Confesó el autor del crimen y la Justicia debate entre el homicidio agravado y la legítima defensa
Pasaron las horas del sangriento episodio que conmovió la tarde dominguera en la zona del Cerrito, y se fueron conociendo detalles del confuso suceso que terminó con la vida de Silvio Souto (26) y la aprehensión de Orlando Reyes Chilla (24), acusado de disparar en varias oportunidades (al menos cinco) contra la humanidad del primero, provocando el deceso poco después de haber ingresado al Hospital Municipal Ramón Santamarina.
Con la detención, la policía dio por esclarecido el luctuoso hecho, aunque ahora queda el turno de la Justicia para determinar la calificación que merece el caso, habida cuenta de los testimonios recogidos en el lugar, incluso del propio aprehendido.
En medio de versiones cruzadas sobre el accionar de los protagonistas, concretamente se conoció que el fiscal Marcelo Fernández pidió la detención del acusado, tras escuchar su testimonio por más de tres horas en el mediodía de ayer.
El delito que se le endilga es el de “homicidio agravado por el uso de arma”, quedando a disposición del juzgado de Garantías, a cargo de la doctora Stella Maris Aracil, quien tiene cinco días para resolver dicha petición.
En el medio, la defensa del detenido, el doctor Carlos Koblb, anticipó que en la jornada de hoy estará elevando a la jueza el pedido de excarcelación, entendiendo que el suceso debe encuadrarse en la legítima defensa o, a lo sumo, se aludiría un exceso de legítima defensa, lo que implica una pena similar al homicidio culposo, delito excarcelable.
Cabe consignar que horas antes a que el arrestado comience a prestar declaración frente al fiscal, la policía dio con la moto y arma utilizada por Reyes, en un terreno lindero a la casa de un amigo, donde el propio acusado había informado a los efectivos de la Seccional Segunda una vez apresado por los efectivos en la noche de domingo.
Al cierre de esta edición, en tanto, se aguardaba el informe final de la autopsia practicada por el doctor Roberto Leitao, cuyo informe servirá para determinar con certeza cuántos proyectiles dieron contra la víctima y de qué modo se realizaron. A partir de ahí servirá para definir precisamente el estado en que víctima y victimario se dispusieron en la escena y así qué asidero tiene la hipótesis de la legítima defensa.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn efecto, la historia relatada en primera persona dio cuenta que Reyes el sábado estaba en la casa de un amigo y allí conoció a una chica, con quien quedaron solos y la mujer insinuó querer tener una relación más allá de lo amistoso hasta que finalmente la lleva en su moto a la casa. Una vez allí –según Reyes- la mujer le pide de verse al día siguiente por la tarde para continuar profundizando la buena relación naciente.
Entusiasmado con la novedosa relación, Reyes la fue a buscar el domingo pero ésta le dijo que estaba cuidando una sobrina, que la esperara en un específico lugar del Cerrito, donde ella iba a ir en un rato.
Hacia allá fue Reyes, donde aguardó en uno de los bancos de piedra del paseo hasta que la muchacha arribó. Conversaron un rato hasta que ella dijo que tenía necesidad de orinar, por lo que lo aguardara que iba a hacer sus necesidades en el baldío a unos 50 metros del lugar.
Reyes le dice que no lo hiciera, que ya estaba oscureciendo y era peligroso, y se ofreció a llevarla a la casa, pero la mujer rechazó la propuesta. Dijo que lo esperase ahí que ya volvía.
Reyes entonces se quedó sentado en el mismo lugar a su espera, cuando -dijo- recibió un fortísimo golpe en la nuca que lo deja grogui y cayó al piso casi desvanecido.
Cuando levanta su mirada se encuentra con el agresor que le coloca un cuchillo en el cuello y comienza el rosario de insultos y amenazas advirtiéndole que se trataba de un robo y exigiendo que le diera toda la plata que tenía encima.
En medio del virulento episodio, a Reyes se le caen distintos elementos que portaba, como las llaves de la moto y un arma, una pistola 9 milímetros (registrada).
Según los dichos de Reyes, sin ofrecer resistencia le da su billetera pero el agresor no se queda conforme y pide entre más insultos y amenazas por las llaves de la moto. Lo empuja nuevamente al piso y le exige que busque las llaves en el piso. Allí, en medio de la oscuridad, antes que las llaves Reyes tomó el arma y le apunta al son del grito: “¡tirate al piso que te mato!¡Que te tiro!”.
Lejos de amedrentarse, siempre a dichos de Reyes, Souto se le abalanzó y llevó su mano derecha con la que llevaba el cuchillo hacia atrás con la idea se apuñalarlo. Allí Reyes descerrajó buena parte de los proyectiles que tenía en el cargador.
Si bien el ejecutor dijo no recordar cuántos disparos fueron, por lo escuchado por vecinos como incluso informará la autopsia, los disparos habrían sido más de cinco y todos dieron contra la humanidad del presunto ladrón.
Según el relato de Reyes, Souto no cayó al piso, sino que comenzó a caminar hacia atrás y se alejó de la escena medio encorvado, llevándose consigo la billetera de Reyes y portando su cuchillo (elementos que luego fueron encontrados por la policía al lado del cuerpo tendido en el piso), hasta que lo pierde de vista en la oscura noche.
Instantes luego, reapareció en escena la mujer quien parece sorprendida como angustiada, a lo que Reyes le dice que se vaya. Mientras observa que va acercándose gente, el ejecutor se subió a la moto y sale del lugar.
Si bien dijo que iba a entregarse a la policía (más precisamente a la comisaría Primera) al ver que uno de los neumáticos de la moto estaba pinchado prefirió optar por llevar el rodado de un amigo. En el trayecto, tocó timbre en una casa y le pidió a una mujer que llamara a la policía porque había sucedido un robo y había un ladrón herido.
Como su amigo no estaba, dejó la moto y el arma –ya sin proyectiles- en un terreno lindero a la vivienda, para luego pedir monedas para hacer un llamado telefónico.
Finalmente llegó a la estación de servicio Don Rodolfo, le dijo a la empleada que avisara a la policía pero ésta, sorprendida solo le ofreció el locutorio. Desde allí, Reyes llamó al 101 identificándose y dando cuenta del hecho y por el rastreo telefónico los efectivos arribaron al lugar para detenerlo, aunque Reyes ya estaba dispuesto a entregarse sin ofrecer resistencia alguna.
Según lo percibido por los efectivos, Reyes se encontraba relativamente tranquilo, aunque en un estado de confusión y exaltación por lo protagonizado. Apenas pidió a los efectivos que no lo maltraten porque tenía una discapacidad física producto de serios accidentes que había sufrido tiempo atrás.
Una vez en la comisaría Segunda, detalló lo sucedido e incluso luego dijo dónde había dejado la moto como el arma homicida (según la hipótesis defensista).
Los protagonistas
-El victimario: El detenido Orlando Reyes Chilla cuenta en su haber con una fama que refiere a ser un amante de las armas. De hecho, cuenta con algunos antecedentes penales “menores” que hacen precisamente a la tenencia de un arma y alguna amenaza.
De hecho, cumplió una probation (figura penal que posibilita al imputado quedar en libertad para rehabilitarse tras la sanción penal después de un veredicto o una confesión de culpa, sujetándose al cumplimiento de condiciones que le son impuestas) por tenencia de arma.
De todas maneras, Reyes tenía declarada la pistola 9 milímetros, como así también un revólver calibre 22 y una carabina.
-La víctima: Silvio Souto. Su nombre era muy conocido en el “ambiente delictivo”. Se le conoce un importante prontuario con antecedentes por robo contra la propiedad. De hecho se habían realizado allanamientos en su propiedad siendo investigado por distintos ilícitos.
-La mujer: Si bien hasta aquí la investigación se ha limitado a los principales protagonistas del sangriento hecho, es un secreto a voces que a los investigadores le genera dudas el rol de la mujer que, en definitiva, citó a Reyes en el Cerrito y cuando ocurrió el presunto intento de robo se había retirado de la escena. Apareciéndose una vez desencadenado el hecho.
La versión policial
Explicó que la captura del acusado fue tras “averiguaciones del personal y a raíz de otro llamado telefónico. Se logró dar con el sujeto sospechado en una estación de servicios”.
Gómez indicó que “en el momento justo del hecho no había ninguna mujer”, aunque acotó que “la pareja de la víctima había estado instantes antes” con el atacante.
El jefe policial había dicho también que no contaban con elementos para afirmar que los disparos se habrían efectuado en ocasión de robo y añadió que “todo da la pauta de que se trataría de un tema personal o pasional porque –aparentemente- eran todos conocidos entre sí”.
Gómez indicó que la víctima tenía “varios antecedentes en esta comisaría y en su vivienda se habrían realizado varios allanamientos por delitos contra la propiedad”.
Sobre el agresor dijo que “aún no se ha podido establecer la existencia de antecedentes penales”.
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