Con la fusta bajo el brazo
A juzgar por lo acontecido en la ciudad en las últimas horas, el Gobierno comunal se mueve relativamente tranquilo entre los ocres otoñales.
Mientras en el orden nacional se recalienta la puja entre el oficialismo y la oposición, sea mediática, como prefiere definir el ex presidente Kirchner, o política, en Tandil el devenir cotidiano del lunghismo no encuentra objeciones de peso en los espacios que deberían ejercer el contralor indispensable en cualquier democracia.
Por ello, mientras en la Capital Federal el Congreso de la Nación persiste en sus ya cansadores tironeos por el cada vez más esquivo quórum, las denuncias por corrupción vuelven a ocupar un lugar destacado en la agenda y el periodismo de periodistas parece ocupar un lugar exagerado en el debate, en Tandil Lunghi y sus laderos trabajan en una calma chicha.
En cierta medida, esto le da margen a la gestión para nuevos anuncios de obra pública, cortes de cintas y actos de bajo costo y alto impacto. En pocas palabras, el menú ideal para que al pediatra que trabaja de Intendente se le haga agua la boca.
Apenas un par de asuntos le exigen mayor esfuerzo, aunque su decisión política y la carencia de alternativas le allanan el camino.
El cara a cara con los adjudicatarios del barrio Smata le vino de perillas a Lunghi para ratificar su postura, congraciarse con los auténticos propietarios de las casas tomadas e instar a los ocupas a deponer su actitud. Hasta aquí, al jefe comunal le salió regalada la corrección política, máxime si se tiene en cuenta que la Justicia le servirá de paraguas ante cualquier eventualidad levantisca.
Otro tema que no ha sido debidamente ponderado por la oposición, que otrora martilló con algo de energía, lo constituye la situación del Hipódromo local. Los últimos accidentes volvieron a poner en la palestra una serie de denuncias, que fueron enérgicamente desmentidas por Daniel Blanco, titular de la empresa Vistas Serranas, concesionaria del predio.
Pero está claro que hay algunas cuestiones oscuras, números que no cierran y el silencio oficial como dudosa estrategia.
El Gobierno, que luego de gestiones y años de abandono recuperó el mítico circo de carreras, ha optado por guardar bajo siete llaves los resultados de las inspecciones que Blanco dice soportar periódicamente. También ha decidido no explicitar de qué se trata aquello de ?canjear? el plan de obras exigido en el contrato de concesión, entre otras cuestiones.
En la semana se sumó otro dato llamativo: Cómo es posible, si el director médico del Hospital reconoce que cada internado en terapia intensiva le cuesta 10 mil pesos diarios al Estado comunal, que a Blanco le hayan facturado apenas poco más de 20 mil pesos por los cuidados de un jockey que pasó varios días en esa sala.
Con todo, son varias las dudas que debería aclarar el Ejecutivo, el mismo que suele confundir la ausencia de controles políticos con un cheque en blanco que cubre su verdadera responsabilidad de cara a la sociedad que lo votó mayoritariamente. De esa confusión, suele nacer la impunidad del poder.
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