Cortocircuito
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Un dato llamativo de esta semana fue la decisión del Intendente de salir con los botines de punta y arremeter, sin mayores miramientos, contra los titulares de las tres comisarías.
Con el paso de las horas, la embestida se vio suavizada –en cuanto a repercusiones mediáticas- por la catástrofe de las inundaciones y el despliegue solidario de la comunidad. De todos modos, no se puede negar que se produjo un cortocircuito.
Tras el reclamo de los jefes comunales radicales al gobernador Daniel Scioli, el pediatra optó por pedir públicamente que “lisa y llanamente” cambien “a los comisarios”, ante la “falta de resultados” en las calles de Tandil.
Estas expresiones, realizadas en primera persona y a periodistas de varios medios en sólo un par de horas, no cayeron nada bien entre las fuerzas policiales. A Lunghi no se le escapó una opinión. Por el contrario, lo dijo deliberadamente y reforzando su idea con frases como “con toda franqueza” y argumentos del tipo “yo necesito resultados”.
El primer signo de una relación herida –sino rota- fue la ausencia de los jefes de la Policía Bonaerense en el acto por el Día de los Caídos y la Guerra de Malvinas, en la apertura de las sesiones ordinarias del Concejo Deliberante y en el festejo del aniversario de Tandil.
La reacción fue lógica. Ahora, las expresiones del Intendente merecen un análisis más profundo.
El discurso del jefe comunal, como máxima autoridad del Municipio, descalifica a la policía y contribuye a distanciar aún más a la sociedad de los funcionarios a cargo de brindar seguridad y proteger el orden.
¿Cómo se puede exigir respeto hacia los efectivos cuando el mismísimo Intendente descalifica a sus jefes? Lunghi careció de diplomacia e, incluso, pecó de cierta liviandad a la hora de las críticas ya que dejó afuera a los jefes distrital y departamental, encargados de impartir las directivas a los comisarios.
Si bien aún no han realizado declaraciones formales, los funcionarios de la bonaerense cerraron filas en torno a lo que leyeron como un ataque que redunda en un quiebre de la confianza que la comunidad deposita en la policía.
De todos modos, se mostraron tranquilos con el desempeño de los comisarios e interpretaron que las rimbombantes palabras de Lunghi responden a que se transitan “tiempos electorales”.
El contexto es explosivo. La sociedad está harta del delito, pero también de los descargos a la hora de fijar las responsabilidades. Ante este panorama, correspondía lavar la ropa sucia en casa y preservar el menoscabado capital simbólico que todavía le queda a la policía como institución.
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