Cristina amenaza a los intendentes con quemar las naves
* Por Daniel Bilotta
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl duro mensaje de la presidente Cristina Fernández en Tecnópolis, calificado como “un desastre” por algunos intendentes cercanos al Gobierno que reclamaron anonimato, fue interpretado por ellos como una advertencia ante la eventual fuga del Frente para la Victoria hacia el Frente Renovado en la Tercera Sección Electoral, después que se esparciese desde allí el rumor de que varios ya habrían entablado negociaciones con Sergio Massa, el gran vencedor de las PASO en la provincia de Buenos Aires.
De ese estado general de sospecha sincerado con esa alocución ni siquiera quedaría librado Martín Insaurralde, su rival en la reciente competencia: Confinado aun papel tangencial en la campaña para internas abiertas, el miércoles 14 quedó en evidencia su visible incomodidad en el simulacro de rueda de prensa que protagonizó junto a Florencio Randazzo, otro cuyos pasos son seguidos de cerca desde que se incorporó al gabinete de ministros, como metáfora de la obsesión de la Casa Rosada por mantener bajo control al peronismo bonaerense y del déficit crónico de las expresiones afines en esa geografía.
Como el titular de la cartera de Interior y Transporte, al primer candidato a diputado nacional del oficialismo se le atribuye haber mantenido un breve contacto telefónico para saludar a Massa luego de su victoria la noche del mismo 11 de agosto, cuando el recuento de votos se convirtió en tendencia irreversible.
Tres días después, un artículo periodístico dio por cierta la conversación que Massa se encargó de desmentir un par de horas después del discurso de Cristina. Lo mismo hizo el entorno del intendente de Lomas de Zamora pero con matices. Si bien no fueron tajantes para descartarla por completo, la acotaron a la amistad que ambos mantienen desde hace 20 años, cuando Eduardo Duhalde habilitó un canal institucional para que dirigentes de la UPAU, brazo juvenil de la Ucedé de Álvaro Alsogaray, se alistasen formalmente en el PJ.
Aún con la derrota del oficialismo, Insaurralde goza de una posición privilegiada en la Tercera Sección Electoral. No solo por haber obtenido el mejor resultado para el oficialismo y logrado una de las tres mayores diferencias electorales de las PASO después de Tigre y Malvinas Argentinas.
De acuerdo a estadísticas oficiales, Lomas de Zamora fue el único distrito donde se registró una evolución positiva del voto acumulado entre 2009 y 2013, con un saldo a favor de siete puntos. El balance es negativo en el resto incluido Almirante Brown, gobernador por Rubén Darío Giustozzi, aliado de Massa en el Frente Renovador.
Datos que convalidarían una opinión creciente: Insaurralde es un potencial candidato a gobernador en cualquier escenario siempre que consiga retener esa posición dominante en el distrito y si el próximo 27 de octubre logra lo que no pudo el 11 de agosto: perforar el techo del 30 por ciento de los votos totales en la Provincia.
La paradoja es si la lista de diputados nacionales que lidera es la vía adecuada cuando la expectativa parece corrida de modo definitivo hacia Massa. Lo que procura establecer el oficialismo es si algún jefe comunal contribuyó a consolidar esa tendencia en la Tercera Sección, a partir de algunos resultados en apariencias contradictorios como los de Brandsen, Lobos, Ensenada, Punta Indio y Avellaneda donde las listas de los jefes comunales se impusieron a nivel local pero no en el orden nacional.
La unción de Insaurralde como referencia K no solo encontró reparos en sus competidores por el podio – Giustozzi y Fernando Espinoza, de La Matanza – sino en los jefes comunales de esos distritos, con un patrón común: su alineamiento absoluto con otro mandato constitucional para la Presidente y la baja adhesión de sus gestiones en la ciudadanía.
Lo mismo que la resistencia expresada por los intendentes de La Matanza, Quilmes y Ezeiza con sus candidaturas testimoniales halló buena acogida entre votantes que comienzan a expresar hartazgo frente a esas expresiones personalistas. Todos se impusieron por estrecho margen, como ocurrió con el ensayo de nepotismo en Esteban Echeverría y Almirante Brown, donde los alcaldes colocaron a parientes al tope de la lista de concejales.
Massa supo temprano que el fenómeno no haría excepciones con la suya: el sábado 10 sus voceros deslizaron que estaba al tanto de “los problemas” para Giustozzi. Metáfora para aludir a que los sondeos marcaban dificultades para repetir el 71 por ciento de los votos del 2011. El segundo de la lista de diputados del Frente Renovador se impuso de manera ajustada al Frente para la Victoria. 40 puntos contra 30.
Dar por agotado el ciclo de esas artimañas es la principal conclusión que se extrae en ambas facciones del peronismo. En especial, por el marcado contraste con las PASO de UNEN en la ciudad de Buenos Aires, que podría catapultarlo hacia el primer lugar en octubre.
Bajo esa expectativa, que da por seguro a Elisa Carrió, Julio Cobos y Hermes Binner dirimiendo por esa vía la candidatura presidencial del centro izquierda, es que la versión de un acuerdo en el mismo sentido entre Massa, Mauricio Macri y José Manuel de la Sota es visto como algo más que una hipótesis. El Frente para la Victoria quedaría condenado a librar también una donde, en principio, se anotaría Scioli. Massa apostaría a vaciarlo de intendentes antes de esa instancia y quitarle injerencia en la sucesión al frente del gobierno bonaerense.
Con sus palabras, Cristina habría confirmado que no será actor pasivo en este trámite y que el poder de daño, uno de los principales activos que conserva después de la derrota, está intacto. La ratificación del rumbo económico es leído por los intendentes como la aparente disposición a quemar las naves para infundir temor entre quienes podrían planear abandonarlas.
(*) Periodista especializado en temas del Conurbano
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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