Con los intensos fríos las relaciones se congelaron
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“Ya no me contesta los llamados como antes…”, reflexionó entre suspiros resignados con los suyos el jefe comunal al describir la relación que hoy transita con el mandatario bonaerense, Daniel Scioli.
Es que los tiempos políticos parecen haber cambiado radicalmente y generaron ruido, interferencias, en la línea comunicacional de aquella alianza política estratégica (electoralmente hablando) que supieron concebir el motonauta con el pediatra, para beneficio de ambos y en detrimento del justicialismo local, que decididamente se recostó hacia la figura del vicegobernador Gabriel Mariotto, como así también se afinó las relaciones con el referente de la Casa Rosada, Diego Bossio.
De cierta manera el Intendente comprende ese enfriamiento y lo acepta como las nuevas reglas de juego. De alguna manera, confiesa, mucho provecho hasta aquí se ha sacado de aquella fina sintonía.
Se especula que el congelamiento de la relación contiene dos aristas, la política pero también la económica. Políticamente el Gobernador –describen desde acá- está un tanto acorralado, entre la lima de Mariotto a favor de las apetencias kirchneristas para dinamitar la carrera sciolista a la presidencia. Frente a ese tenso, delicado, escenario, Scioli prefiere mantener distancia con los intendentes radicales y, puntualmente, con Lunghi.
De todas maneras hay un aliciente para el radicalismo vernáculo: en algún momento, de ser necesario, Scioli dejaría de lado la estoica disciplina que hasta aquí supo mostrar y jugará por la suya. Ahí necesitará de los aliados del interior, como Lunghi, para encaminar sus aspiraciones hacia la Casa Rosada.
Cabe aclarar. Hasta aquí la esmerilada mariottista poco o más bien ningún daño ha provocado en la imagen del mandatario provincial. Contrariamente a lo que ha sucedido con la figura presidencial, Scioli mantiene su imagen positiva inalterable. A más palos, más victimización y más adeptos. Es creer o reventar, pero el traje de amianto el motonauta lo tiene intacto. Parece que nada le afecta, ni siquiera el forzado decreto por el revalúo fiscal.
Por el costado económico la cosa es más sencilla como cruel. La Provincia no tiene plata, ni para Tandil ni para nadie. Lo que hay, como siempre ha sucedido, se privilegia donde la demanda es más pesada por densidad como por caudal de votos: el conurbano.
Hay ejemplos claros, contundentes, al respecto. La demanda de mayores recursos humanos y técnicos para combatir la inseguridad en la ciudad no encuentra el eco deseado. Se han cortado recursos que hacen a las ayudas sociales y educativas, también.
El lunghismo, entonces, aguarda paciente para pararse frente a los escenarios que se vislumbran. El pediatra añora aquella relación por la que tanto provecho sacó, y viceversa. Si apenas le queda el recuerdo cual anécdota del recital de Julio Iglesias como la última vez que “se quisieron” cuando, incluso los más papistas que el papa, lo habían ninguneado a tal punto de anunciarle que él no iba a subir al escenario frente a las casi 30 mil almas. Hasta que el mismísimo Scioli lo invitó a acompañarlo desairando a sus obsecuentes colaboradores.
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