Creer o reventar
Afirman desde el entorno del Intendente, y hasta desde la oposición más cerrada, que el pediatra suele superar oscuros nubarrones merced exclusivamente a su buena estrella.
Los que adscriben a esta teoría se encargan de hurgar en el arcón de los actos de Gobierno para extraer de allí un sinnúmero de ejemplos que la fortalezcan.
Cierto es que la mayoría está ligada a meros guiños climáticos, o a cuestiones más bien superfluas, pero los hay también de mayor peso, como la financiación foránea de obras, algo impensado para las genuinas arcas municipales.
Sea como fuere, esta semana los brujos del gabinete lunghista estuvieron de parabienes. Justo en momentos en que la gestión enfrenta una ola de críticas por lo que tiene que ver con el gasto, y especialmente con las demandas salariales de los municipales, un pibe de apenas 20 años distrajo la atención y descomprimió todo.
Las febriles marchas de los trabajadores en defensa de sus legítimos derechos quedaron sepultadas bajo un alud pasional del que la ciudad no tenía registro.
Sí, Del Potro lo hizo. El tandilense, made in club Independiente, bajó nada menos que al 1 y 2 del mundo para quedarse con el Abierto de Estados Unidos, y sumar más minutos en los medios que el mismísimo y apurado debate por la Ley de Radiodifusión.
Conmovido, Tandil se puso a tono, como nunca, con el arte del agradecimiento a su hijo dilecto. Y barrió, por unas cuantas horas, la basura debajo de la alfombra.
En plena y molesta bisagra para la gestión, la ciudad -léase también Lunghi- fascinó al país y al mundo por obra y gracia de un muchacho al que le falta poco para los 21 años y los dos metros, y le sobra mucho de talento y esfuerzo.
Creer o reventar.
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