Cómo quedaron las sierras donde las canteras explotaron hasta que una Ley les dijo basta
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El destino de aquella caminata era la cantera Carba, pero al arribar la columna hasta allí un grupo de trabajadores mineros impidió que siga la marcha. Hubo momentos de cierta tensión, la misma que luego se replicaría una y otra vez que el asunto sin resolver se ponía en el tapete, especialmente con la actual gestión radical, que decidió poner coto a la actividad minera dentro de la poligonal, cosa que logró con la decisión política del gobernador Daniel Scioli.
Hoy, mejor dicho por estos días, se aguarda que funcionarios de la cartera de Minería estén por la ciudad y puntualmente ingresen y recorran los predios canteriles que ya no pueden más trabajar con las explosiones, sí en el acopio de molienda. Se buscará develar si aquella imagen capturada por este Diario tiene que ver con una nueva voladura prohibida y fue otra cosa.
En aquella recorrida de hace más de una década, el cronista como los que integraban la caminata hablaban del daño ambiental, de los dantescos huecos cual caries que mostraban las sierras, el ícono por naturaleza de estos pagos. Pero la imaginación no llegaba a dimensionar de cuál era el pasivo real del que se hablaba y se habla.
Por los aires
El Eco de Tandil pudo concretar un viaje a las alturas de la ciudad y así sí dimensionar de qué se habla cuando se habla de daño ambiental. Se trata de una actividad lícita -por si hace falta aclararlo- pero lo que queda guardado en la retina de aquellos que lograron ver lo que se hizo hasta ayer en las sierras enclavadas en el corazón de la ciudad no será borrado con ninguna excusa de desarrollo y productividad.
Tal vez con los años se logre también dimensionar la magnitud de la decisión política asumida. Por lo que se ve desde arriba es como que si se hubiera parado un cáncer decidido a terminar con la vida de las sierras. Un hito de consecuencias inimaginables por éstos días, pero que podrá comprarse incluso con lo que fue la creación de la Usina o el nacimiento de la mismísima Universidad.
Se trata de parar con la desaparición del patrimonio natural que identifica a los tandilenses y elogian los visitantes.
Ahora sí, desde cientos de metros arriba se logra comprender por qué era necesario encontrar una salida. Tendrá que ver con esa impresión la decisión que tomó el propio Gobernador, quien justamente desde el aire vio lo que estaba pasando y resolvió como resolvió, con una ley seguramente controvertida y con blancos importantes a la hora de criticar e incluso apelar judicialmente, pero era hora de decir basta. La enfermedad había crecido mucho y atentaba con hacer desaparecer el distingo de los tandilenses, sus sierras.
Las imágenes capturadas por el reportero de este Diario incluso permiten corroborar en qué estado han quedado las cuatro canteras comprendidas en el Paisaje Protegido y la cantidad de acopio que aún tienen las firmas para seguir trabajando por varios meses.
También es cierto que desde lo alto no sólo se observa la depredación canteril, sino también la proliferación del desarrollo inmobiliario que deja boquiabierto a cualquier vecino de a pie. El escandaloso crecimiento que ha gozado la ciudad está teniendo sus consecuencias negativas. Será cuestión de tomar nuevas y mayores decisiones para no sólo impedir que se rompan más las sierras, sino también se puedan ver y disfrutar todos, no solo unos pocos privilegiados.
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