CON EL MAESTRO TITIRITERO EDUARDO DI MAURO, 80 AÑOS Si uno tiene sensibilidad social, con mucho más interés se dedica a estas actividades
Eduardo Di Mauro es cordobés pero reside en Venezuela desde 1976.
Se exilió tras el comienzo de la dictadura argentina y desarrolló allá el maravilloso mundo del teatro de títeres.
A los 80 años sigue con un entusiasmo contagioso.
Actuó con su grupo venezolano en el reciente Festival de Títeres de Tandil.
En el año 1952 abandonó la Universidad y se convirtió en ?titiritero con dedicación exclusiva?.
El lema que ellos emplean es: ?La cultura, para el artista, es un servicio. Para el gobierno es una obligación. Y para el pueblo es un derecho?.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPromediando la década del cuarenta, Córdoba dormía en calma pero se iba despertando poco a poco el fuerte desarrollo industrial. Es que había finalizado la segunda gran confrontación mundial y el país tenía que abastecerse a sí mismo de los productos derivados de la industria liviana y mediana, en particular electrodomésticos.
Héctor Di Mauro, apodado ?El Gordo?, comprendió que para todo eso se iban a necesitar ingenieros y comenzó a estudiar esa carrera.
Su hermano Eduardo pensó en ?la Docta?, como le dicen a su ciudad, y empezó a estudiar Medicina.
Pero al igual que los legendarios El Gordo y El Flaco, a los hermanos Di Mauro los atrapó el arte. En su caso, los títeres. Abandonaron los claustros y optaron por ser doctores de la vida. Del mundo. De la alegría. ¡Casi nada!
DE VENEZUELA A TANDIL, TODO UN PRIVILEGIO
De los dos, ahora queda solamente Eduardo, con sus ochenta espléndidos otoños.
Tandil tuvo el privilegio de recibirlo en estos días en que se desarrolló el Festival de Títeres, el sexto en vacaciones de invierno, realizado en el Centro Cultural Universitario gracias a los esfuerzos de los artistas y a su vez organizadores del grupo local ?Títeres Del Bonete?.
Eduardo Di Mauro llegó desde Venezuela, país en el que se quedó a vivir en 1976, tras el exilio forzoso al que debió someterse tras la sangrienta dictadura que imperó en este país a partir de ese año y hasta fines de 1983.
?Cuando estaba en la primaria me enamoré de los títeres, por la belleza que tienen en todos los aspectos y en todos los sentidos?, define Eduardo.
?Además -añade- qué lindo poder hacer algo que llega directamente a los niños?.
LA INFLUENCIA DE LA REFORMA UNIVERSITARIA
DE CORDOBA, PIONERA EN EL MUNDO
Di Mauro encuentra, además, algunas explicaciones adicionales para definir esa pasión por el arte y la cultura que tanto él como su hermano fueron desarrollando por esos tiempos en aquella antigua ciudad fundada por los españoles cinco centurias atrás.
?No se olvide -señala- que todavía no habían pasado siquiera treinta años de la Reforma Universitaria, esa gran revolución académica y social que fue pionera en el mundo, que se expandió por América Latina y Europa y que nació ahí en Córdoba en 1918. Fueron vientos de innovación, vientos de acción y de cultura que nos hicieron muy bien?.
-¿Y además ustedes tuvieron una sólida formación en la antigua escuela secundaria?
-Totalmente. Fuimos alumnos de la Escuela Normal Superior, que tenía un gran nivel. Ahí todos se mostraban preocupados por hacer cosas útiles dirigidas a la sociedad.
-Y existía un mayor optimismo por el futuro de la cultura y por ende del hombre mismo.
-Se desarrollaba un movimiento en general muy interesante, que pretendía en ese tiempo realizar una especie de revolución cultural en Alemania, con la propuesta de conseguir un hombre que fuera solidario. La influencia de la Reforma del 18 seguía transportando vientos de cultura que nos vinieron muy bien. En ese tiempo los pedagogos decían que si no existía una cultura paralela a la escuela, la educación no servía para nada, porque se burocratiza.
TITIRITEROS TITULARES EXCLUSIVOS?
-¿En qué año decidieron con su hermano transformarse en titiriteros con ?dedicación exclusiva?, como se diría en la Universidad??
-En 1952 salimos de la Universidad con el afán de ser titiriteros de tiempo completo. En ese momento había grandes pedagogos como Olga Cosettini en Rosario, y otros brillantes maestros en la UBA. Fue puliéndose el sentido del maestro, del educador, del trabajador cultural.
-¿Cómo debiera tomarse el concepto de cultura por parte del Estado?
-La cultura es un servicio público, pero de primer nivel. Así debiera ser concebido siempre. La cultura es ideología y la ideología es cambio, para acercarse a lo que puede ser una sociedad más o menos pareja en lo económico, que todos podamos vivir con dignidad. Nosotros veíamos que había una elite conformada por unas cincuenta familias, que manejaba la vida del país. La cultura es un servicio público, como los demás, o como profesiones como la medicina o abogacía. O sea que nuestro problema, por supuesto, era cómo haríamos para vivir del teatro.
SIN PLATA PERO CON FE?
-Pero aun con esa preocupación, que no es menor, le metieron para adelante?
-Sí, claro. Los imperios empezaron a regir los destinos de la humanidad. Los obreros vivían apenas para comer. El teatro de títeres desarrolla la imaginación, que es la base de la inteligencia. Si uno tiene sensibilidad social, con mucho más interés se dedica a estas actividades. Así que decidimos dedicarnos de lleno a parir una profesión. Como teníamos mucha fuerza, los maestros, los directores de escuelas, empezaron a hacer ver títeres a los niños.
-¿Les quedaba un pesito?
-Cobrábamos poco, pero todavía éramos solteros. Cuando nos casamos cambió un poco la cosa. Pero ya teníamos una buena cantidad de escuelas que nos solicitaban.
-Ustedes en Córdoba hasta tuvieron la influencia de un grande como García Lorca. ¿Cómo fue eso?
-Sí. El teatro de títeres El Guante nace en Argentina por influencia suya. Escribió en Alta Gracia, El retablillo de Don Cristóbal.
-Luego muchos poetas querían ser titiriteros.
-Pero muchos dejaron porque no eran actores. Nosotros tomamos esta bandera y nos dedicamos a escribir algunos textos. El teatro es conflicto, pero el títere puede ir un poco más allá y hacer cosas que el actor no puede hacer, a través de los distintos personajes.
DE CORDOBA A RUMANIA
-¿Cómo prosiguieron ustedes?
-Hicimos en Córdoba la Escuela Experimental del Títere, con apoyo del gobierno de la provincia. Fue un intento de un año, con un grupo de gente que estudió a fondo el tema. Creamos una forma de hacer títeres, un sistema. Sentamos las bases, a fuerza de mucho estudio durante ese período.
-¿Anduvieron por el exterior para formarse?
-En 1960 fuimos a un festival en Rumania. Ahí vimos una cantidad de cosas enorme, había dos mil personas de todo el mundo. Entendimos claramente que la cultura es un servicio. Si no es eso, no es nada. La cultura para una elite conforma una degeneración del sentido humano. Esto nos vino como un shock, y empezamos a viajar por toda la Argentina, hasta el golpe de 1976.
TIEMPOS DE EXILIO FORZOSO
-¿Por qué Venezuela para este exilio?
-Yo tenía un grupo de compañeros y nos embarcamos. El barco quedó varado en Venezuela y nos fascinó, por el paisaje, el clima. Nos enteramos que jamás hacía frío.
-¿Con qué panorama se encontraron?
-Con gente muy pobre en educación pero con una solidaridad impresionante. Ahí empecé a hacer un teatro grande, que en este momento tiene un centro de documentación importantísimo. Y constituimos un elenco de 14 ó 15 titiriteros, por influencia de aquel festival de Rumania. Habíamos descubierto, por ejemplo, que en el Teatro Central de Hungría el niño tenía acceso permanentemente a la cultura. Veía títeres por lo menos una vez por mes.
-Mamaron esa realidad y quedaron impactados.
-Era un momento del socialismo en que la cultura se privilegiaba. Todo eso nos hizo proyectar hacia adónde podíamos intentar lo mismo en América Latina.
-¿En qué ciudad de Venezuela se instaló?
-En Guanare, capital del estado Portuguesa, de cerca de 150 mil habitantes. Le dije al gobernador que si él pagaba un sueldo a los músicos de la Orquesta Sinfónica, cómo no me iba a dar a mí unos pesos para tres o cuatro titiriteros para que los niños puedan disfrutar. Fue la primera vez que se subsidiaron títeres en Venezuela. Y ahí me quedé.
UNA SEDE PROPIA CON HOTEL INCLUIDO
-Y hasta consiguieron una sede.
-Tenemos teatro, un pequeño hotel con 20 habitaciones para los titiriteros de paso. Hacemos importantes festivales. Sé que la realidad en Argentina es difícil porque los titiriteros no tienen subsidios. En este momento hay alrededor de 1300 titiriteros en América Latina. Estamos diseñando los prototipos del hombre latinoamericano, ese hombre que tiene miedo pero que afronta el problema y lo resuelve. Porque el teatro de títeres puede mostrar hasta qué punto el ser humano es un títere, con todas las barbaridades como las guerras, los asesinatos. Como cuando surgió en Europa el teatro de títeres, muchos siglos atrás, para burlarse de esas barbaridades del propio hombre.
-¿Actualmente cuántos integrantes son?
-Alrededor de 15, divididos en cuatro grupos, con lo cual hacemos muchas funciones por año. Tenemos el plan rural, el estatal, para ciudades pequeñas, más las funciones en la sede. El plan nacional, a través del que recorremos toda Venezuela, y el internacional, que nos permite participar de estos encuentros.
A LA ARGENTINA, DE VISITA
-O sea que desde Venezuela, han recorrido bastante la Argentina.
-Unas cien ciudades, con producción de 800 espectáculos desde la recuperación de la democracia. Tenemos una agenda de alrededor de 1200 titiriteros desde México hasta la Patagonia. Estamos diseñando una profesión que en algunos países es muy eficiente gracias a que hay subsidios y sueldos para trabajar.
-¿Le duele pensar que en su país no se estimula a esta actividad desde la esfera pública?
-Claro, hay una mala distribución de los recursos para la cultura. El Teatro Argentino de La Plata recibe 150 millones de pesos. Y después no queda dinero para asistir al interior de la provincia en materia cultural. En esto tiene que plantearse la lucha. En materia de títeres, al menos ahora hay un Teatro Nacional de Títeres, aunque atiende sólo en Buenos Aires? Pero es un indicio favorable porque antes estaban solamente Villafañe, Mané Bernardo y algunos más.
-Es como que a los gobiernos les falta comprender todavía que la cultura es la base del desarrollo del ser humano.
-Lógico. La educación y la cultura deben ser gratuitas para que se consuman masivamente, sobre todo porque en estos tiempos tenemos enemigos que compiten con el arte.
-¿Lo dice por la televisión basura?
-La televisión, las maquinitas, la robotización. En cambio la cultura, el teatro, los títeres, la música, despiertan la imaginación. Nosotros tenemos una gran consigna que dice: ?La cultura, para el artista, es un servicio. Para el gobierno es una obligación. Y para el pueblo es un derecho?.
?HAY QUE APOYAR EL FESTIVAL DE TANDIL?
-¿Cómo ve este Festival de Títeres de Tandil?
-Muy bueno, muy valioso. Quiero felicitar a los organizadores. Es muy auspicioso que esta ciudad pueda tener este encuentro con teatro de títeres durante las dos semanas de vacaciones de invierno. Pero observo que los muchachos no cuentan con subsidios. Es gente joven que hace mucho esfuerzo. Cuando pase un tiempo se van a cansar porque no tendrán alternativas para vivir con dignidad. Es lo que ocurre cuando el Estado se ausenta.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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