Comienza el juicio por la filtración de documentos secretos en el Vaticano
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Comienza hoy el juicio que puede llegar a sacudir al Vaticano cuando se siente en el baquillo de los acusados un ex mayordomo del Papa que confesó haber robado y difundido documentos secretos de la Santa Sede.
Además de los textos reservados, durante el proceso contra Paolo Gabriele, detenido hace cuatro meses, se expondrán también algunos “regalos” recibidos por Joseph Ratzinger, como un cheque a nombre de Benedicto XVI por un valor de 100.000 euros, una pepita de oro y una edición ilustrada de la Eneida de Annibal Caro de 1581.
Junto con Gabriele, un ferviente católico de 46 años, padre de tres hijos y ciudadano residente del Vaticano, se juzgará a Claudio Sciarpelletti (48), un analista programador que habría colaborado con el ex mayordomo y que fue puesto en libertad provisional por considerarse que su implicación era "menos grave" que la de Gabriele.
El principal acusado, quien ahora se encuentra en prisión domiciliaria, enfrenta la posibilidad de ser condenado hasta con seis años de prisión, según la agencia Europa Press.
A la causa, conocida como “Vatileaks”, se podrían agregar nuevos cómplices, de acuerdo a la marcha de la investigación y del propio juicio. Según la prensa italiana, unas veintena de personas estarían siendo investigadas.
El mayordomo del Papa admitió haber cometido el delito con el fin de "mejorar la situación eclesial que se vive en el interior del Vaticano y nunca para dañar a la Iglesia y a su Pastor", según el dictamen del procesamiento.
El escándalo de las filtraciones de documentos reservados de la Santa Sede se desató a principios de año, cuando una televisora italiana sacó a la luz unas cartas enviadas a Benedicto XVI por el nuncio en EEUU, Carlo María Vigan, en las que denunciaba la "corrupción, prevaricación y mala gestión" en la administración vaticana.
Gabriele, quien hasta su detención era el servidor más cercano de Ratzinger, explicó a los jueces del pequeño Estado que había actuado por orden "del Espíritu Santo" con el fin de revelar el "mal y la corrupción" que había en el Vaticano y bajo el convencimiento de que el Papa no estaba al tanto de esos problemas.
El pasado 30 de agosto, el abogado Carlo Fusco renunció a continuar defendiendo a Gabriele alegando "divergencias sobre la estrategia defensiva de cara al juicio".
Un “pool” de ocho periodistas serán autorizados a cubrir el juicio, pero no podrán grabar, fotografiar o filmar. En el secreto sistema del Estado Pontificio nunca fue posible seguir en directo un proceso judicial.
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