Club de cata
El vino y los sentidos
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Catar un vino es el arte de interpretarlo. Es descubrir, conocer y describir lo que a través de nuestros sentidos percibimos.
Como todo arte requiere de una técnica y un vocabulario específico que todos podemos aprender, sólo es cuestión de incorporar algunos conocimientos y un poco de práctica.
En este “entrenamiento” debemos poner a disposición todos nuestros sentidos para poder captar la mayor cantidad de cualidades organolépticas (aroma y sabor) que ese vino nos ofrece.
Constantemente estamos percibiendo diferentes estímulos del mundo que nos rodea, miramos y observamos un paisaje, un lago, las sierras; oímos una melodía, olemos la resina de los árboles al caminar, el perfume de una flor; saboreamos un exquisito plato… La diferencia es que todo esto lo hacemos de manera espontánea e inconsciente. La cata nos propone ejercitar nuestros sentidos para que podamos mantenerlos despiertos y atentos a los estímulos recibidos. Que seamos conscientes de lo que estamos percibiendo y podamos expresarlo y valorarlo.
Las etapas de una cata son: el aspecto visual, el aspecto olfativo y el aspecto gustativo.
En el análisis visual observamos el color, su intensidad y la limpidez. Esta primera información nos brinda la salud y edad del vino. El color se observa sobre un fondo blanco con la copa inclinada a 45 grados, luego se pueden observar las lágrimas o piernas haciendo girar el líquido por las paredes de la copa, aspecto que nos refleja la densidad o fluidez de ese vino.
En el análisis olfativo podemos distinguir una primera nariz (con la copa quieta) diferente a una segunda nariz tras airear el vino para que en contacto con el oxígeno se exprese mejor y podamos percibir mayores cualidades del mismo. Allí podemos detectar los aromas primarios propios de cada variedad (frutal, vegetal, floral); los aromas secundarios propios de la fermentación y el proceso de elaboración; y los aromas terciarios correspondientes al añejamiento (café, cuero, vainilla, chocolate, son algunos ejemplos).
En la última etapa, el análisis gustativo, además de describir los sabores que identificamos, se encuentran también sensaciones táctiles que podemos expresar en forma de textura, temperatura y peso del vino. En boca buscaremos percibir el equilibro de los componentes del vino (alcohol, acidez y taninos). También es importante en esta fase estar atentos al retro gusto que son los “aromas de boca” que identificamos al beber el vino.
Otros aspectos a tener en cuenta son el horario, el lugar y el estado de salud del catador. Un buen horario es a las 11 o a las 18, alejado de las comidas principales, para que el paladar no esté invadido o fatigado con otros sabores. Evitar el café o el cigarrillo antes de la cata. No utilizar perfume ni estar cerca de una cocina donde los olores podrían distorsionar nuestras percepciones.
El lugar debe ser luminoso, la luz del día es ideal, sino la luz blanca estaría bien. Procuremos tener un fondo blanco donde poder apreciar mejor el color, una copa de cristal fino, de boca angosta y con pie largo para poder tomarla de allí y evitar modificar la temperatura de la bebida.
No olvidar beber agua entre cada muestra y si deseamos comer se pueden consumir galletitas de agua, lo más neutras posible, para que no interfieran en nuestro gusto y poder percibir bien las características del vino.
El arte de catar un vino nos brinda la posibilidad de disfrutar aún más de esta noble bebida, de poder apreciar el vino en todos sus componentes y de saber valorar lo que tenemos en nuestra copa.
¡Los invitamos a compartir y disfrutar juntos este apasionante mundo!
¡Hasta el próximo domingo!
(*) Sommelier Fundadora de 37 19 Sur, Club de Cata y Degustación.www.3719sur.com.ar
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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