Con una buena convocatoria de público Marcelino Irianni presentó su nuevo libro
Irianni es doctor en historia y master en prehistoria, investigador del IEHS (Instituto de Estudios Histórico Sociales) y docente de las facultades de Ciencias Humanas y de Ciencias Sociales, ha presentado en los últimos 20 años sus avances en la investigación en congresos nacionales e internacionales. Asimismo, ha dictado numerosas conferencias y seminarios, además de publicar cinco libros y una treintena de artículos sobre inmigración vasca y temas de frontera en revistas especializadas de España, Italia, México, EE.UU. y Argentina.
?La historia de los vascos en la Argentina? es una especie de enredadera que trepa por el tronco de la historia del país, mimetizada a tal punto que resulta imposible observar cualquier comportamiento de ese grupo regional sin el telón de fondo nacional. Sin embargo, esa simbiosis natural y temprana entre vascos y nativos no invitó a que la planta se fagocite a la enredadera sino que le dio una libertad de movimiento que fortaleció sus virtudes, tomando buena parte de la savia para crecer pero sin perder la armonía de una especie distinta del árbol y, aunque pequeña, visible desde todos los ángulos que se la observase?, cita en el prólogo de su nueva publicación.
-Hubo mucha asistencia en la biblioteca Rivadavia…
-Tuvimos mucha gente en la presentación. Tuve la suerte de estudiar un grupo migratorio muy ?marketinero?.
-¿Por qué?
-Porque los vascos tienen un cierto misticismo, son un pueblo misterioso, del que se desconocen sus orígenes, pero que siguen manteniendo una identidad muy marcada, a pesar que les pasaron por el costado los árabes. Tienen un idioma tan particular que no pueden encontrar sus raíces. Algo tiene este pueblo que es el único grupo étnico al que algunos presidentes argentinos le dedicaron discursos.
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-¿Cómo accediste a la historia de los vascos?
-Los ?seguimos? entre 1840 y 1930, porque después de esta época se corta el flujo migratorio, los hijos ya son argentinos. La historia de los vascos coincide, a grosso modo, con el nudo de la historia argentina.
El libro es histórico… yo llevo más de 20 años con la historia de los vascos, porque mi tesis de licenciatura fue sobre los vascos; después se volvió material para el doctorado y después investigué temas que habían quedado plateados y no había logrado concluir. Para hacer este libro, fui decenas de veces a todos los archivos provinciales, nacionales, a los centros vascos, he ido a varias ciudades. Junto a eso vi todo lo que tenía que ver con la prensa nacional y vasca y las historias de los viajeros que vieron vascos. En Tandil, hice entrevistas a descendientes, fueran hijos o nietos. Ellos me fueron hablando de las distintas historias que pude incorporar a este libro.
Es un libro de historia, en el que incorporé la información, pero presentada de una manera que no es dificultosa para el lector.
Conté las cosas para no confundir al lector y conocer que hubo gente que progresó, que le fue mal o gente que vivió bien. Son cientos de miles de historia, porque en esa época de Europa se fueron 50 millones de personas y a Argentina llegaron seis millones, entonces no se puede establecer una única causa de salida.
-El libro se complementa con algunas fotos…
-No todas las que hubiera querido. En un momento pensamos en hacer un apéndice de fotos, pero nosotros optamos por dos cosas: poner algunas imágenes simbólicas y ahondar en la explicación y no al revés. Este no es un libro vascófilo, porque los vascos no necesitan que se enumeren sus virtudes, que están a la vista, yo soy un historiador y no puedo adjetivar ni subjetivar.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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