Crónica de una pandemia anunciada (y una reacción tardía)
Mientras nuestros gobernantes y políticos se entretenían mirándose en Showmatch y sin mencionar jamás la presencia de la Gripe A H1N1 en la Argentina, los habitantes de la ciudad de Buenos Aires y la zona metropolitana y el resto del país, permanecen a la espera de que alguien, a esta altura de su desarrollo, tome decisiones y se ocupe seriamente de la situación.
Hasta ahora, los profesionales de la salud desde sus trincheras, sus lugares de trabajo, se han debatido en soledad y cara a cara con el virus, que avanza entre la población como reguero de pólvora, aprovechando que quienes tienen el deber de proteger, contener a los ciudadanos – el Estado- están ocupados y preocupados por las encuestas y seguir con la campaña hasta el último minuto, en lugar de tomar cartas en el asunto. Todos, esperamos, rogamos que se bajen del limbo y que con los pies en la tierra, se sinceren con la población y le digan la verdad, que fue ocultada, minimizada y con gran displicencia, tratada; para llevarnos a lo que es hoy, una situación insostenible y de impredecible desarrollo, que podía haberse controlado si se hubieran tomado medidas pertinentes a su debido tiempo. Porque no fue una sorpresa.
Los comicios tienen fecha de vencimiento; las cartas se mostrarán en la gran mesa y no se podrá barajar y dar de nuevo en lo inmediato pero lo que no tiene fecha de vencimiento, es el virus que llegó en avión, desde el norte y que ahora, se traslada en colectivo y trenes y se difunde en recitales, en reuniones sociales, colegios, en viajes de egresados y demás. Está claro, que son estos convites que el virus no dejará de aceptar, por la manera en que se le están facilitando las cosas.
En el medio, la gente, que hasta hace un par de semanas miraba los sucesos con la pasmosa indiferencia que otorga ese sentimiento que suele caracterizar a los argentinos y de los que no escapan los tandilenses, que es el de la omnipotencia.
Todo esto, sumado a algunos llamados desesperados pidiendo a las mamás que ?no llevaran a sus hijos a la Guardia? porque la ?Guardia? no era para eso, hizo que la gente, que todos nosotros que dependemos de lo que ?los que saben nos dicen? nos sintiéramos cada vez más vulnerables, confusos y sin contención. Por otro lado, en algunos sectores se creó una suerte de espíritu de triunfalismo sobre el virus cuando este llegó al país, por lo que desde el oficialismo se informaba. No había que alarmarse, el virus llegó benigno.
?No pasa nada. Es benigno??. Tan benigno que ahora estamos todos asustados. Y no está mal, estar un poco asustados porque si bien el pánico no es nunca un buen consejero, tampoco lo es y me atrevería a decir que es peor, ese sentimiento de todopoderosos que muchas veces nos envuelve. Tal vez un poco de susto haga recapacitar a los más incrédulos.
Señores, hemos estado mirando la realidad, nuevamente, de soslayo. Les pasaba a otros. Total era en otro lado; después, era en Buenos Aires pero ahora, ¿ahora qué? Ahora, a dejar esa actitud de recoger los hombros y seguir en nuestras cosas. De tomarlas en serio y dejar de tratar en forma burlona a todos aquellos (la mayoría mamás) que desde el principio estábamos preocupadas por la llegada de esta influenza y concurrimos al médico, soportando todo tipo de comentarios sobre nuestra ?psicosis irresponsable?.
Ser gobierno es ser líder y ser líder, es poder tomar decisiones
Ojalá, digo hoy, el Estado hubiera leído en serio la crónica de esta influenza anunciada y hubiera reaccionado a tiempo. Ojalá hubiera consultado con el gobierno mexicano, por ejemplo, que no estuvo entretenido con un programa de televisión y monitoreando encuestas sino que asumió sus deberes de líder, porque eso es en realidad lo que elegimos cuando elegimos a quienes deben gobernarnos. Líderes que tomen decisiones, que se animen, que se atrevan, aunque se consideren medidas antipáticas, políticamente incorrectas para los intereses particulares pero correctas para los intereses de la salud de los habitantes de cada una de las ciudades.
Profesionales del conurbano pidieron a gritos que se declarara la emergencia sanitaria. No dan abasto. El propio jefe de Infectología del Hospital Gutiérrez dijo a los medios que si hubiera sido por él, ya hubiera pedido que dejaran de realizarse viajes de egresados al sur (donde aún no hay casos declarados, salvo Tierra del Fuego) y otras situaciones que conglomere gente. Y también agregó, que la mejor prevención era la consulta precoz mientras desde otros ámbitos, se invitaba a no concurrir a los centros asistenciales si no estaban seguros (¿y cómo estarlo? Para eso están nuestros médicos) y manifiestan que también se muere de otras cosas… Y desde otros, no se ha escuchado ni una palabra. Sólo interesa llegar al 28 J.
Se rumorea y muy fuertemente que del día después, se tomarían drásticas medidas de contención para evitar el contagio, con el cierre temporal de lugares de concurrencia masiva, como colegios, shoppings, cines y recitales. Es que los partes diarios del Ministerio de Salud de la Nación, son cada vez más contundentes, como la realidad inocultable y los son todavía más, las cifras no oficiales que triplican y hasta cuadriplican las mismas. Es que el hisopado no se hace en todos los casos y cuando se hace, por el colapsado Instituto Malbrán, también llegan tarde.
?La Federación Sindical Profesionales de la Salud de la República Argentina (Fesprosa) ?informan los medios- envió un comunicado a la cartera de Salud nacional en el que solicitó que se declare la Emergencia Sanitaria en el país, así como también participar de las reuniones de comité de crisis, que encabeza el jefe de Gabinete, Sergio Massa?.
Ojalá el sentido común comience de una vez por todas a prevalecer sobre el de la omnipotencia, sobre el de los intereses creados. Y aunque para los que las muertes que la Gripe A trajo tiene nombre, apellido y lágrimas de proyectos truncados sea tarde, es necesario que cada uno en esta triste historia anunciada e ignorada, se haga cargo del lugar que ocupa y accione y reaccione en consecuencia. ¿O será mucho pedir?
Y haré mía una frase que el director de Desarrollo Social, Julio Elichiribehety ha usado en más de una ocasión cuando hablábamos de prevención: ?No se puede medir lo que se ha evitado, lo que no ha sucedido, por haber hecho prevención?. Lamentablemente, tal vez estemos a las puertas de saber y poder medir, lo que se hubiera podido evitar y no se hizo.
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