Comenzó el juicio por el crimen en el Cerrito con la premisa puesta en si el acusado actuó en legítima defensa
Pasadas las 9, el Tribunal Criminal 1 integrado por los jueces Pablo Galli, Gustavo Echevarría y Guillermo Arecha, abrió el debate dando lugar a los lineamientos de la acusación como la defensa.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl fiscal Marcelo Fernández, a su turno, se limitó a señalar sobre el suceso trágico y calificarlo como homicidio agravado por el uso de arma de fuego. El defensor Carlos Kolbl, en tanto, adelantaría su hipótesis de trabajo: una legítima defensa, consecuentemente abogaría por la absolución de su pupilo.
La primera testigo citada fue la madre del imputado, Ruth Chilla, quien luego de prestar declaración se quedó presenciando el debate junto al público presente, entre los que se encontraban otros familiares del acusado y estudiantes de derecho que comúnmente concurren a las audiencias.
A preguntas del defensor, la mujer reseñó sobre las lesiones padecidas por Reyes antes del suceso violento, cuando tenía 16 años y sufrió un grave accidente que lo había dejado paralítico. Gracias a varias operaciones de la columna pudo volver a caminar. Tuvo también traumatismo de cráneo y aplastamiento intestinal “por lo que tenía mucho miedo a las agresiones”, supo inferir la madre que añadió que el grado de discapacidad motora de su hijo es del 86 por ciento.
También hizo referencia a la incomodidad que siempre vivieron en su casa en el barrio Las Tunitas, donde sufrieron cierto hostigamiento vecinal e incluso padeció varios robos. Allí se le haría recordar alguno de los incidentes del que su hijo también debió enfrentar, del caso ya ventilado en juicio de “Picu” López, quien fue finalmente condenado por amenazas y daños en dicha propiedad de Reyes, quien oportunamente prestó declaración por el hecho.
Las preguntas del defensor no resultaron caprichosas. Todo serviría para lo que luego alegará como legítima defensa, siendo que Reyes era un hombre con ciertos trastornos físicos que, al entender de la hipótesis, se defendió de las agresiones de Souto, conocido en el ambiente del hampa y con antecedentes penales varios.
Así, Kolbl luego haría desandar su interrogatorio para el desfile de policías que intervinieron una vez consumado el hecho y prestaron declaración frente al Tribunal.
Desfile de policías
En efecto, pasaron por la sala de debate los uniformados que tomaron las primeras intervenciones en el hecho, una vez alertados por vecinos de los disparos escuchados en la zona, como así también luego el hallazgo del hombre -Souto- tirado en la acerca, herido de bala.
Fiel al estilo policíaco, ninguno brindó mayores precisiones sobre lo visto y escuchado, más bien se limitaron a referir sobre su rol una vez aparecidos en la escena.
Sí dejaron constancia, a favor de la tesis defensista, que una vez hallado el cuerpo tendido y aún con vida de la víctima, apareció su pareja Betiana Escalante junto a su hija en brazos, sobre quien coincidieron los efectivos que si bien parecía consternada por el hecho no se mostró sorprendida, a la vez que informó que el agresor había sido un tal Orlando.
La citada percepción de los policías alimentó la hipótesis de que en verdad la mujer pudo haber tenido que ver con el incidente o al menos haber sido testigo directo del hecho, asemejándose a la versión del acusado, quien dijo haber mantenido una cita con la mujer y, en acuerdo con su esposo Souto, luego éste lo asaltó y, ante la agresión, se defendió a los tiros.
Seguramente en el segundo capítulo del juicio -mañana- comparezca la mujer, pieza clave a la hora de desentrañar lo que verdaderamente ocurrió esa tarde.
También los efectivos aportaron en cuanto a la descripción de la escena del crimen. El cuerpo encontrado a unos 40 metros del monumento al Libertador, muy cerca la billetera con dinero y documentación del acusado. A una distancia importante, ya en el cerro y tras un rastrillaje, se halló la cuchilla que habría utilizado el luego asesinado para perpetrar el atraco.
Las descripciones también permitieron trazar que una vez consumado el asalto en pleno Cerrito y tras recibir los disparos, Souto intentó trasladarse hasta su casa (a unos escasos metros del paseo) pero cayó tendido al piso en el camino, dejando manchas de sangre a su paso.
Todos los policías dijeron tener conocimiento de que la víctima era conocida en su ambiente, al estar siempre involucrado o sospechado de distintos ilícitos cometidos en la ciudad. Lo mismo asintieron para con el apellido Escalante, acerca del hermano de la mujer.
Por otro lado, declararon otros efectivos que intervinieron en el secuestro de la moto como el arma homicida y en la detención de Reyes, sobre lo cual la madre del imputado dijo que a las horas de haberse entregado lo visitó en el calabozo y dijo dónde había dejado los elementos requeridos por la pesquisa.
Finalmente declaró el perito balístico que analizó el arma utilizada en el homicidio, una pistola 9 milímetros, similar a las utilizadas por la policía.
Las preguntas realizadas al especialista, tanto del fiscal como del defensor, redundaron en las características de la pistola a la hora de la repetición y velocidad en que pueden efectuarse los disparos, como así también a la capacidad o no que debe tener quien la empuña para ejecutar sistemáticamente varios disparos en cuestión de segundos.
Aquí tampoco los interrogantes eran casuales: el acertijo que buscan develar las partes versa sobre si Reyes pudo haber actuado bajo una emoción violenta y gatilló una y otra vez para defenderse o tuvo capacidad como para discernir y disparar en varias oportunidades con la clara intención de matar.
Así las cosas, nada quedaba para el primer capítulo programado, pasando a un cuarto intermedio para mañana, tiempo en el que se reanudará el desfile de testigos para la ocasión.
El caso
Silvio Eugenio Souto fue baleado por Reyes, quien tras el hecho se retiró del lugar a bordo de una moto y finalmente se entregó poco después en el local comercial de la estación de servicios Don Rodolfo.
Souto, de 26 años, vivía en José Hernández 345, y cayó en la acera, a metros de la vivienda ubicada en Serrano 1433.
La situación se habría desarrollado en un sector del Cerrito ubicado en Santos Vega y Serrano, y junto al cesto contenedor de residuos apareció una billetera conteniendo dinero y documentación argentina y boliviana a nombre de Orlando Reyes Chilla, de 24 años, quien fue sindicado como el autor de los disparos.
Entre tal documentación había cédulas de tenencia de armas y municiones, además de un par de balas calibre nueve milímetros.
En el lugar en el que habría ocurrido el ataque fue hallada una cuchilla de unos 20 centímetros de hoja.
Souto fue baleado en el abdomen y alcanzó a llegar con vida al Hospital Municipal Ramón Santamarina, donde poco después dejó de existir.
Reyes se retiró en una moto tipo enduro, pero poco después fue detenido -sin ofrecer resistencia- cuando realizaba llamadas telefónicas en el locutorio de la estación de servicios Don Rodolfo.
Cabe reseñar sobre el caso que un mes después del hecho, Ruth Chilla Escobar -la madre del acusado- se presentó en una marcha en reclamo de seguridad y pegó carteles en defensa de su hijo.
Dijo a El Eco de Tandil que Orlando Reyes disparó contra Souto “para defenderse. Se comprobó que lo robaron, lo amenazaron y le pegaron. También lo apuñaló, ya que si bien no pudo lastimarlo físicamente, tenía toda la ropa dañada”.
La mujer añadió que “a pesar que mi hijo le había entregado el dinero y la billetera, el otro estaba empecinado en quitarle la moto y una mochila en la que llevaba los papeles de su medicación”.
Acotó que el fallecido “quería seguir lastimándolo y lo golpeó. En ese momento mi hijo se defendió. Le dio la voz de alto, pero el otro se le tiró encima”.
Ruth Chilla añadió que Orlando Reyes llegó al lugar del hecho luego de que “una chica que conoció el día anterior lo llevara engañado, para seguir conversando. Le dijo a mi hijo que no tenía ni novio, ni hijos, ni nada… Después se comprobó que Souto era su concubino y que tenía una hija. Mi hijo no estaba en conocimiento de eso”.
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