Con gran dolor, familiares y el Grupo Halcón despidieron los restos del capitán tandilense
Familiares, jefes policiales y sus compañeros del grupo especial despidieron sus restos en la casa de sepelios Alessi y Manna. Cerca de las 11, partió un extenso cortejo fúnebre, en el que se destacaron los móviles de las distintas divisiones que dependen del Ministerio de Seguridad y Justicia de la Provincia de Buenos Aires. En las esquinas, efectivos locales organizaban el tránsito y saludaban al capitán ultimado en un tiroteo.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl coche que trasladó los restos mortales de Flores se detuvo en la calle posterior del Cementerio Municipal, frente a los nichos. Durante los últimos minutos de la mañana soleada, allí se formó el Grupo Halcón con sus abanderados, además de representantes y jefes de otras divisiones.
El féretro estaba envuelto en la Bandera Argentina, sobre la cual yacía la gorra del uniforme del capitán caído. La guardia de honor lo condujo hasta el centro de la ceremonia, donde se leyó la resolución del ministro Ricardo Casal con la que lo ascendió a grado de mayor.
Sentido
recuerdo
Ante una multitud, el jefe del Grupo Halcón, capitán mayor Jorge Luis León, no pudo disimular su conmoción al leer las breves palabras de despedida. Recordó que compartieron “frío y calor, risas y tristezas” durante los años que estuvieron juntos en el grupo especial de la policía bonaerense.
Destacó que con el capitán Flores “crecimos juntos” y, con lágrimas en los ojos, le agradeció el haber “sido parte de nuestra historia”.
Luego, el capellán de la policía Pablo González encabezó las oraciones y bendijo el féretro. El rezo terminó con un Padre Nuestro.
Y llegó el turno de sus compañeros, quienes entonaron con fuerza un canto militar que contaba la historia de la creación del grupo especial para “combatir el mal”. Por último, sonó fuerte “Omar Alfredo Flores, presente”.
Fue el comisario mayor León el encargado de entregarle a la madre de Omar Alfredo Flores la gorra y la Bandera Argentina, y enseguida se escuchó la “Marcha fúnebre”, con la que la guardia de honor trasladó los restos mortales hasta la Sección Décima de la necrópolis, donde lo esperaban las coronas de flores de sus compañeros.
Detrás caminaban su esposa y su hija de 9 años, su madre y el resto de los familiares y amigos que el capitán Flores tenía en Tandil.
Los instantes más angustiantes se vivieron durante la inhumación, cuando su esposa no encontraba consuelo ante tan irreparable pérdida y los presentes demostraban su empatía con gestos de dolor y un silencio ensordecedor.
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