Crítica: ?Contratiempo compartido?
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Al acercarnos al Club de Teatro a ver “Contratiempo Compartido”, sabemos que seguramente nos vamos a reír, porque para esta ocasión Marcela Juárez, Alejandra Casanova, Marcos Casanova y Pepo Sanzano se han reunido y comparten una historia que tiene mucho de cotidiana, pero también de desopilante.
Un matrimonio desgastado y una pareja que está “de trampa” se encuentran compartiendo, sin desearlo, un departamento en Cutral Có, donde han decidido pasar un fin de semana, alejados de sus residencias.
En un caso –el de Pepo y Alejandra- para escaparse de las miradas ajenas, en el otro –el de Marcos y Marcela-, para ponerle fin a una relación que no funciona más. Pero en ese encuentro, sucederá algo más.
Las parejas no son tan amigables como parecen, no son tan desconocidas como creen y no gozan de la tranquilidad que van a buscar.
Una zona sin señal de celular, una cámara de fotos que amenaza, una mujer maliciosa, la culpa que no cede y el odio que tiñe parte de la escena, son algunos de los elementos que se mezclan con disparatadas y numerosas ocurrencias, y la sensación de extrañeza que inunda el ambiente donde se desarrolla la historia.
La pareja que componen Norberto (Pepo Sanzano) y Elsa (Alejandra Casanova) despierta un sentimiento atiborrado de ternura y risa constante, ya que el fin de semana que esperaban pasar lejos de sus parejas, se ha visto interrumpido por la presencia de Mirta y Jorge, un matrimonio que, a las claras está a punto de encontrar su disolución y tiñe el ambiente de mal humor, sarcasmo y más de un secreto guardado, que poco a poco, irá saliendo a la luz.
En el contraste entre la picardía zonza de “Norberto”, la culpa de “Elsa” que ha planeado engañar a su marido; el exceso de energía y mordacidad de “Mirta” y el cansancio y odio de “Jorge” -su marido-, se va tejiendo una trama que sorprende y nos hace asombrar y reír constantemente.
El vestuario complementa la propuesta y marca un estilo en cada personaje: el “pavo” –en conjunto deportivo de frisa-, la “conservadora”-en impecable conjunto de un solo color-, la “adolescente sexy” –en calzas, botas y abrigo de piel- y el “amargado”, podrían resumir la imagen.
La escenografía, impecablemente diseñada, y luces hacen lo suyo, lo mismo que el sonido y la dirección.
No se puede dejar de mencionar el ritmo, que se mantiene constante durante toda la obra, donde el espectador esperará atento qué más va a pasar.
Magistrales actuaciones de los cuatro actores que, en conjunto, generan una magnífica energía a la que es difícil resistir.
Lo destacado: la desopilante escena de karaoke, donde cada uno de los actores interpreta una canción.
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