Chicos de la Comunidad Cenáculo brindaron su testimonio a adolescentes de distintas escuelas
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Con una agenda ajetreada, un grupo de seis integrantes de la Comunidad Cenáculo -institución creada hace 25 años por una monja de origen italiano- pisó suelo tandilense para dar testimonio en alrededor de 30 instituciones de la ciudad y contar cómo lograron salir de las drogas con un método distinto a los que se utilizan habitualmente.
Una de las charlas se desarrolló en la Universidad Barrial de Villa Aguirre, ayer por la mañana, donde se convocó a estudiantes de diversas escuelas del barrio y vecinos. Tras el testimonio de los tres integrantes de la comunidad –uno argentino, otro brasileño y el restante italiano- las preguntas resurgieron en el ambiente.
Las caras de cada uno de los adolescentes demostraban el interés de un sector generacional dispuesto a escuchar las historias de vida, inquietos, preguntaban cómo habían dado con las drogas, en qué momento, cómo es el tratamiento dentro de la comunidad, las actividades que desarrollan diariamente y cómo se sienten al haber comenzado a transitar un camino que los devolvería a la “vida”.
Una vez terminada la rueda de preguntas, un grupo de chicos se acercó a los chicos del Cenáculo para hacerles, tal vez, consultas más íntimas. Mientras tanto, las docentes que los acompañaron conversaban entre sí, satisfechas por la jornada que habían protagonizado junto a sus alumnos.
Pasados sólo algunos minutos de esa inquietante reunión, el italiano David Giraldo, responsable de la Comunidad Cenáculo en Argentina, expresó que “el objetivo de venir a Tandil fue el de transmitir el mensaje a los jóvenes y lo que marca a nuestra comunidad es la oración para encontrar el sentido de la vida”.
Giraldo pasó muchos años consumiendo drogas, comenzó a los 15 años por “muchos varios motivos: mi timidez, mi miedo, mis problemas de familia, muchas cosas me llevaron a las drogas”, entrando a ese mundo –expresó- “como un juego, probando”.
Ya con 18 años se encontró con “drogas más pesadas”, como la cocaína y la heroína. “Siempre consciente de que eran drogas más fuertes pero no teniendo fuerzas de alejarme de estas cosas”, dijo. Y así, fue alejándose de la vida hasta los 30 años, cuando se casó, y al poco tiempo sufrió una recaída muy fuerte.
“Todo fue acumulándose en mí, mucho odio y tristeza, acabando con mi vida. Hasta que un día encontré a una persona que quiso ayudarme y me habló de esta Comunidad Cenáculo, y allí empecé sin mucha voluntad. En esta comunidad se rezaba y eso era muy extraño para mí”, recordó.
No obstante, se animó a intentarlo. “Y ahora pasaron 13 años desde que empecé en la comunidad y quise seguir adelante para descubrir más mi personalidad y también para donarme a los chicos que ahora viven conmigo en la casa. Hago las mismas cosas que ellos”, aseguró, a la vez que recordó que “empecé creyendo, rezando y haciendo lo que hacían los demás, hasta encontrarme con Dios”.
Giraldo contó también que en la casa de Argentina conviven 50 chicos ex adictos a las drogas. “Después tenemos casas en todo el mundo, en América Latina y del Norte”, detalló.
Un mensaje
y un camino
“El mensaje es para todos, en el caso de los más jóvenes esperamos que no estén metidos en las drogas y para los que sí, les brindamos un mensaje de esperanza para salir”, expresó el responsable de la institución en el país, y remarcó que “sí se puede salir del mundo de las drogas, nosotros salimos sin medicamentos, sin psicólogos. Yo soy el psicólogo de los chicos”.
Por otro lado, consultado acerca del estado en el que llegan ellos al Cenáculo, reconoció que “les decimos que hay que acabar con la droga. La abstinencia es muy difícil pero cuando yo entré en la comunidad que estaba medio mal, me acercaron un chico más viejo que pasó lo mismo, y él me ayudaba a vivir diciéndome que con la abstinencia no te morís y que se puede pasar con trabajo y esfuerzo. Y estando cerca”.
La importancia
del rezo diario
Genaro contó que los 50 chicos que integran la casa en Buenos Aires rezan tres veces por día el rosario, todos los días. “Para la oración personal tenemos una capilla y cada uno escoge cuando quiere hacer esa oración ante Dios, por su pasado, dónde ha fallado. Y después oramos todos los días”.
Sin embargo, el responsable de la casa aquí en Argentina, reconoció que se viven momentos difíciles en el día a día. “Pero no queremos violencia, algunas peleas pasaron como pueden pasar afuera, eso es normal. Y lo arreglamos con la oración, el perdón y el empezar de nuevo”, remarcó.
En cuanto al porcentaje de reincidencia una vez terminado el tratamiento que dura tres años, explicó que “a los chicos que terminan el camino les decimos que una vez por mes vengan al coloquio. Pero pueden acercarse los fines de semana a jugar a la pelota, nuestro consejo es que no se alejen demasiado porque esto para nosotros es devolver la vida, y ahora tengo un empeño de no alejarme más de esto”.
El testimonio de
los otros chicos
Mario Giménez, tiene 32 años y es argentino, es ex adicto a las drogas y hace 8 meses que conoció la Comunidad Cenáculo. En el gimnasio de la Universidad Barrial, él se encontraba charlando con un grupo de jóvenes, sonriente, satisfecho con el mensaje que había transmitido minutos antes.
A los pocos segundos, ya en diálogo con El Eco de Tandil, expresó que “nosotros estamos transmitiendo un mensaje de esperanza y de vida, somos ex adictos y transmitimos que estamos en una comunidad que nos ayuda a recuperar nuestra vida, el mensaje de que se puede salir de la droga y de esta problemática que nos está consumiendo”.
Contó que empezó a los 11 años a consumir, en el barrio con sus amigos. “Me aislé, estuve 22 años drogándome, hace 8 meses que estoy en la comunidad. Entré por intermedio de un sacerdote y de a poco fui encontrándome conmigo mismo. La comunidad me ayudó mucho, con la base en la oración y el trabajo”, dijo, y reconoció que “después de haber vivido tantas cosas creo que esto me está dando un nuevo sentido a mi vida”.
Consultado acerca de este cambio, admitió también: “Estoy caminando todavía, no me considero aún una persona en la cual todos pueden confiar o todos pueden decir ‘qué buena persona’, simplemente me dio esto la oportunidad de vivir. Antes no lo hacía, estaba muerto, viviendo un infierno. La droga me arruinó, me hizo perder todo, entonces hoy la comunidad me está ayudando a vivir, a poder sentir el olor del aire, de tener un sentimiento, encontrarme conmigo mismo, poder extrañar y querer, poder sentir. Esa es la vida para mí hoy”.
A su turno, su joven compañero Ricardo, de Brasil, también se mostró conmovido por el cambio que está viviendo. El se encontraba en la casa que la comunidad tiene en su país pero, según detalló, “después de cierto período, te trasladan. Como se da una rutina en la casa, nos proponen cambiar un poco, también para poder aprender nosotros otra lengua y otras costumbres”.
Hoy por la tarde, cerrarán su agenda a las 19 en el Aula Magna de la Unicén. Sin lugar a dudas, estos testimonios, al igual que tantos otros de ex adictos que han logrado salir del mundo de las drogas, dejan el telón abierto a una profunda reflexión.*
La Comunidad Cenáculo
La Comunidad Cenáculo nació en julio de 1983 y fue fundada por sor Elvira Petrozzi. La casa madre de la Comunidad se encuentra en el noroeste de Italia. Desde ese año, nacieron numerosas fraternidades del Cenáculo: actualmente son 56 en Italia y en el resto del mundo.
Esta comunidad explica su origen “como respuesta de la ternura de Dios Padre, al grito de desesperación de muchos jóvenes cansados, desilusionados, desesperados, adictos a las drogas y personas en general, que buscaban la alegría y el sentido verdadero de la vida”.
Actualmente colaboran con la comunidad, voluntarios, consagrados y familias que viven y operan a tiempo completo y en total gratuidad al servicio de esta obra.*
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