Cientos de personas disfrutaron de las paradisíacas cavas de Cerro Leones y piden que habiliten el predio
Un atractivo indescriptible con aguas cristalinas enmarcadas por la imponente cantera hace de ese lugar un verdadero paraíso, que se ha transformado en un tentador balneario clandestino.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSe trata de un paraíso prohibido, ya que es propiedad privada y no deja de ser un espacio que reviste cierta peligrosidad con sectores que poseen profundidades mayores a 25 metros, de acuerdo a lo indicado por viejos canteristas que trabajaron en el lugar.
Aún cuando en muchas oportunidades hubo ideas de explotarlo como destino turístico, eso nunca se llevó a cabo hasta el momento. Pero la multitud que se agolpa en estas cavas de gran profundidad para pasar un agradable momento en familia clama por una habilitación municipal de este espacio natural para que todos puedan disfrutar sin temores, con todas las medidas de seguridad que debería tener un predio de estas características.
Familias, parejas, grupos de amigos, se acercan por la mañana y disfrutan de un día en un lugar tranquilo, alejado de la ciudad donde aprovechan para hacer un asado o compartir unos mates mientras se bañan en las límpidas aguas que contienen esas ollas gigantes que se conformaron a raíz del trabajo que antaño llevaban a cabo los canteristas.
El lugar elegido
Es así como ayer, tal como ocurre todos los días de calor, cientos de personas se apostaron en la cantera para disfrutar de la soleada tarde. Antes de acceder al predio ya es posible percibir la gran cantidad de gente que hay en el interior por la importante cantidad de vehículos que se encuentran estacionados frente al popular boliche de chapa.
Muchos otros arriban en sus motocicletas con las cuales pueden llegar por un sendero verde hasta el espejo de agua. También están los que optan por el colectivo, que no pasa con la misma frecuencia que en la ciudad, pero no deja de ser una alternativa para llegar.
Con sus sombrillas, canastos con comida, el mate, las masitas, reposeras y lonas, el ambiente nada tiene que envidiarle a las playas de la costa. Mientras muchos niños juegan en los lugares de menor profundidad, los adolescentes y algunos adultos se atreven a lanzarse desde lo más alto del precipicio, para caer vertiginosamente en el espejo cristalino.
Son dos los inmensos piletones que atrapan al público de distintas edades y clases sociales.
La natación y la pesca no son las únicas opciones. También están aquellos que arriban con sus kayaks dispuestos a recorrer la atrapante inmensidad o los que optan por realizar prácticas de buceo aprovechando la profundidad de las aguas y la vida subacuática.
Un balneario de libre acceso
Miguel Paidón, uno de los visitantes, consideró que “deberían limpiar y poner una entrada más adecuada para la gente. Es un lugar bárbaro, tendrían que habilitarlo porque no hay ningún lugar parecido cerca. Estaría muy bueno que la Municipalidad hiciera algo y brindar un poco de seguridad también, algún bañero, porque viene gente de todas partes. Muchos prefieren venir acá porque en el Dique se llena de gente y acá es más tranquilo, te tomás tu cerveza, te comés un asado, te metés al agua y nadie te molesta. Le deberían dar más importancia a este lugar”.
Y resaltó la importancia de que lo hagan “público pero con más seguridad. Aparte este lugar está abandonado y es hermoso, hay que aprovecharlo. Son lagunas profundas y cada uno trata de cuidarse por sí mismo pero si hubiera guardavidas sería mejor y nadie tendría problemas”.
Por su lado, Walter sostuvo que “es un lugar muy lindo para venir con toda la familia, no hay peligro y si hubiera un guardavidas sería mucho mejor. Vinimos desde la otra punta, del barrio Palermo”.
José Luis Verdicchio manifestó que “viene muchísima gente, yo he venido varias veces con mi familia y se disfruta. Es un lugar muy diferente respecto a los otros espacios que hay en la ciudad, es tranquilo”.
“Es peligroso para el que busca la peligrosidad. Si vos no buscás eso, no va a existir, si nadás en un lugar que no es profundo, está todo bien. El que quiere matarse, como ha sucedido, es porque lo buscó”, concluyó.
Y agregó que “hay mucha gente buscando trabajo, así que podrían traer un guardavidas, parquización hace falta, arreglar los caminos. Sólo hay que traer un poco de material y listo, se arregla con nada, esto es una cantera vieja. Lo mismo va a ocurrir con las otras canteras que cerraron, se van a armar paseos turísticos”.
En tanto, Juliana Isaías resaltó la belleza de este espacio y sostuvo que “hay que cuidarlo”.
Es imposible negar que cientos de personas han escogido este lugar por las características privilegiadas que posee naturalmente y probablemente la solución no sea enviar a uniformados a desalojar el predio, porque tiempo después la gente va a regresar, como suele ocurrir todos los años.
Tal vez sea más interesante que los funcionarios sean capaces de percibir lo que los ciudadanos están pidiendo y no verlos como meros transgresores: aprovechar un espacio dotado de una belleza natural única para que pueda ser utilizado por la gente pero con las medidas de seguridad correspondientes y necesarias.
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