China presiona, pero no le cierra la puerta a Cristina
La controversia comercial escaló precisamente en el momento en el que ambos gobiernos buscan acordar una nueva fecha para la postergada visita de la presidenta Cristina Kirchner a ese país, ahora prevista para agosto.
Si bien lo que está en juego es una cuestión técnica por el contenido de residuos de un solvente utilizado en la molienda de la soja -el hexano-, la decisión fue en respuesta a las barreras que puso Buenos Aires a productos chinos para proteger su industria en plena crisis internacional.
De hecho, algunos operadores y analistas manejan la información de que China sustituirá la importación de aceite de soja argentino que hasta ahora representaba el 77 por ciento del total de sus compras por otro de origen brasileño.
Una fuente oficial china, que pidió reserva de su identidad, lo expresó en estos términos al responder por escrito a una consulta de NA: “Fue un cambio de la política de licencia de importación de aceite de soja, que antes pertenecía a los gobiernos provinciales y ahora lo devuelven al Ministerio de Comercio”.
“Es una medida para reajustar el mercado interno de aceite de soja, no específicamente contra Argentina. Pero tal vez hay gente que tiene diferentes opiniones”, completó, sugerente, antes de que la agencia Xinhua confirmara que la decisión se debió a las medidas anti-dumping tomadas por el Gobierno de Cristina Kirchner.
Las barreras al ingreso de manufacturas asiáticas es un tema que preocupa mucho a las autoridades de la República Popular y ahora quedaron en evidencia después de varios meses de quejas solapadas o canalizadas por carriles diplomáticos.
El 25 de marzo pasado, el embajador en la Argentina, Zeng Gang, expresó en público esas inquietudes durante el seminario “La Relación China-Argentina: Desafíos y Oportunidades”, que organizó la Fundación CEPES -presidida por Chacho Alvarez- en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.
“En China hay cierta molestia por este tipo de medidas, adoptadas no solo por parte de la Argentina, y ahora están tomando posiciones más fuertes en el contexto internacional. Lo que antes se solucionaba con una llamada telefónica ahora se traduce en una presión empresarial. Me parece novedoso que haya salido a la luz pública este tipo de presión o amenaza”, evaluó Sergio Cesarín, investigador del Conicet y autor del libro “China se avecina”.
La medida entró en vigor este jueves, pero la diplomacia nacional espera revertir la medida con la llegada a China en los próximos días de una delegación del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).
Si la restricción se mantiene asestará un golpe fiscal muy duro al país. En 2010 se preveía embarcar a China 2,31 millones de toneladas de aceite de soja por 1.947 millones de dólares, con una recaudación por retenciones de 623 millones.
En contrapartida, la invasión de manufacturas asiáticas siempre es amenazante para la industria nacional y el Gobierno actúa en consecuencia a través del Ministerio de la Producción.
“Habría que ponderar costos y beneficios con un esfuerzo político y comercial que incluya a los privados”, sugirió Cesarín, quien remarcó que las decisiones argentinas están dentro de las reglas fijadas por la Organización Mundial del Comercio (OMC), pero en este caso afectan a un cliente clave.
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Otras razones
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Si bien la principal preocupación de Beijing son las medidas que restringen el ingreso a la Argentina de artículos electrónicos, calzado y textiles, hay una sucesión de gestos de la Casa Rosada que tampoco contribuyen.
Uno de ellos es que no fue reglamentado el reconocimiento al Dragón asiático como economía de mercado como prometió Néstor Kirchner en 2004 en ocasión de la visita del presidente Hu Jintao.
Pero es cierto que los chinos tampoco cumplieron con la avalancha de inversiones que iban a realizar en el país.
El Gobierno del Partido Comunista, además, notó cierto desinterés por parte de la Argentina en la relación política cuando desistió de montar un pabellón propio y solo alquiló uno en la Expo Shanghai 2010, a la que los chinos dan la misma relevancia que a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
Además, hubo retrasos en el pedido de la fecha que cada país tendrá para su reconocimiento en la mega muestra, por lo que el 25 de Mayo -jornada en la que se conmemorará el Bicentenario- será el día de Eritrea en Shanghai y el de la Argentina, el 10 de junio.
Otra de las señales negativas fue la postergación de la visita de Estado que Cristina Kirchner iba a realizar a fines de enero – programada con un año de anticipación- para evitar que Julio Cobos quedara con el timón del país durante diez días. Ahora, el presidente Hu vendrá a Sudamérica entre el 13 y 17 de abril pero no visitará la Argentina sino Brasil, Chile y Venezuela.
Tras la postergación de aquél viaje de Cristina, Beijing y Buenos Aires comenzaron a barajar distintas fechas para su concreción pero no pudieron ponerse de acuerdo por problemas de agenda. El 10 de junio era una posibilidad, confiaron las fuentes chinas consultadas por NA, pero también quedó descartado y ahora se trabaja para que pueda realizarse en agosto o el año próximo.
Sería ideal para que la diplomacia presidencial barra con los resquemores comerciales.
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