Córsico cuestionó que la gente prefiera ver ?al perro muerto? y no lo que le sucede al joven
Luego de que se diera a conocer la noticia que llegó a los medios nacionales acerca de un chico de 13 años de esta ciudad que mató a un perro, lo filmó agonizando y lo subió a Facebook, Adrián Córsico afirmó que “todos queremos mirar y entramos a internet para ver dónde está el perro muerto” pero que nadie piensa en lo que “verdaderamente le ocurre al chico”.
-¿Cómo se desencadena un hecho de violencia de este tipo?
-En primer lugar éste es un caso aislado, no me parece que sea algo común en el comportamiento habitual de adolescentes.
Es cierto que ellos tienden a mostrar en espacios como Facebook distintas cosas que tienen que ver con la intimidad. Este tema del Facebook, de alguna manera, ha roto con la intimidad del adolescente, publican en ese espacio casi público cosas que tienen que ver con lo privado.
Lo que este chico ha hecho es exponer su propia patología, no conozco el caso, pero así como suelen exponer algo creativo o la música que les gusta, también exponen esto.
-¿Este caso podría derivar en algo aún más grave, en otro tipo de violencia en la escuela, por ejemplo?
-Yo creo mucho en la subjetividad, no creo que esto esté ligado a la escuela o a ámbitos que tengan que ver más con las instituciones intermedias.
No creo que sea algo que tenga que estar regulado por la escuela, tiene que ver con la psiquis y subjetividad particular de este chico, que no sé verdaderamente lo que le está pasando.
-¿Puede ser que los padres tengan algo que ver con esta situación?
-Es muy difícil acceder a lo que se está exponiendo ahí, hay padres que controlan más y otros menos. Evidentemente, detrás de esta conducta hay una situación de no control. Es bastante severo lo que sucedió.
Generalmente los adolescentes fijan sus angustias en objetos externos, puede ser en la música, en el arte, hasta en pintar graffitis. Son diferentes manifestaciones donde distintos tipos de angustia o miedos se transforman en algo más creativo, también es cierto que ese tipo de angustias pueden transformarse en conductas patológicas como el consumo compulsivo de sustancias tóxicas, el alcohol.
No puedo decir si la familia tuvo responsabilidad o no, me da la sensación desde que escucho este caso de que están buscando un culpable. Leí los comentarios de la gente en El Eco Digital y generalmente estaban ligados a emitir un juicio de valor sobre la situación y no una reflexión.
Nos cuesta a los adultos pensar que en algún punto de niños también hicimos macanas. No sé si a este nivel, de una manera tan abierta y tan cruda, pero también hicimos cosas. Hay algo de sadismo en nosotros. Entonces aparece el cuestionamiento ético moral hacia la conducta de este joven y yo creo que quien debe comprenderlo es un profesional que pueda estar entendiendo que hay detrás de esa conducta.
No podemos evaluar la conducta porque es solamente evaluar la acción sin entender lo que está pasando detrás, así como este niño mató a un perro, yo también lo transformo a él en un perro al que hay que matar.
He escuchado en más de una mesa de café: “A este tipo de chicos hay que matarlos”. Me parece terrible porque estoy haciendo lo mismo. Ahí sale mi sadismo como adulto, considerando que así como el chico ponía en el lugar de una cosa al perro que mataba, yo estoy haciendo lo mismo con el niño.
Estoy generalizando y poniendo a la adolescencia en un lugar donde aparentemente todos son sádicos y no es así bajo ningún aspecto. La adolescencia es una etapa maravillosa de creatividad.
Me parece que este chico debe ser puesto bajo tratamiento y en observación frente a lo que pasó y evaluar qué pasa detrás de eso. No sé en qué puede derivar porque cada caso es subjetivo, no se puede generalizar a partir de una sola acción porque hacés una interpretación poco seria.
Así como el llevó el video al colegio para que miren los compañeros, todos queremos mirar y entramos a internet para ver dónde está el perro muerto. ¿Por qué quiero ver al perro muerto y no al joven? Nadie se fija que hay detrás de esa acción porque es una conducta bastante patológica desde el punto de vista psicológico. Por lo menos la conducta, no sé la personalidad del chico.
Para los adolescentes el grupo es como una prolongación del propio cuerpo. Es evidente que este adolescente iba a terminar mostrando el video al grupo que era como mostrárselo a sí mismo. Hay que entender cómo funciona la lógica de una adolescente donde ellos se muestran.
Hace un rato estaba trabajando con un chico que pinta graffitis en la calle y me decía pintar un graffiti a escondidas transgresoramente genera una adrenalina diferente a ser un artista y pintar un mural. Necesitan de eso. Yo discutí bastante con un grupo de gente que quería hacer un control sobre las pinturerías y les dije “si vos lo controlás a este joven y lo odiás va a pintarte la pared de tu casa. Hay que hablar con él”.
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“En vez de matar al perro podría haberse matado él mismo”
-No, hace este tipo de cosas quien puede y no quien quiere. No estoy hablando de locura en este caso, pero los psicólogos decimos que locos son quienes pueden y no quienes quieren.
No puedo transmitir locura a alguien que no la tiene. No es posible, sí en otros casos como el del suicidio porque las ansiedades depresivas de los jóvenes juegan de otra manera. Este chico tranquilamente en vez de matar un perro podría haberse matado él mismo. Nadie lo pensó por ese lado, yo sí, qué hubiese ocurrido si esto lo hacía con él mismo y se filmaba. Creo que hubiera sido otra reflexión.
No nos quedemos con la conducta porque nos quedamos solamente en la noticia y todos tratamos de ver al perro muerto y no al niño.
Parece que también que como tandilenses nos sentimos expuestos, hay cosas que nos enorgullecen y otras nos generan vergüenza como sociedad y un poco de eso se trata.
-Pero, generalmente, la gente coincide en el juzgamiento de este hecho…
-En el juzgamiento moral me quedo viendo al perro muerto y no al joven. Y muchos dirán “a mí qué me importa qué pasa detrás, me importa solamente que un joven hizo eso”.
Creo que como sociedad seríamos mucho más adultos y evitaríamos que pase esto si miráramos más lo que le pasa al joven.
“Yo entiendo que los docentes a veces están cansados o estresados, pero si no me gusta me tengo que retirar. Si yo como docente me pongo al mismo nivel y reacciono con la misma impulsividad que la de un niño de seis años, estoy generando una conducta en espejo ciertamente compleja”, recalcó.
Y manifestó que “no se puede justificar desde ningún punto de vista pegarle un niño de esa edad. Los niños tienen un plus de angustia y temores que no pueden canalizar por sí mismos y a veces los adultos somos metabolizadores externos de esas angustias, los escuchamos y les devolvemos tranquilidad. Si yo le devuelvo violencia a un chico que se excede en angustia, estoy lacerándolo”.
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