Claudio Ersinger sostuvo que Tandil está lista para reciclar y enterrar menos basura
El concejal macrista coordinó la visita en el marco del tratamiento del expediente que fue tratado el jueves pasado el Concejo Deliberante, donde por unanimidad se convalidó la carta de intención firmada entre el Intendente y el presidente de la Usina para estudiar la factibilidad de que Usicom gestione el relleno sanitario y avance en la incorporación de una planta de tratamiento de los residuos sólidos urbanos. Además, se aprobó la prórroga por nueve meses para que Clear continúe con la actividad.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn ese marco, representantes del sector privado de la Usina le solicitaron a Ersinger que gestionara una reunión para conocer el sistema de funcionamiento de una de las plantas instaladas por el Gobierno porteño, que depende de la Dirección de Reciclado, organismo del Ministerio de Espacio y Ambiente Urbano de la Ciudad de Buenos Aires.
Durante la visita, descubrió que hay varios tandilenses, como Mariano Rusconi y Facundo Tapia, trabajando en la Dirección de Reciclado de la Ciudad de Buenos Aires y que entienden de esta temática.
La ecuación económica
En relación al interés que puede tener el sector privado de la Usina en este emprendimiento, Ersinger sostuvo que “cualquier empresa se va a involucrar si tiene un rendimiento económico. Todavía están en la etapa de estudio y están viendo si les conviene o no involucrarse. Si en esto deberán tener un fin altruista y van a tener que poner plata, yo no sé si van a hacerse cargo de este tema”.
En este sentido, explicó que hoy la gestión del relleno sanitario percibe 141,46 pesos por tonelada enterrada. Ahora, evaluó que a la Usina le deben cerrar los números para encarar el proyecto.
El edil marcó que “Clear se está retirando de todo el país de la gestión de los residuos sólidos urbanos porque es un tema complicado, es muy finito” el rédito económico y destacó que “acá trabaja muy bien la empresa, está haciendo un trabajo bastante a conciencia con toda la tecnología que hay para poder hacerlo con estos costos, que es la prevención del lixiviado que filtra a las napas y demás, generación de humo, olor”.
Nueve meses de plazo
Ahora, la Usina tendrá tres meses para entregar un informe con el estudio de factibilidad de la gestión de los residuos, pero no está obligada a hacerse cargo del servicio.
En tanto, Clear estará otros nueve meses en el relleno sanitario y luego deberá hacerse cargo un privado -que podría ser Usicom- o el Municipio.
Ante este panorama, Ersinger sostuvo que al FR “nos gustaría que se empiece a hacer un trabajo lo más consciente posible que sea perdurable en el tiempo, que sea sostenible”.
Y evaluó que “que una empresa no se quiere involucrar porque no le genera un dividendo, una ganancia, es razonable. El Estado, de cualquier nivel, no puede ver las cosas en esos términos, tiene que invertir en resolver el problema de los residuos y hacerlo con el menor daño ambiental posible. Si ése es el compromiso de la gestión municipal, lo vamos a acompañar y estamos de acuerdo”.
Aclaró que su espíritu es intentar que se entierre la menor cantidad de basura posible, es decir, que se pueda reciclar y mitigar el impacto ambiental aunque demande más costos para los contribuyentes.
Antes y después de la bolsa
Tras la visita a Buenos Aires, el edil explicó que la lección que le dejó la experiencia es que “todos producimos basura y hay gente antes de la bolsa y gente después de la bolsa. El tema es que la gente antes de la bolsa, si se crea conciencia en el tema del reciclado y se le enseña a los vecinos qué es basura y qué no lo es, esa gente separa gratuitamente”.
De lo contrario, después de que los vecinos sacaron la bolsa, hay que poner personal a trabajar pero hay que pagarle un salario.
Ersinger evaluó que la gente de la ciudad “está preparada y quiere” separar los residuos. “En Tandil la gente es muy consciente de muchas cosas por encima del promedio de la provincia”, dijo, aunque marcó que la comuna le tiene que ofrecer una propuesta que cierre.
“Un circuito cerrado significa comprometer a la industria que recicla, que también se lleve el vidrio, papel, cartón, pet, aluminio, y tener al final de la cadena todo armado como para que se vaya juntando todo en un lugar y cada tanto se lo lleven”, describió.
Si Tandil lograra separar la basura en los domicilios, el Municipio debería incorporar la máquina con la cinta que permite separar los secos reciclables. Ersinger indicó que esa herramienta cuesta entre 12 y 15 millones de pesos, pero procesa unas 3 mil toneladas por hora. Sería suficiente para esta localidad.
El concejal explicó que la comuna debería recolectar por las casas los residuos secos, ya que actualmente quienes deciden separar llevan envases pet para el Hospital de Niños y el Taller Protegido o papel al Ciane.
“Confío mucho en la gente de Tandil, que rápidamente va a incorporar esto y todo lo que no genere olor en una casa, no va a tener problema de tenerlo detrás de la puerta del lavadero y tiene mucho volumen. Además, tiene mucho de gratificante reconocerse con el tiempo que uno contribuye con el ambiente”, indicó.
El ejemplo porteño
Claudio Ersinger dio detalles de la planta que visitó en Buenos Aires e indicó que “lo que más me sorprendió es que atacaron dos problemas que había en la ciudad. Por un lado, el tema de los 9 mil cartoneros que tenían esa actividad como medio de sustento para mantener a su familia, pero en condiciones realmente paupérrimas porque venían del conurbano, con los carros en los trenes, cirujeaban en las bolsas de adentro de los contenedores y provocaban mucha mugre. A su vez, eran víctimas del intermediario, que se quedaba con la mejor parte del negocio”.
El legislador consignó que se buscó una solución para el tema de la basura que se manda al Ciamce porque Buenos Aires produce 6 mil toneladas diarias y tiene un acuerdo con la Provincia de ir achicando ese volumen.
“Ese compromiso se viene incumpliendo en el plazo, entonces tuvieron que empezar a apartar todo lo que no era basura para achicar el volumen. Así comenzaron a organizar a los cartoneros en doce cooperativas de recuperadores urbanos”, explicó, y hoy les pagan un sueldo, tienen obra social, vestimenta adecuada, transporte para ir a su trabajo, entre otros beneficios.
Los recuperadores se encargan de llenar bolsas con el material reciclable para luego trasladarlas a los ocho puntos verdes, donde están las máquinas que separan el material seco y reciclable, como cartón, plástico, aluminio, pets, vidrio.
En estas enormes cintas transportadoras trabajan personas que separan el material reciclable en forma manual, que luego es enviado a la compactadora desde de donde sale enfardado. Posteriormente, las industrias van a retirar esos bultos que se utilizan como materia prima.
“Solamente para lo que es reciclado, el Gobierno de la ciudad destina 500 millones de pesos por año. Tiene un presupuesto muy importante, pero hay que verlo en términos de que el ambiente no es un negocio con el que se pueda ganar; el Gobierno tiene el compromiso de preservarlo, entonces tiene que invertir, y además resuelve un problema de inclusión social”, consideró el edil.
Por otro lado, destacó que los recuperadores trabajan con horario, lo que evita el cirujeo durante todo el día, y se logró un fuerte compromiso de los comercios e industrias, que son los grandes generadores de residuos y deben pagar para que les retiren la basura.
La educación
El concejal macrista también resaltó que otra de las iniciativas que se llevó adelante en Buenos Aires fue que el Ministerio de Educación sondeó qué rango de los chicos que asisten a la escuela es el destinatario ideal para crear conciencia.
Tras esa investigación, se concluyó que son los quintos grados, así que toda la campaña de difusión está dirigida a los alumnos que tienen 10 y 11 años, que además son los encargados de transmitir lo aprendido a las generaciones más grandes, ya sean padres, hermanos mayores o abuelos.
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