Cincuenta mil elitistas escucharon a la orquesta de Barenboim
Fue el sábado pasado, en un día espectacular en la Plaza de la República de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Allí, 50 mil elitistas, 8 mil sentados y los demás acomodados donde pudieron y cuidándose del sol, algunos con graciosos sombreros de papel de diario, escucharon durante más de una hora a la orquesta integrada por jóvenes de distintas nacionalidades, especialmente palestinos y judíos dirigidos por el gran Daniel Barenboim en su concierto por la paz.
E insisto con lo de 50 mil elitistas como podría escribir que fueron 4 mil intelectuales los que pasaron por la reciente Feria del Libro Tandil, partiendo de una falacia para llegar a la verdad, ya que en ninguno de los dos casos se trató de elite, ese grupo social minoritario que pareciera tener un status superior al resto. Cosa antigua, del pasado, nada que ver con el aquí y ahora de las sociedades de la post modernidad. Ni melómanos en el Obelisco, ni intelectuales en la Feria, se trató simplemente de personas que ante propuestas culturales acude masivamente para disfrutar de espectáculos de un buen nivel.
Evidentemente las miradas y apreciaciones sobre distintas manifestaciones del arte han cambiado, porque en estos tiempos conviven en los escenarios el rock, el folclore, el tango y los grandes clásicos lo que demuestra que los espectáculos que antes se creían para determinado público, ahora son de todos. Le pertenecen al pueblo, a las masas.
Julio Bocca sacó el ballet a la calle e Iñaqui Urlezaga tuvo un público masivo en el anfiteatro Martín Fierro, acá en la ciudad. Esto quiere decir, nada más y menos, que la gente está ávida de consumir cultura, consumir todas las expresiones artísticas, por lo que quienes tienen en las manos la responsabilidad de armar las programaciones, las agendas culturales deberían ser lo suficiente abiertos de mente para no cerrarse en que lo ya conocido es lo que gusta y punto.
El sábado pasado frente al Obelisco convivieron Piazzolla, Troilo y Beehetoven y todos fueron aplaudidos con la misma pasión.
Días atrás, por los pasillos de la Cámara Empresaria, pasaron en tres días de feria, 4 mil visitantes, asistiendo a conferencias, charlas, presentaciones de libros, entre otras propuestas y ahora llega el Festival de Cortos que seguramente repetirá el éxito de ediciones anteriores, para más tarde dar paso al Festival de Cine Nacional que regresa, después de un año de receso, con gloria.
Ni elitistas, ni intelectuales, ni cinéfilos, la mayoría de los que se acercan a estas actividades artísticas son personas que quienes participar de las propuestas culturales, para meter la nariz y ver de qué se trata, para escuchar un aporte diferente, para conocer algo distinto o simplemente para disfrutar de un cálido alimento para el alma.
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