Consolidarnos
Consolidar la gobernabilidad democrática ha sido y es un objetivo elemental para casi todas las fuerzas que conforman el espectro político argentino. En años electorales, como éste que comenzamos hace una semana y media, vuelve a resucitar esta declamación, que de seguro vislumbra y promete sustanciosos avances para nuestra optimización y mejor ordenación social.
Según el concepto que hace propio el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la gobernabilidad indica el proceso a través del cual la autoridad se ejerce en una determinada comunidad política, incluyendo:
i. la forma en que los titulares de la autoridad son elegidos, controlados y reemplazados;
ii. los principios y normas bajo los que se ejercen las interacciones entre el Estado, el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil en términos de competencias, responsabilidad y funciones; y,
iii. la capacidad de la autoridad para identificar necesidades, captar recursos, definir políticas y llevarlas a cabo. (*)
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailEsta definición agrega luz en espacios aún grises sobre los que debemos trabajar los argentinos. Dadas estas dimensiones cuya auténtica consolidación requiere tiempo y maduración, no significa esta observación una imputación directa de responsabilidades sino más bien un rol o papel que solidariamente nos toca a todos, sin distinción de tiempos, edades o partidos.
El ejercicio de la autoridad sobre nuestra comunidad política, y las observaciones acerca de la mejora de este proceso, devienen en un derecho (y también en un deber), dadas las consecuencias inmediatas del mismo sobre cada ciudadano.
Desagregando la enunciación citada, el primero de sus aspectos señala los modos en que los titulares de la autoridad son elegidos, controlados y reemplazados: hoy desde muchos sectores políticos se sobreentiende la necesidad de rever y modernizar el sistema electoral, pasando por la dinámica interna de los partidos políticos (sobre todo en lo que hace a la selección de sus candidatos); y llegando a los mecanismos de asignación y procedimiento en los organismos destinados al control para una administración pública eficaz.
Los procedimientos y métodos en materia de selección, asignación y control, en modo evidente aguardan un desarrollo distinto, que origine las expectativas y eficiencias que aún no generó.
En segundo término, respecto a la necesaria y cabal interacción que se aguarda para la vida en sociedad, esto es, entre los sectores público, privado y el de la sociedad civil, también allí, como compatriotas, nos debemos la imperiosa tarea de reformular los modos de cooperación y participación: tener en cuenta la voz y el parecer de aquellos que producen, comercializan o prestan servicios a la sociedad, recurriendo al miedo de un nuevo corporativismo, es un fácil reduccionismo.
En esta materia, los argentinos sobrellevamos un gran momento de dolor y desencuentro el pasado año 2008: tamaña experiencia debió enseñarnos que las decisiones públicas planteadas en términos unilaterales, devienen en el modo menos ventajoso para cualquier sector de la sociedad, aun para aquél que adopta tales determinaciones.
En tercer y último lugar, encontramos la dimensión administrativa del Estado, por la que se intenta responder y satisfacer a las necesidades detectadas sobre la población. Es quizá por ello la perspectiva en la que el ciudadano ?de a pie? deposita mayores expectativas y esperanzas: a partir de la consideración racional de necesidades y expectativas frente a recursos, metas y objetivos, se disponen políticas vitales que intentan el crecimiento presente y futuro, y que originan efectos directos en la vida de los ciudadanos.
Hemos oído mucho acerca de la necesaria labor por dotar cada vez de mayores grados de institucionalidad a la República. No obstante, con frecuencia se ha comprimido aquel llamado al fortalecimiento necesario de las instituciones al sólo ámbito que refiere al primero de los ítems citados: es decir, al modo ?en que los titulares de la autoridad son elegidos, controlados y reemplazados?, y a la manera en que éstos deciden y ejercen la autoridad.
Mientras, cede al mismo tiempo el reclamo por robustecer las instituciones administrativas y burocráticas en los tres niveles del Estado: unos de los mayores esfuerzos que debe comenzar será que las instituciones administrativas sean consolidadas, por la importancia que detentan en sí mismas, y porque su solidez es condición necesaria para todo crecimiento futuro.
Todo intento de reforma de Estado deberá incluir siempre, todos y cada uno de estos aspectos: la verdadera modernización vendrá con la mejora en los procedimientos de selección, seguimiento y control de los titulares de la autoridad, en los modos de colaboración entres sectores sociales y en mayores niveles de eficiencia administrativa.
(*) www.iadb.org
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios