Condenado por abusar de su hijastra, quien tuvo dos hijos por aquel horror
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Una nueva historia signada por el horror de los abusos sexuales fue ventilada en la sede del Tribunal Criminal 1, donde un crudo y desgarrador relato de la víctima conmovió a los presentes, siendo que no se trató de un caso más de aberrantes de abusos. Fueron años de vejaciones, privaciones para con una víctima que pasó toda su infancia y adolescencia signada por la depravación de un hombre, esposo de su mamá, que producto de aquellos abusos nacieron dos hijos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAquella niña, hoy mujer, revivió frente a los jueces aquella pesadilla que suele revivirla en sus sueños, aunque por fortuna pudo zafar tras poder escapar de aquella telaraña enfermiza familiar, que era su hogar, pedir auxilio, denunciar y rehacer su vida.
Tras lo escuchado a lo largo de las audiencias pautadas, para los jueces Pablo Galli, Guillermo Arecha y Gustavo Echevarría, quedó debidamente acreditado que el imputado José María Domínguez, quien convivía con la menor de edad durante el transcurso de 1998, por aquel entonces de 10 años de edad, y además ejercía la guarda, aprovechándose de estas circunstancias tocó y besó reiteradamente y con fines libidinosos partes íntimas de la niña y luego la violó en innumerables oportunidades, con una frecuencia aproximada de cuatro a cinco veces por semana, conducta que desplegó hasta el 14 de marzo de 2011, siempre contra la voluntad de la joven.
Como consecuencia de los hechos que se describen, la joven dio a luz a dos niños, siendo el imputado el padre de ambos, tal quedó demostrado en el acta de extracción sanguínea.
Cabe consignar que, al decir del fallo, no hubo durante el juicio discusiones respecto a la existencia de las relaciones sexuales entre víctima e imputado. Sin embargo, el defensor expresó un argumento central que a su vez conlleva otro a favor de Domínguez, expresando que las relaciones sexuales entre el nombrado y la víctima comenzaron siendo ella mayor de trece años y fueron consentidas.
Empero, el TOC 1 desestimó de plano tal posición de la defensa, considerando que efectivamente existieron abusos sexuales sobre la víctima, a tenor de la menor edad en la que se iniciaron -6 o 7 años- porque implica la inoperancia de cualquier consentimiento, atento la falta de madurez mental para admitir o permitir relaciones sexuales.
De todos modos, cabe referir que la testigo-víctima negó cualquier tipo de anuencia o aprobación a las relaciones sexuales, solo dijo que en algunas ocasiones y ya de mayor edad no se resistió, a los efectos de no tolerar los malos tratos de Domínguez.
“A partir de aquella primera vez: la cronicidad de los abusos; la manipulación practicada por el victimario, además de con la víctima, respecto al resto de los integrantes de la familia; el descuido primero y la negación después por parte de quien debía ser el principal apoyo (la madre); la discapacidad de la hermana de sangre con quien tampoco se podía contar, a su vez también abusada por Domínguez, entre otras varias circunstancias, llevaron al punto los acontecimientos de que los abusos se hicieron rutinarios, hasta suceder cuatro o cinco veces a la semana (…).
No puede dejar de tenerse en cuenta que la persistencia de los abusos a los que fue sometida desde tan pequeña, y durante tanto tiempo -a partir de los seis años y hasta los veintidós-, en el mejor de los casos un lapso aproximado de 12 años, si los contamos a partir de la primera penetración, fueron cambiando a medida que aquella niña fue siendo mujer y luego madre”, rezó el veredicto.
En este contexto situacional, tal como refirió la víctima en su dramático relato, muchas veces no ofreció resistencia a las relaciones, no se opuso, socavada en su voluntad por la red en la que se encontraba atrapaba, que se hizo más ceñida todavía a partir de los dos hijos con Domínguez, utilizados muchas veces por éste como rehenes. Se escapó muchas veces, otras intentó quitarse la vida. Recién a sus 22 años, tras un urdido plan y con la ayuda de una institución por afuera de los lazos familiares, pudo concretar la denuncia y con ella retirarse de la ciudad, alejarse de todo el grupo familiar y lograr una nueva vida.
Mucho más tarde, ya siendo madre de dos niños, supo obtener ayuda, que provino desde fuera del seno familiar y afectivo, desde lo institucional, siendo la víctima suficientemente adulta y con la madurez como para pergeñar una manera de salir de la referida “telaraña relacional”, y lograr con éxito su cometido.
Casi a modo de cumplimiento de un mandato inconsciente que le dejó su huella desde pequeña, recién a los 22 años, con la asistencia y colaboración de Bienestar Social de la Municipalidad, pudo realizar la denuncia. Es que precisamente esa era la edad que engañosamente le marcaba Domínguez, refiriéndole que al abandonarla su padre de sangre le había firmado un permiso para que quedara a cargo de su cuidado y tutela hasta los 22 años.
El fallo
Según reza la sentencia, Domínguez fue condenado a la pena de 16 años de prisión, como autor penalmente responsable de los delitos de “Abuso sexual con acceso carnal agravado por ser cometido por el encargado de la guarda de la víctima y aprovechándose de la situación de convivencia preexistente, en concurso ideal con corrupción de menores agravada por la edad de la víctima, la violencia ejercida y por ser persona conviviente y encargado de la guarda”, hechos cometidos en Tandil entre 1998 y 2011.
Los abusos, en primera persona
A continuación, parte del desgarrador relato de la víctima. La mujer que alguna vez fue niña, aunque poco y nada esos años los transitó como tal, contaría buena parte de aquellos años de terror.
“Soy la víctima en esta causa. Bueno, desde lo que yo me acuerdo, arrancó cuando yo tenía 9 o 10 años, no me acuerdo la edad exacta, cuando él empezó a buscarme, a tocarme, y me trataba como su hija, me decía ‘vení con papá’, me hacía sentar encima de él y me hacía tocarlo. Todo pasaba cuando mi mamá no estaba en ese momento, es lo que yo me acuerdo a esa edad. Después bueno, trataba de darme los gustos, tratarme mejor que a mis otras hermanas, estar todo el día encima mío, llevarme con él para todos lados, y por ahí cuando estábamos a solas, me decía que yo iba a estar siempre con él, que nunca iba a estar con nadie más”.
En otro párrafo del relato contó que “cuando iba al colegio siempre me acompañaba él o mi mamá, me llevaban y me traían, nunca me dejaban sola, no me dejaba juntarme con gente, relacionarme con gente, con chicas de mi edad, nada. Y por ahí cuando me relacionaba con gente o con vecinos o algo de eso, siempre me iban a buscar, nunca me dejaban sola en ningún momento, estaban mis hermanas encima de mí. Y no me acuerdo a qué edad empezó a abusar de mí, pero es entre los 9 y 10 años. Después de ahí me llevaba con él adónde iba…, a pescar, a cazar, me hacía trabajar ahí en el taller. Y a la noche cuando nos acostábamos, la casa era chica, estábamos todos juntos en una sola habitación, y yo me acostaba sola en una cama de una plaza y él a la noche se pasaba conmigo, y ahí es cuando se aprovechaba de mí”.
La joven reseñó que “siempre me decía que nunca dijera nada porque podía lastimar a mi mamá, a mis hermanos, y nada, yo me callaba, no decía nada. Siempre me negué, nunca quise tener nada, y cuando me negaba, me pegaba, me trataba mal, me insultaba, me lastimaba, y si yo no quería tener nada con él, al otro día era peor para mí”.
“Cuando quedé embarazada -siguió recordando-, yo no quería tener a mi hijo, no lo quería tener, me quise lastimar un montón de veces porque no quería saber nada, pero no sé, después empecé a pensar y me dije que mi bebé no tenía la culpa de lo que estaba pasando, y decidí tenerlo, y cuando lo tuve, él me decía que tenía que decir que yo estuve con otra persona y que él no se quiso hacer cargo para que no se dijera que ese hijo era de él”.
La víctima confió en que el hombre “abusaba de mí todos los días, en todo momento, en cualquier lugar (…). Cuando empecé a tomar conciencia de lo que estaba pasando quise hablar con mi mamá, pero ella nunca me creyó, me dijo que estaba loca, que eran mentiras, que él nunca podía llegar a hacer eso, que tenía que valorar lo que él hacía por nosotros, que trabajaba para darnos de comer; y nunca estuvimos bien, nunca estuvimos bien”.
Otro párrafo conmovedor fue cuando señaló que le pegaba: “Otras veces me hacía arrodillar entre granos de sal o entre granos de maíz, de choclo. Un montón de veces me quise escapar de mi casa, y todas las veces que me quise escapar me iba a buscar, me encontraba donde fuera que fuese, me encontraba. Me amenazó un montón de veces con los nenes, que si yo me iba me iban a sacar a los nenes, que me iban a meter a mí presa”.
En medio de su descarnada exposición frente a los jueces la joven se angustió y se quebró emocionalmente. “Se me mezclaron todos los recuerdos, me vinieron muchas cosas, me puse nerviosa, después de no verlo durante tanto tiempo, y verlo ahora así de golpe, me vinieron muchas cosas a la cabeza”.
Volviendo a los abusos, contó que sí se acordaba de la “primera relación, no me acuerdo la edad, pero fue, sí, en mi casa, como les decía la casa era chiquita, estábamos todos juntos, dormíamos en colchones en el piso, teníamos una cama de una plaza y la cama de dos plazas, donde dormía mi mamá con él y supuestamente una de mis hermanas. Y yo dormía en la cama de una plaza, sola, y él se pasa una noche conmigo y yo estaba dormida, y me hacía señas como para que me callara, y ahí empezó a bajarme la ropa y a abusar de mí”.
La relación con la madre
La joven señaló que “él estaba con mi mamá en la cama, pero a la madrugada, a la noche, se levantaba y se pasaba para donde yo estaba, sea en la cama, sea en el colchón. Los demás estaban todos durmiendo. Incluso cuando nosotros nos acostábamos todos, que terminábamos de cenar, estando mi mamá despierta, minutos, segundos antes de acostarse ella, él venía y se acostaba conmigo y mi mamá veía que él se acostaba conmigo. El decía que supuestamente no había lugar, porque mis hermanitas más chiquitas querían dormir con mi mamá y todos en la cama grande no entraban, y ahora que recuerdo cuando él abusaba de mí, que yo me quejaba, lloraba, mi mamá escuchaba porque levantaba la cabeza, miraba, se daba vuelta y seguía durmiendo. Creía yo que seguía durmiendo, pero yo estoy segura que ella escuchó todo y vio todo”.
Respondiendo sobre la relación con la madre, la sintetizó como que “no era una relación como madre e hija. Nunca me dijo hija, o nunca me trataba con cariño, no me decía ‘hija te quiero’, o venía y me abrazaba, o estaba conmigo en todo momento. No, era como una persona más. Hoy en día no tengo relación con ella, desde que yo arranqué con todo esto, con la denuncia, nunca más volví a tener trato. Con mis hermanos tampoco, porque yo decidí apartarme completamente de ellos. La última vez que la vi a mi mamá fue una vez antes de irme de Tandil, pedí yo misma en el Juzgado de Familia verla a mi mamá, porque quería preguntarle a ver por qué permitió que pasara todo lo que pasó, y qué pensaba de mí, y qué pensaba de todo lo que había pasado, de lo que yo había hecho, de la denuncia, de todo, y cuando la vi, lloré, la quise abrazar, y todo y no…”.
“La decisión de irme a hacer mi vida tiene que ver con todo esto -añadió-, yo decidí irme de acá y arrancar mi vida de cero, y que mis hijos estuvieran lejos de todo esto, porque el más grande, mi primer hijo, también sufrió mucho. El sabe lo que pasó, a veces cuando por ahí nosotros veníamos a pasear a Tandil, me decía ‘mamá, yo no quiero ir adonde vivíamos antes, la calle de tierra, porque yo le tengo miedo al hombre malo’. Mi hijo sabe que el hombre malo es el papá, sabe porque él le decía que era, y yo le decía ‘no, él no es tu papá’ y él le decía ‘sí, yo soy tu papá’, él le decía a mi hijo que lo llamara papá. Mi hijo era hijo de él porque no había otra manera, nunca tuve nada con nadie en ese momento. El no me acuerdo cómo reaccionó, sí me acuerdo que él me dijo, que bueno, yo le dije que no lo quería tener, me quise matar un montón de veces, cuando fui al baño y me tocaba la panza, no me veía, no me quería ver, no quería vivir, agarré una gillette que él usaba para afeitarse y me quise cortar las venas, agarré un cuchillo de esos serruchos que se dicen y me lo quise clavar en la panza, un montón de cosas, y entonces no, después como que miraba para arriba y pensaba y lloraba y decía ‘mi hijo no tiene la culpa de lo que está pasando y de lo que esta basura hizo’”.
“El nunca se cuidó al tener relaciones -acotó-. Cuando empecé a crecer y yo me dije me quiero cuidar, quiero tomar algo porque yo no quiero tener un hijo de esto, no quiero que salga nada de esto, y cuando yo decidí tomar las anticonceptivas, que fui al centro comunitario, él me dijo que no, que yo no las necesitaba, le digo ‘pero yo no quiero tener un hijo; soy chica, quiero estudiar, quiero terminar…’. Yo cuando empecé a tomar las anticonceptivas él agarró la tableta de las pastillas y las tiró: ‘Vos no necesitás esto’, me dijo”.
Seguir viviendo en el horror
En otra instancia de la declaración, la joven sostuvo que el acusado la amenazaba y “me decía que yo hasta los 22 años nunca iba a poder hacer nada, porque supuestamente mi papá, cuando nos abandonó, le había firmado una tenencia como que él estaba a cargo mío, y como que si yo me iba de la casa o me pasaba algo, iba a ser culpable. Es como que me hacía creer que hasta que yo no fuera mayor no podía salir de mi casa, no podía hacer nada”.
El fiscal le pidió que explicara cómo o por qué, siendo una persona adulta, continuaba cumpliendo con lo que Domínguez le decía que hiciera. “Cuando él abusaba de mí, yo sabía que ya era grande y que si yo decía algo nadie me iba a creer porque estaba todo más que claro que podría ser con mi consentimiento, por eso a veces pienso también que nunca dije nada porque por ahí la mayoría de la gente o todos iban a pensar que eran mentiras las cosas que decía, que yo estaba con él porque yo quería, y no. El siempre me amenazaba, me decía ‘no podés decir nada, no podés hablar porque la vas a lastimar a tu mamá’, por eso yo siempre pensé en los demás, siempre pensé en mis hermanos, en mi mamá. Tenía miedo de lastimarla, de lastimarlos. Incluso cuando hice la denuncia, mi hermana, primera hija de él, me dijo una vez ‘¿por qué no te dejás de joder y retirás la denuncia?, ya está, vamos a olvidarnos de todo y a seguir, vos hacé tu vida y nosotros la nuestra, no me saqués a mi papá’. Me lo acuerdo re clarito a eso. Y siempre vi las cosas como un abuso, para mí siempre él abusó de mí, nunca fue nada con mi consentimiento. Sí, me resistía, todas las veces que él abusaba de mí me resistía, incluso cuando me resistía, que yo no quería saber nada, me pegaba, me lastimaba…”.
Cuando hizo la denuncia
La joven madre en su extensa exposición detalló cuando se animó e hizo la denuncia que derivó finalmente en esta instancia de juicio.
“Me escapé. El una vez se fue al campo, entonces le digo a mi mamá ‘me voy a juntar mis cosas y me voy a ir’, agarré bolsas de consorcio, metí la ropa que tenía, y le dije ‘me voy’. ‘Me voy porque no aguanto estar así, estoy cansada de vivir esta vida, no me deja salir, no me deja hacer nada, no puedo andar de novio, no puedo hacer mi vida’. Entonces mi mamá me dijo ‘estás loca, ¿qué te vas a ir?’. Me lo decía así: ‘Cuando venga tu padre y se dé cuenta que no estás, se la va a agarrar conmigo’. ‘A mí ya no me importa, me voy’ le dije. Entonces llamé a un remís y me fui, y me fui a la casa de un conocido de él. Entonces yo conocí a la señora y me fui a la casa de ellos, y ahí a ellos les conté lo que pasó, todo. Ahí fue cuando la señora me dijo ‘andá a un lugar, Bienestar Social, pedí hablar con no sé quién, que ahí te van a ayudar. Vos haceme caso, andá, al otro día yo me quedo con los nenes si querés y vas a hablar, y decís todo’.
No sé cómo pasó, si fue el hombre que le avisó a él (el acusado) que yo estaba ahí, o él me estaba buscando, y entonces fue hasta ahí, hasta la casa, y me sacó de los pelos, les rompió un montón de cosas. Entonces el hombre le gritaba y le decía ‘loco, dejate de joder, fijate lo que estás haciendo, que no pueden estar así, no se puede vivir así, que es chica, dejala vivir’. Yo escuchaba y estaba llorando dentro de la pieza, con la señora de este hombre. Entonces ella me dice ‘andá, andá a tu casa y haceme caso, hacé bien las cosas y andá a Bienestar Social que te van a ayudar’. Entonces, él agarró y me sacó a los nenes en ese momento, me empujó, le rompió cosas en la casa. Y me fui con él, de vuelta, a mi casa.
Después pasaron unos días y dije que quería trabajar, quería hacer algo. Les digo ‘voy a ir a Bienestar Social porque a veces dan a quien lo necesita mercadería o lo que sea’. Fui, le hice creer a mi mamá que íbamos para eso, y voy a ese lugar y digo todo. Estaba mi mamá conmigo, pero no entró, porque las chicas que estaban ahí que me atendieron sabían a qué iba… porque ellas reciben a personas con estos casos.
Les cuento todo a las chicas pero que había ido engañando a mis padres. Entonces las chicas le dieron unos papelitos como para que creyera que tenía que volver al día siguiente a buscar mercadería y así desorientarlos”.
`Si podés vení con tus hijos, y ya de acá nomás te llevamos a fiscalía a hacer una denuncia’, le indicaron las trabajadoras sociales le indicaron. Y así fue, pero casi no pudo salir de su casa con sus hijos porque cuando regresó a su casa y les dijo que tenía que ir al otro día, el padrastro le dijo que no. ‘No, vos no vas a ir ningún lado, porque no necesitas ninguna ayuda, acá no te falta nada’.
Fue así que ella debió tejer otra coartada para escapar. “El nene mío iba al jardín, a la mañana, el más grande, a la sala de 4, y lo llevaba mi mamá siempre. Le digo ‘¿puedo ir a llevarlo yo? A acompañarla a mamá a llevar a mi hijo al jardín. Y él me dice ‘sí, andá, pero lo dejás a T. (el otro hijo) acá’. ‘Una vez’, le digo, ‘dejame salir una vez, no me voy a escapar, voy a ir con mi mamá, adónde voy a ir’”.
Entonces, cuando le preparaba la mochila al hijo para el jardín, metió una muda de ropa para él, y en su cartera otra muda de ropa para el más chiquito, y la documentación, mientras que ella salió con lo puesto.
“Voy con mi mamá, tomamos el colectivo para ir al jardín, y le digo a mi mamá ‘no lo vamos a llevar nada al jardín’; ’pero cómo que no, cuando se entere tu padre que no lo llevaste al jardín, sabés cómo se va a poner, como loco’, me dijo. ‘Bueno, no importa, ya está, que se enoje’, le dije yo, ‘vamos a ir directo a Bienestar Social y ya está. Entonces seguimos con mi mamá en el colectivo, y yo estaba muy nerviosa, pensé que no me iba a salir. Entonces le digo a mamá ‘vamos a bajarnos acá, así le compramos algo a los nenes en el kiosquito que está ahí enfrente’. Mi mamá se fue a comprarles algo y le digo ‘te espero acá’ y cuando mi mamá se fue me tomé un taxi y me fui a Bienestar Social, y ahí arranqué todo”.
Su nueva vida
La joven también fue consultada sobre su vida actual, sobre lo que respondió que “bien, me siento bien. Por ahí han habido momentos en que me he puesto mal porque me cuesta superar esto, estuve con psicólogo donde yo estoy, y nada, hasta hace un par de días atrás estuve mal, me pongo mal, no tengo ganas de salir. Todo relacionado con eso porque me vienen cosas a la mente y me acuerdo de cosas, y me cuesta superarlo, no lo voy a superar nunca, no lo puedo superar. Cuando me citaron es como que me volvió todo de vuelta. Igual hace unos años atrás, yo desde que hice la denuncia nunca me olvidé de esto, siempre por ahí a la noche me agarraban pesadillas. Los nenes míos también, el más grande más que nada, por ahí ha tenido pesadillas, como que va a venir el hombre malo y me decía que nos iba a matar. Yo sí rehice mi vida de pareja, estoy juntada, tengo otro hijo”.
No dejó de mencionar que su vida sexual no fue normal: “En un principio me costó muchísimo con la persona con la que yo estoy hoy en día. No sé, es una excelente persona, porque me esperó y me esperó hasta que tomé la decisión de hacer mi vida. Para la relación sexual con él estuve un año y medio sin tener nada, más o menos, aunque estábamos viviendo juntos. Convivíamos, estaba todo bien, pero no pasaba nada porque yo no podía, no podía. El siempre supo esto, desde el primer momento que yo lo conocí le conté mi vida, le conté mi historia, y le dije, de ahí en más está en vos si querés estar conmigo o no”. Y por suerte, así fue. El hombre se quedó, la acompañó, la esperó y ahora son familia.
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