Críticas a médicos del Hospital tras el fallecimiento de un niño
Cecilia Sayago y su marido Norberto Rodríguez contaron la desgarradora historia de perder a su pequeño hijo de un año y denunciaron que el nene murió por la falta de capacitación y negligencia de los profesionales que trabajan en el Hospital de Niños.
Jeremías nació el 12 de octubre de 2010 y a pocas horas de su nacimiento descubrieron que tenía una cardiopatía congénita. Entonces lo tuvieron que trasladar al Hospital Ludovica, en La Plata, ya que era en el único lugar en el que podían realizarle la operación que necesitaba.
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Las vicisitudes de vivir en otra ciudad
“Nos explicaron que él iba a necesitar tres operaciones difíciles, que muy pocos sobrevivían. A los 10 días lo operaron, fue todo muy difícil porque la vida de él pendía de un hilo”, explicó Cecilia Sayago.
Y aseguró que “no recibimos ninguna ayuda del Municipio, no podíamos mantener el alquiler de acá y sobrevivir allá. Mi marido en ese momento se quedó sin empleo porque trabaja por día y los días que no trabaja no cobra, pero tampoco podía estar en Tandil pensando que el hijo se podía morir en cualquier momento”.
En el Hospital les permitían quedarse a los padres del nene pero no había lugar para la otra hija de ellos, que en ese momento tenía 5 años.
“Luciano Grasso (secretario de Salud del Municipio en ese momento) lo único que consiguió fue darnos mil pesos por única vez para que nos arregláramos hasta que el nene saliera, pero nos cobraban cien pesos por cada uno por noche, o sea que con los mil pesos no hacíamos nada. Nos tuvimos que arreglar con familia que teníamos en Capital y todos los días ir a las siete de la mañana, viajar dos horas, verlo a él, quedarnos todo el día y volver a las doce de la noche. Eso fue durante todo un mes”, aseguró.
Cuando al nene lo pasaron a sala común tomaron la decisión de que el padre y la nena regresaran a Tandil y Cecilia se quedó internada en el Hospital con Jeremías. Su marido comenzó a trabajar y enviarle el dinero para que se mantuviera allá con el nene.
“Yo estaba las 24 horas del día con él internada, con una silla al lado de la cuna. Me dijeron que no podían trasladarlo a Tandil porque el Hospital no estaba capacitado para tenerlo, y cualquier virus podía matarlo. Entonces me recomendaron que nos quedáramos allá hasta la segunda operación”, relató.
Y aseguró que “no recibimos ninguna ayuda del Municipio, no podíamos mantener el alquiler de acá y sobrevivir allá. Mi marido en ese momento se quedó sin empleo porque trabaja por día y los días que no trabaja no cobra, pero tampoco podía estar en Tandil pensando que el hijo se podía morir en cualquier momento”.
En el Hospital les permitían quedarse a los padres del nene pero no había lugar para la otra hija de ellos, que en ese momento tenía 5 años.
“Luciano Grasso (secretario de Salud del Municipio en ese momento) lo único que consiguió fue darnos mil pesos por única vez para que nos arregláramos hasta que el nene saliera, pero nos cobraban cien pesos por cada uno por noche, o sea que con los mil pesos no hacíamos nada. Nos tuvimos que arreglar con familia que teníamos en Capital y todos los días ir a las siete de la mañana, viajar dos horas, verlo a él, quedarnos todo el día y volver a las doce de la noche. Eso fue durante todo un mes”, aseguró.
Cuando al nene lo pasaron a sala común tomaron la decisión de que el padre y la nena regresaran a Tandil y Cecilia se quedó internada en el Hospital con Jeremías. Su marido comenzó a trabajar y enviarle el dinero para que se mantuviera allá con el nene.
“Yo estaba las 24 horas del día con él internada, con una silla al lado de la cuna. Me dijeron que no podían trasladarlo a Tandil porque el Hospital no estaba capacitado para tenerlo, y cualquier virus podía matarlo. Entonces me recomendaron que nos quedáramos allá hasta la segunda operación”, relató.
La recuperación
Jeremías salió bien de la primera operación y a los 5 meses le realizaron la segunda.
“Podía hacer una vida prácticamente normal hasta la tercera operación a los cuatro años y salió del Hospital cuando cumplió seis meses. Me tuve que quedar dos meses en Capital llevándolo todas las semanas a control en La Plata, permanecimos en la casa de una de mis hermanas. Se recuperó muy bien, empezó a crecer, estaba hermoso y nos dieron el alta”, contó.
Al regresar a Tandil consiguieron ayuda de Desarrollo Social para poder alquilar por un tiempo una casa con las condiciones que el nene necesitaba, es decir, sin humedad y con calefacción. Ni bien regresaron a la ciudad fueron a ver a la cardióloga Laura Rivas para informarle de la situación del nene y llevarle la historia clínica para que pudiera atenderlo ante cualquier eventualidad. Jeremías tenía un año y tres meses en ese momento.
“Podía hacer una vida prácticamente normal hasta la tercera operación a los cuatro años y salió del Hospital cuando cumplió seis meses. Me tuve que quedar dos meses en Capital llevándolo todas las semanas a control en La Plata, permanecimos en la casa de una de mis hermanas. Se recuperó muy bien, empezó a crecer, estaba hermoso y nos dieron el alta”, contó.
Al regresar a Tandil consiguieron ayuda de Desarrollo Social para poder alquilar por un tiempo una casa con las condiciones que el nene necesitaba, es decir, sin humedad y con calefacción. Ni bien regresaron a la ciudad fueron a ver a la cardióloga Laura Rivas para informarle de la situación del nene y llevarle la historia clínica para que pudiera atenderlo ante cualquier eventualidad. Jeremías tenía un año y tres meses en ese momento.
“Se estaba muriendo”
Todo marchaba bien hasta que un día, Cecilia lo llevó a la guardia porque estaba reticulado, es decir, tenía manchas en todo el cuerpo porque no le circulaba correctamente la sangre.
“Me atendió la doctora Nancy Guerrero, me aseguró que era la quinta enfermedad y que se le iba a ir sola. Yo me quedé tranquila, una semana después empezó con dolores de panza pero pensé que era porque tomaba mucha medicación por el corazón. Lo llevé con la doctora Rivas y le expliqué que estaba con mucho dolor de estómago. Me afirmó que el corazón estaba bien, le hizo una ecografía, y me dijo que estaba teniendo mala contractividad del corazón”, explicó.
Luego, le realizó una radiografía y le dijo que al parecer, el pequeño tenía neumonía. “Me parecía raro porque no tenía mocos, ni fiebre, ni vómitos, no tenía ningún síntoma. Le hizo una tomografía el doctor Martino y me aseguró que era neumonía. Me dijeron que lo iban a internar y trasladarlo a La Plata. Entonces, empezaron a desfilar los médicos, la doctora Mastropierro, la doctora Carbone, todas lo revisaban y me decían que no se escuchaba nada en los pulmones. Cada 5 minutos lo pinchaban, a todo esto yo tenía el bolso armado para ir a La Plata”, contó.
“La doctora Rivas lo internó y se fue, el nene cada vez estaba peor. Le pusieron una vía, los enfermeros lo pincharon 5 veces para encontrarle la vena, le empezaron a pasar líquido sin saturómetro porque no les funcionaba ninguno de los que tenían. Tenía puesta la bigotera del oxígeno, pero la enfermera se la había puesto a 15, cuando a un chico se la deben poner en 0,5 o 0,25 y a él le volaba el pelo de lo fuerte que estaba el oxígeno. La enfermera no tenía ni idea de lo que hacía, y Jere cada vez estaba peor”, recordó.
Después “la doctora Cecilia Olivera intentaba saturarlo pero no andaba ningún saturómetro, pero se notaba que no sabía lo que estaba haciendo porque le seguía mandando líquido, que eso no se puede hacer con un chico que es cardíaco, porque le hace mal. Se llenaba de agua y no podía respirar, cada una hora le mandaba líquido”.
“Eran las cinco de la tarde y la ambulancia todavía no había aparecido cuando nosotros nos internamos a las 10 de la mañana. Yo preguntaba y me decían que estaba pedida, que a más tardar a las ocho de la noche venía”, contó.
A continuación, “el doctor Mazza me dijo que había que canalizarlo para pasarle un medicamento para el corazón. A todo esto la doctora Olivera estaba con un librito leyendo qué le tenían que dar y cuántos miligramos. Empezaron a entrar médicos y el gordo llorando que ya estaba afónico de tanto que gritaba, lo quisieron canalizar de un lado no pudieron, entonces lo hicieron del otro lado”.
“Sale el médico y me dice: ´mamá ya lo canalizamos pero no sabemos si agarramos vena o arteria pero quedate tranquila porque con una radiografía nos damos cuenta´. Sale Nancy y le pregunta: ´¿Pero se le podía pasar el medicamento por arteria? Porque no sé si se podía´. No tenían ni idea de lo que estaban haciendo”, relató.
Cuando los autorizaron para ver al nene se encontraron con un terrible cuadro: “Estaba todo manchado de sangre, habían hecho un desastre, estaba todo hinchado, le explotaba la panza y tenía los párpados hinchados. Le dije a la doctora Silvina Minabarria: ´Está muy hinchado, le están pasando demasiado líquido y no puede respirar´ y me respondió ´¿no es así cachetón?´”.
“Vino otra doctora que me informó que habían llamado a La Plata y cambiaron todas las dosis. Entonces todas las anteriores se la estaban dando mal, yo no podía creer que se hubieran equivocado en eso. Fueron a pedir el medicamento para el corazón y no lo tenían, lo pidieron en la Clínica Chacabuco”, contó.
Al ver que el nene estaba cada vez peor, llamaron a la doctora Rivas, que llegó como una hora después. “Me dijo ´quedate tranquila que le vamos a dar esta medicación y va a estar mejor´ y se fue, siendo que es la única cardióloga que hay en el Hospital. Estábamos esperando la ambulancia pero nos dijeron que tenía que ir en avión, pero nos avisaron que el avión no iba a salir porque era de noche, por razones climáticas y porque no había piloto. Después nos dijeron que consiguieron el helicóptero pero que de noche no viajaba, así que había que esperar hasta el día siguiente. Y el nene se estaba muriendo”, lamentó.
Jeremías se descompensaba cada vez más y tuvieron que pedir un respirador al Hospital Ramón Santamarina.
“Como a las 11.30 la doctora Carbone y Minabarria nos dijeron que el nene había tenido dos paros cardíacos y que intentaron que saliera, vinieron y se quedaron sentadas sin hacer nada. Nosotros estábamos desesperados. Media hora después nos dijeron que había fallecido. Yo creo que ni siquiera le pusieron el respirador porque no lo vi en ningún momento”, expresó con dolor.
Todo marchaba bien hasta que un día, Cecilia lo llevó a la guardia porque estaba reticulado, es decir, tenía manchas en todo el cuerpo porque no le circulaba correctamente la sangre.
“Me atendió la doctora Nancy Guerrero, me aseguró que era la quinta enfermedad y que se le iba a ir sola. Yo me quedé tranquila, una semana después empezó con dolores de panza pero pensé que era porque tomaba mucha medicación por el corazón. Lo llevé con la doctora Rivas y le expliqué que estaba con mucho dolor de estómago. Me afirmó que el corazón estaba bien, le hizo una ecografía, y me dijo que estaba teniendo mala contractividad del corazón”, explicó.
Luego, le realizó una radiografía y le dijo que al parecer, el pequeño tenía neumonía. “Me parecía raro porque no tenía mocos, ni fiebre, ni vómitos, no tenía ningún síntoma. Le hizo una tomografía el doctor Martino y me aseguró que era neumonía. Me dijeron que lo iban a internar y trasladarlo a La Plata. Entonces, empezaron a desfilar los médicos, la doctora Mastropierro, la doctora Carbone, todas lo revisaban y me decían que no se escuchaba nada en los pulmones. Cada 5 minutos lo pinchaban, a todo esto yo tenía el bolso armado para ir a La Plata”, contó.
“La doctora Rivas lo internó y se fue, el nene cada vez estaba peor. Le pusieron una vía, los enfermeros lo pincharon 5 veces para encontrarle la vena, le empezaron a pasar líquido sin saturómetro porque no les funcionaba ninguno de los que tenían. Tenía puesta la bigotera del oxígeno, pero la enfermera se la había puesto a 15, cuando a un chico se la deben poner en 0,5 o 0,25 y a él le volaba el pelo de lo fuerte que estaba el oxígeno. La enfermera no tenía ni idea de lo que hacía, y Jere cada vez estaba peor”, recordó.
Después “la doctora Cecilia Olivera intentaba saturarlo pero no andaba ningún saturómetro, pero se notaba que no sabía lo que estaba haciendo porque le seguía mandando líquido, que eso no se puede hacer con un chico que es cardíaco, porque le hace mal. Se llenaba de agua y no podía respirar, cada una hora le mandaba líquido”.
“Eran las cinco de la tarde y la ambulancia todavía no había aparecido cuando nosotros nos internamos a las 10 de la mañana. Yo preguntaba y me decían que estaba pedida, que a más tardar a las ocho de la noche venía”, contó.
A continuación, “el doctor Mazza me dijo que había que canalizarlo para pasarle un medicamento para el corazón. A todo esto la doctora Olivera estaba con un librito leyendo qué le tenían que dar y cuántos miligramos. Empezaron a entrar médicos y el gordo llorando que ya estaba afónico de tanto que gritaba, lo quisieron canalizar de un lado no pudieron, entonces lo hicieron del otro lado”.
“Sale el médico y me dice: ´mamá ya lo canalizamos pero no sabemos si agarramos vena o arteria pero quedate tranquila porque con una radiografía nos damos cuenta´. Sale Nancy y le pregunta: ´¿Pero se le podía pasar el medicamento por arteria? Porque no sé si se podía´. No tenían ni idea de lo que estaban haciendo”, relató.
Cuando los autorizaron para ver al nene se encontraron con un terrible cuadro: “Estaba todo manchado de sangre, habían hecho un desastre, estaba todo hinchado, le explotaba la panza y tenía los párpados hinchados. Le dije a la doctora Silvina Minabarria: ´Está muy hinchado, le están pasando demasiado líquido y no puede respirar´ y me respondió ´¿no es así cachetón?´”.
“Vino otra doctora que me informó que habían llamado a La Plata y cambiaron todas las dosis. Entonces todas las anteriores se la estaban dando mal, yo no podía creer que se hubieran equivocado en eso. Fueron a pedir el medicamento para el corazón y no lo tenían, lo pidieron en la Clínica Chacabuco”, contó.
Al ver que el nene estaba cada vez peor, llamaron a la doctora Rivas, que llegó como una hora después. “Me dijo ´quedate tranquila que le vamos a dar esta medicación y va a estar mejor´ y se fue, siendo que es la única cardióloga que hay en el Hospital. Estábamos esperando la ambulancia pero nos dijeron que tenía que ir en avión, pero nos avisaron que el avión no iba a salir porque era de noche, por razones climáticas y porque no había piloto. Después nos dijeron que consiguieron el helicóptero pero que de noche no viajaba, así que había que esperar hasta el día siguiente. Y el nene se estaba muriendo”, lamentó.
Jeremías se descompensaba cada vez más y tuvieron que pedir un respirador al Hospital Ramón Santamarina.
“Como a las 11.30 la doctora Carbone y Minabarria nos dijeron que el nene había tenido dos paros cardíacos y que intentaron que saliera, vinieron y se quedaron sentadas sin hacer nada. Nosotros estábamos desesperados. Media hora después nos dijeron que había fallecido. Yo creo que ni siquiera le pusieron el respirador porque no lo vi en ningún momento”, expresó con dolor.
“Volví a Tandil para perderlo”
Después de todo lo sucedido, Cecilia fue al Hospital Ludovica a contarle todo a los médicos y mostrarles los papeles.
“No podían creer que el nene estuviera en esa situación porque cuando ellos le dieron el alta estaba bárbaro y sabían cómo yo lo cuidaba. El médico del Ludovica me dijo ´lo que te puedo decir es que se confiaron de que el nene estaba bien, se dejaron estar. Si vos a la hora ves que no se recuperó, lo mandás para acá, como sea, porque la cardiopatía de él es bastante severa, tendrían que haberlo mandado urgente´. Y me dijeron que a un nene cardíaco no se le puede poner tanta cantidad de líquido, porque lo retiene y se le va al corazón o a los pulmones y se muere”, manifestó.
A su vez, añadió que “la persona más capacitada, la doctora Rivas, se fue, lo dejó. Siempre me quedó la duda de qué hubiera pasado si lo hubieran trasladado. En La Plata me dijeron ´tal vez el desenlace hubiera sido el mismo, pero vos te hubieses quedado tranquila de que nosotros íbamos a hacer todo por él´”.
“Yo no tengo nada contra el Hospital pero tengo todo contra los médicos porque no tienen interés de capacitarse, no saben qué hacer con una urgencia. Acá con la salud vamos mal, quiero hacer algo para que esto no vuelva a pasar y cuando leí en El Eco de Tandil el caso de Morena fue tal cual lo que nos pasó a nosotros. El abc de ellos les está funcionando mal porque no puede ser que todos los chicos terminen de la misma manera. En el Hospital de Niños los médicos son un desastre, del primero al último”, cuestionó.
Y añadió que “desgraciadamente el que no se traslada no sobrevive, el Intendente dice que puso un helicóptero para los traslados, pero en ese momento no apareció”.
“A mi hijo no me lo va a devolver nadie pero quiero que no vuelva a pasar. Cada vez hay más casos de negligencias. Las cosas siguen pasando, mi hijo la luchó y salió adelante y después de tanta lucha volví a Tandil, ilusionada, sólo para perderlo. Si me hubiese quedado en La Plata quizás hoy lo tendría”, expresó con dolor.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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