia finalmente, habida cuenta del diálogo mantenido con el titular de la Seccional en pos de que no se repitiera lo sucedido. Creyendo, claro está, que algún efectivo habría sido el que provocó la rotura en el calzado del reo.
Primeramente Facundo Campelle se sentó frente al Tribunal y respondió -a medias- la requisitoria del fiscal Damián Borean, que por momentos evidenció cierto fastidio ante la postura huidiza del testigo, quien claramente no quería perjudicar a quien compartió años de amistad.
A regañadientes reconocería que la moto con la que circulaba aquel día, y luego fue secuestrada, se la había prestado “Picu”, pero no quiso dar mayores precisiones (dijo no tenerlas) sobre la procedencia de la misma, aunque luego dijo recordar que la había sido adquirida tras la venta de un caballo.
El fiscal achacaría sobre contradicciones que el joven incurrió sobre lo que ahora decía no recordar y lo que expuso en la instrucción penal. Pero hábilmente el deponente insistiría en no recordar sus primeros dichos y el ministerio público tendría que morder la bronca de la resignación.
El propio juez Galli le indicaría a Borean que el testigo afirmaba insistentemente en no recordar, por lo que no debía repetirse en la requisitoria, habida cuenta serían ellos los encargados luego de meritar la veracidad de los dichos.
Cartelle reconocería la amistad con “Picu” y algunos contratiempos con la policía que, según él, cuando le hicieron declarar lo hizo bajo amenaza de que iba a quedar preso.
También el joven testigo respondería sobre otro hecho que se le imputa a López, acerca de las amenazas sufridas por el policía Guzmán. Casi bajo el mismo libreto, Cartelle dijo que estaba al momento del incidente y que Reyes Chilla (dueño de la casa donde alquilaba el policía) le efectuó varios disparos contra la humanidad de “Picu”. Igualmente la versión evidenció ciertas contradicciones, incluso con los dichos del propio López, lo que dejó muy vulnerable la hipótesis defensista.
También el padre Cartelle haría lo propio ante los jueces, sobre la moto prestada por “Picu”, como cuando se vieron sorprendidos al ver a la policía en su propiedad realizando el allanamiento.
Con la clara intención de echar por tierra aquel procedimiento, Castaño insistió sobre los testigos y quién había concedido que los efectivos ingresaran a la casa y secuestraran las motos.
Si bien padre e hijo dijeron que ellos eran los únicos dueños de la casa, ergo los únicos autorizados a conceder el procedimiento en su propiedad, dejaron en claro que la mujer de Facundo vivía allí y fue quien aceptó que realizaran el operativo.
Tras el testimonio de los periodistas citados por la defensa (ver aparte), se dio por culminada la etapa de prueba, siendo que Castaño finalmente desistió de los policías Walter Gil y David Tifner que, por razones diversas, nunca concurrieron a la convocatoria judicial. Solamente quedó la insistencia del fiscal por nuevamente requerir la ampliación de uno de los delitos ventilados, requiriendo que ahora se lo pueda acusar a López de “encubrimiento agravado por su habitualidad”, aunque su intención se topó con la misma suerte que la anterior pretensión. Galli y compañía lo rechazaron por extemporáneo. En todo caso, explicó el juez, se atendería la situación a la hora de calificar los hechos en un próximo veredicto.
Tanto Norberto Cuchán como Florencia Montaruli, por los portales Abchoy y Tandildiario, respectivamente, fueron consultados sobre la recepción de una foto de la imagen de “Picu” López que circuló por una cadena de mail días antes (hablarían de 20 días) de ser aprehendido.
Ambos reconocieron haber recibido la imagen que la utilizaron según se criterio periodístico al momento que entendieron oportuno.
Dichos testimonios factiblemente serían utilizados por Castaño a la hora del alegato, con aquello de la persecución como estigmatización de la que fue objeto su pupilo, incluso cuando era menor de edad.
De algo de lo mismo se escucharía luego con el periodista de este Diario, Marcos González, quien tuvo la oportunidad de realizar una nota al “personaje” una vez detenido.
González hablaría de sus sensaciones sobre la entrevista y su entrevistado, a quien según su percepción resultaba una víctima de un sistema, de un Estado ausente.
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