Claroscuro de un fin de semana turístico
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Que Tandil se ha transformado en un destino elegido por muchos turistas resulta ya poco novedoso y, consecuentemente, pareciera que debiera dejar de ser noticia. Empero, lo ocurrido en este último receso por el Día del Trabajador resultó a todas luces un hecho sin precedentes que sorprendió y mucho, a no ser por aquellos prestadores que ya palpitaban desde las consultas y reservas sobre lo que iba a suceder.
Seguramente la nueva modalidad del feriado puente fagocitó que muchos más argentinos se vuelquen a destinos como Tandil para disfrutar del ocio, especialmente a partir de la estratégica ubicación geográfica que la ubica como un lugar pintoresco y cercano para el porteño, tal rezaba el otrora eslogan (Tan lindo, tan cerca).
Igualmente aún hoy los prestadores y autoridades debaten en el seno del Instituto Mixto sobre las bondades de estos fines de semana largos y los atractivos que la ciudad ofrece para que el turista no se aburra y repita la experiencia, como así también traslade sus vivencias positivas en el boca a boca.
A favor de ese repetido análisis, puede decirse que casi sin darnos cuenta (a partir de la inversión privada y la sintonía estatal) la ciudad se apresta mejor a recibir la visita y el agasajo es cada vez más tentador. En ese tren, debe destacarse el rubro gastronómico, que parece haber encontrado la ecuación para poder abrir sus puertas y trabajar, en una inmensa mayoría a pleno.
Frente a la oferta y la demanda, cada vez más se animan a ocupar el rubro y, hasta aquí, parece que todo anda sobre rieles. Ni que hablar del sector hotelero que, hasta ayer, se veía relegado por el alojamiento en cabañas. Desde la propia Dirección de Turismo se reconoció la grata realidad: los hoteles también colmaron su capacidad, a sabiendas que en los últimos años se ha incrementado el número de camas.
Bajo ese andén, entonces, queda una cuenta pendiente a resolver: el comercio más allá del gastronómico. Luce cual contraste indeleble presenciar paseos, espacios de esparcimiento y restaurantes a full, en detrimento de las cuadras céntricas, donde la inmensa mayoría de los locales permanecieron cerrados. Incluso la cuadra donde se realizó una importante inversión llamada Centro Comercial a Cielo Abierto, donde ni la pseudo peatonal ayuda a cambiar la imagen.
Resultó visible ver a muchos visitantes transitando la flamante arteria despoblada de oferta comercial dispuesta a recibirlos. Sólo mirar vidrieras y ocupar alguna de las sillas de los café sí abiertos fue el denominador común.
Está claro que el comerciante no ha encontrado razones -económicas- para tener abiertas sus puertas. Las cargas impositivas y el costo de tener empleados los feriados no hace más que invitar a cerrar. Entonces aquí radica la intervención del Estado y la articulación con el privado, evaluando todas las razones y elaborando estrategias que permitan a ese comerciante invertir ya no sólo en embellecer su cuadra, sino también a mantener sus puertas abiertas. Ahí, sólo allí, se podrá verdaderamente hablar ya no solo de una ciudad repleta de turistas, sino de un destino turístico.*
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