Cuando la violencia de género toca la carne familiar
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El día 13 de octubre una ciudadana tandilense, una joven familiar mía, mi prima, sufrió una tremenda golpiza por parte de su pareja.
Hubo anteriores, que, como víctima típica, ella no denunció. Denunció esta última, de las tantas sufridas, el 13 de este mes en una UFI de Tandil como “lesiones y amenazas” encartada a través de denuncia policial en la Comisaría de la Mujer.
Ella y nosotros, su familia, estamos asustados, por la violencia y los hechos, ella todavía está… Ella podría ya no estar, como se lo vociferó a su madre este “Minotauro”.
El hombre deambula impune, seguro, esperándola en cualquier esquina de los laberintos perversos que le ha creado desde hace años… No pedimos que la capitana de la Comisaría de la Mujer, ni la Sra. jueza del Tribunal de Familia ni el Sr. fiscal, a lo “Teseo”, le arranquen un cuerno y lo maten, como a la bestia mitológica. Queremos que el asunto sea tomado con el carácter de la gravedad que tiene y bajo el tenor de peligro de vida en que se encuentra esta mujer de tan sólo 28 años.
Los hechos privados e íntimos, la psicología o el espectro enfermo “vincular” no deben parar el laberinto “legal” que encierra a este hombre tan violento, capaz de lastimar a una mujer de esta forma y luego decirle a su madre que la podría haber devuelto dentro de una bolsa, muerta…
Lo judicial institucional es el revés familiar del pensamiento propio y/o de la propia mano, para nuestra familia, revés que dejamos a las instituciones y nos entregamos en sus manos, nuestro puño es “la familia y esta mujer”, nuestro cuerno el amor y mi anhelo: la lejanía de este monstruo como tantos otros.
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