Con la salud no se juega
El siguiente es el relato de una historia que transcurre aquí, en Tandil. Y no hace falta abundar en mayores detalles. Sólo debo hacerla conocer, para que cada uno saque sus propias conclusiones.
Aunque, tal vez, sí podría agregar algunas cosas, como que la persona que narra lo que van a leer a continuación es una mujer de temple pero de carne y hueso. Es una mujer que no sólo ha luchado contra el cáncer y ha logrado tenerlo a raya sino que la vida también la ha enfrentado con otras batallas, ante las que tampoco se achicó y ahí va, con una fortaleza inédita que en soledad, transforma a veces en poesía, a veces en llanto o en preguntas sin respuestas pero casi siempre, en una enorme y amable sonrisa a pesar de todo.
Y antes de dejarlos seguir, creo necesario agregar una sola cosa más. Podría decirse que éste es un caso en el que el relato y la historia pertenecen a la misma persona, pero que los autores son otros.
Son aquellos que como en tantos otros casos testigos (y éste lo es); transforman a hombres y mujeres en números de expedientes sin rostro ni corazón, que van de acá para allá en una pila o al compás de los antojos de la burocracia y decisiones comerciales que de las cosas de la vida parecen no saber nada.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl relato:
?Siempre estuve tranquila respecto a la protección que me brindaba la Obra Social del Seguro (Osseg); en realidad poco la utilizábamos con mi familia, pero tenía referencias de que a través del tiempo se había mantenido firme y con buenas prestaciones. Por eso cuando enfermé de cáncer no pensé que también debía preocuparme y ocuparme del acceso a la salud, me sentía respaldada. Y fue así ya que el coseguro que pagaba por las prestaciones médicas era prudentemente accesible. Me operé en Tandil donde también me hice quimioterapia, pero para el acelerador lineal debía viajar ya que en ese momento la ciudad no contaba con la aparatología necesaria. Estuve varios meses en Buenos Aires a donde fui derivada ?podía elegir entre Mar del Plata y Capital- y muy bien atendida en el Hospital Naval. Si bien es cierto que esperaba que Osseg contemplara algunos gastos que demandan el estar fuera de la ciudad me informaron que solamente pagaban los pasajes y una suma ínfima para el hotel, porque ?comer tiene que comer acá o allá?, me dijeron.
Eso era todo. Decidí quedarme en Buenos Aires hasta terminar el tratamiento (creo que vine una sola vez) y ya concluido continué con los controles en Tandil, eso implica la visita al mastólogo, oncólogo, psicólogo, estudios por imágenes, ecografías, análisis, etc. Las cosas marchaban bien, acudía a mis citas puntualmente porque el cáncer es un enemigo silencioso que hay que mantener a raya.
Pero en junio de este año llevé a Osseg el pedido de medicamentos (que por ley se me debe entregar gratuitamente) y me dijeron que a partir del 16 (de junio) la obra social no había renovado el contrato que tenía con el Círculo Médico, firmando uno nuevo con la Agremiación Médica, por lo tanto la planilla para la medicación debía hacerla otro oncólogo. Mi sorpresa fue enorme porque ?no enaltezco ni desmerezco a nadie- sentí que a mí me habían salvado la vida los médicos que me trataban.
Quiero ser muy explícita con este tema porque no es lo mismo operarse de apéndice o tener un resfrío que enfermarse de cáncer. Cuando te lo dicen se te viene el mundo encima y la idea de muerte es algo que te vuelve loco si es que no logra uno encontrar un punto de equilibrio para ayudar a que la terapia y quienes la aplican sea efectiva.
Sentí que mis médicos me habían salvado la vida y que si cambiaba debía contarle la historia a otros desconocidos, ni mejores ni peores médicos. Pero desconocidos y es imposible confiar en lo que no se conoce.
En la obra social, los empleados me atendieron muy bien pero fueron firmes, debía cambiarme a la Agremiación o hacerme atender en el Hospital Municipal. Pensé que esta última opción no era válida porque el Hospital fue creado para quienes no tienen una prepaga, obra social o los medios para contar con el acceso a la salud.
Aconsejada por una abogada especialista en derechos de los pacientes envié una carta documento a Osseg en Capital Federal. Me contestaron que ?obviaré los términos- me atendiera en el Hospital si quería seguir con los médicos que me habían tratado, que no me dejaban sin cobertura y que no insistiera…
Obviamente no podía quedarme de brazos cruzados ante semejante situación de arbitrariedad, en el interín tuve bronquitis y debí recurrir al Hospital para no sentar un precedente, pues si me atendía con un médico de la Agremiación estaba aceptando tácitamente las nuevas reglas del juego.
Esta situación no sólo ha hecho que postergara mi control ?debía realizarlo a fines de junio- con las consecuencias físicas y psicológicas que ello puede traerme, sino que me produce una sensación de absoluta desprotección y en manos de quienes por capricho, arbitrariedad o negocios juegan con la salud de la gente.
Ninguna prepaga u obra social me toma, debido a mi antecedente oncológico, por lo tanto estoy atrapada en una maraña de intereses creados y desconocidos. He interpuesto un recurso de amparo para que se reconsidere mi situación de acuerdo a lo que las leyes reglamentan, pero es sabido que todo lo legal es lento y no estoy en condiciones de seguir esperando, pues mi salud está en juego.
No quiero ser una más de las cientos de personas que ?estando en condiciones mucho peor que la mía-, por cansancio y por creer que no tienen derechos o desconocerlos terminaron aceptando las reglas de un juego al que fueron obligados a participar?.
(N. de la R.): La autora del relato (no de la historia), ha preferido por el momento el anonimato.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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