Comprometidos con el mismo destino
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Han transcurrido doce años de la desaparición física de Hugo Gómez y Carlos Celeste Zulberti. Ocurrió en 2000, apenas comenzando el año, causando asombro y estupor en el ambiente deportivo, sobre todo en el básquet, donde ambos desde el club Independiente realizaron una trayectoria que a través de los años tendieron un puente que se fortaleció día a día, donde estaban comprometidos con el mismo destino, el haber decidido dar parte de su tiempo a esto que tanto los apasionaba: el deporte de los cestos.
Zulberti se inició en las divisiones inferiores, su paso fue fugaz pero ello no fue motivo para seguir prendido en el básquet; viviendo en La Plata en su etapa de estudiante fue delegado de la Asociación de Tandil para luego en nuestra ciudad colaborar con todo lo relacionado al ambiente del básquet.
Llegaron sus hijos y fue otro de los motivos para brindarse aún más, recorriendo distintos lugares del país para verlos jugar, sobre todo a Jorge que fue protagonista a nivel nacional e integrante de equipos como Ferro Carril Oeste, Gimnasia y Esgrima La Plata e Independiente de General Pico. Fue campeón de Liga Nacional y participó en diversos seleccionados, entre ellos el de Buenos Aires en 1983, clasificándose campeón argentino de Juveniles.
Zulberti padre fue presidente de la Asociación de Tandil, integrante del Consejo Directivo de la Federación de la Provincia de Buenos Aires y por último presidente de la entidad provincial. Organizó el torneo Zonal de clubes campeones en el gimnasio de Ramón Santamarina, para equipos de primera división de la zona IV.
Gómez fue uno más del centenar de niños que irrumpió en la entidad rojinegra en 1957, realizó sin contratiempos el ascenso en las divisiones inferiores hasta llegar a la primera división. Fue un correcto deportista y la prueba de ello es que compartió la titularidad y el banco como hecho normal.
Hugo fue uno de esos jóvenes que siendo jugador supo, al momento de colgar las zapatillas para convertirse en dirigente, darle al básquet toda esa pasión en la defensa por las divisiones inferiores. Eran momentos difíciles para hacer jugar a los chicos en la zona o en la provincia, su combi fue vehículo que no tenía pereza para los traslados. Llevaba a Independiente en el alma, pero ello no fue impedimento para colaborar con todo el deporte de Tandil. En 1995 se llevó a cabo en esta ciudad el torneo Provincial de básquet, todo con gran esfuerzo, y ahí estuvo Hugo donando los equipos para que nuestra selección luciera en los gimnasios de Unión y Progreso e Independiente.
Fue el protagonista, junto a Vacarezza, Barreyra, Cano y otros, de hacer debutar al rojinegro en la Liga Provincial de clubes, reforzados con jugadores de Mar del Plata. Esa primera experiencia no fue de resultados positivos, pero su entrega estaba por encima de cuestiones formales.
Jugar al básquet, celebrar campeonatos, ser dirigente; la vida de ambos se nutre de momentos como estos, pero también regala imágenes menos conocidas, especiales, de esos instantes que quedaron grabados para siempre en los amantes al deporte de los cestos de nuestra ciudad. Apostaron a su amor propio, sin bajar los brazos, dando ambos su espiritualidad amateur, pero en muchas oportunidades aportaron con lo material. Uno con una personalidad avasallante, el otro silenciosamente, pero los dos comprometidos con el mismo destino.
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