Clemente Lococo, paisajista
El paisaje era su tema predilecto. Lo afrontaba con una fresca soltura y lo transponía a la tela transfigurando con levedad sus formas y sus colores de acuerdo a la expresividad y unidad pictórica de la obra. Quien mira los paisajes de Lococo -hemos dicho y lo repetimos- advierte sin dificultades que la preocupación del espacio, de la vastedad y las transparencias del lugar, constituyó una de las preocupaciones capitales.
Lococo fue fundamentalmente un sentidor del color y de la materia pictórica. Por esta materialidad a veces se espiritualizaba en delicadeza de aspiraciones casi musicales y otras veces se acentuaba en riquezas y abundancias desbordantes de ese mismo empaste.
La sensibilidad estaba en la facultad de expresar su espíritu, haciendo que este sentimiento proporcionara a sus óleos ese sabor denso e intenso, a veces delicado, sutil, suave y armónico que tanto place al buen catador de pintura.
También, en Lococo se observa, por un lado, una elaboración minuciosa del color rico en matizaciones, y por otro, importantes texturas y superficies definidas por sus calidades táctiles, logrando un refinamiento excesivo en sus telas como también un clima intimista, ligero y de buen gusto, que sugieren simplicidad y confidencia.
La obra ?Ciudad, cielo y puerto?, de este destacado artista, forma parte de la colección patrimonial del Museo Municipal de Bellas Artes.*
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