Cierre relámpago
La crisis de los partidos políticos volvió a quedar en evidencia esta semana, clave para la conformación de las listas legislativas que competirán en las elecciones más dañinas a lo institucional de los últimos tiempos.
Lo de las candidaturas testimoniales, más allá de los casos particulares, y las falsas opciones que instalan el fantasma del caos como contraposición al modelo K, son apenas dos botones para una muestra carente de interés republicano.
En Tandil, el cierre de las nóminas resultó el más tenso que se recuerde en el pasado reciente. En rigor, la oposición justicialista, en todas sus variantes, llevó su heterogeneidad congénita al extremo de lo inverosímil. Y en su afiebrado entramado, no hizo otra cosa que jugar para el oficialismo lunghista, que hace rato definió sus nombres.
A falta de mecanismos democráticos perfectibles pero saludables, como las internas, abortadas por la maniobra kirchnerista de adelantar las elecciones, primó la teoría del forcejeo. Esta vez, el dedo resultó demasiado débil ante tanto puño y codazo.
En el PJ oficial, como en el disidente, se prometieron piñas y no faltaron los aprietes. Por izquierda y por derecha, por arriba y por abajo. Algunos periodistas fueron testigos de las catarsis, y hasta confesores involuntarios de contriciones poco creíbles.
Hasta anoche, continuaba la incertidumbre en torno a la conformación de más de una boleta. Poco serio, por donde se lo mire.
Mientras tanto, Carlos Fernández se salió con la suya. La Justicia Electoral no convalidó el fraude en el Partido de la Costa y puso al tandilense de cara a una senaduría provincial. La decisión resultó un soplo de aire fresco en medio de un ambiente viciado por impurezas de toda índole.
Con todo, arranca el tramo clásico de la campaña. Por lo observado hasta aquí, habrá más nervios y pases de facturas que propuestas.
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