Con enorme sufrimiento, Independiente lo ganó en suplementario
Los rojinegros necesitaron de cinco minutos extra para aferrarse a su victoria consecutiva número 23 como locales. La visita presentó batalla hasta el final merced a su producción en el tercer cuarto, en el que anotaron 27 puntos (uno más que en toda la primera mitad), una friolera para lo que acostumbra a permitir su rival en sus presentaciones en Tandil.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAl cabo de la primera mitad, Independiente manejó diferencias fluctuantes entre los diez y doce tantos, sobre la base del poderío de su defensa colectiva. Permitió apenas 10 puntos del “Ciclón” en el primer cuarto y otros 16 en el segundo.
Sevegnani se encargó de maniatar a Scales y Arca, pese a la desventaja en kilos, forzó a Chaine a jugar incómodo. Ello, sumado al despliegue de Picarelli para limitar al cerebral Olmedo (por momentos defendido por Portillo), les resolvió a los tandilenses buena parte de su tarea en un costado de la cancha.
Los márgenes no fueron más holgados, porque al rojinegro le costó ser fino en ataque. Falló varios intentos desde la medialuna hasta encontrar su primer triple (de Portillo) e incurrió en pérdidas, lo que lo condenó a pasarse los primeros 3’15” del partido sin anotar.
Pero una racha favorable les permitió a los de Castiñeira irse al primer descanso con una considerable ventaja (17-10), tendencia fabricada a través de un parcial de 11-2. En esa ráfaga, Independiente encontró por primera vez cierta fluidez ofensiva, sacando algún ataque rápido y hallando cierta endeblez en la pintura “cuerva”, usufructuada por Arca para efectuar dos volcadas, acciones que convencieron a D’Ambrossio que Chaine, desbordado en velocidad, ya no debía defenderlo.
Al cabo del segundo capítulo, los tandilenses incrementaron el margen de su ventaja, conduciéndola a un máximo de 15 (32-17). Parecía darse un quiebre, en un lapso del juego en el que el rojinegro suele darles el golpe de gracia a los visitantes. Para lograr ese distanciamiento, hubo un interesante aporte de Manzanares (7 puntos), bien secundado por Portillo y Arca. Además, Sevegnani se afianzó en el rebote defensivo evitando segundas opciones de lanzamiento para el rival.
No obstante, sobre el epílogo de la primera mitad, San Lorenzo logró achicar y mantener intactas sus ilusiones con vistas al complemento (34-26).
Y los azulgranas potenciarían sus expectativas con su faena del tercer parcial, en el que se llevaron por delante al dueño de casa sustentados en la injerencia de dos de sus perimetrales, entre lo que aportaron 23 de los 27 tantos del equipo en el penúltimo período. Olmedo se adueñó del partido, decididamente. Desplegó una conducción rayana a la excelencia, jugó, hizo jugar y se despachó en ese cuarto con 14 de sus 17 puntos de la noche. Un triple de Cassettai, ladero del experimentado base en ese tramo, puso al frente a la visita (38-41) después de mucho tiempo. El parcial de 15-4 fue lapidario y en un abrir y cerrar de ojos el local veía colapsar una defensa que habitualmente da garantías. (más información en edición en papel)
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