Cuando las paredes son de recuerdos
Más de cuarenta años “registrados”
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email
Se llama Diana Lynch, una mujer cálida y agradable. Trabajó más de cuarenta años en el Registro Civil del barrio de Villa Italia. Hoy, habiéndose retirado hace algunos años, comparte el libro de oro de su historia: todos y cada uno de los recuerdos desde el primer día hasta el último, esos que se llevará consigo para el resto de su vida.
Pocas profesiones tocan tantas vidas como la de la responsable de un Registro Civil. Ella vio nacer, vio crecer, vio perder, vio amar y separar. Durante sus años de profesión no sólo fue responsable de los trámites, sino que conoció historias, personas, situaciones, vivió experiencias difíciles y gratificantes, se comprometió, cumplió. Y hoy recuerda su paso por el Registro Civil del emblemático barrio de Villa Italia, un lugar con historia, una historia compartida.
Se llama Diana Lynch, una mujer tandilense con una sonrisa contagiosa, cálida y agradable. Pese a los vaivenes de la vida y de las distintas épocas, ella se desarrolló por más de cuarenta años en su profesión. Formó una familia. Vivió y creció colmándose del amor de sus seres queridos y de la gente de Tandil.
Hoy, habiéndose retirado hace algunos años, comparte junto con La Vidriera, el libro de oro de su historia: todos y cada uno de los recuerdos desde el primer día hasta el último, ésos que se llevará consigo para el resto de su vida y de los cuales –sin lugar a dudas- está enormemente orgullosa.
Se llama Diana Lynch, una mujer tandilense con una sonrisa contagiosa, cálida y agradable. Pese a los vaivenes de la vida y de las distintas épocas, ella se desarrolló por más de cuarenta años en su profesión. Formó una familia. Vivió y creció colmándose del amor de sus seres queridos y de la gente de Tandil.
Hoy, habiéndose retirado hace algunos años, comparte junto con La Vidriera, el libro de oro de su historia: todos y cada uno de los recuerdos desde el primer día hasta el último, ésos que se llevará consigo para el resto de su vida y de los cuales –sin lugar a dudas- está enormemente orgullosa.
Los inicios
-¿Cómo fueron sus comienzos en el Registro Civil?
-Recuerdo que fue un día muy frío, un 6 de julio de 1964. Fue allí cuando empecé a escribir mi historia en el Registro Civil (Registro Provincial de las Personas Villa Italia), en la calle Vicente López 575, en la casa de la familia López-Crisalli. Llegué con mucho temor, temor a lo nuevo, a lo desconocido, a un nuevo trabajo. El primero había sido en la curtiembre Keffka, como jefa, donde trabajé con mi padre Oscar Jesús Lynch, quien me enseñó valores como la conducta del trabajo, la responsabilidad, el cumplimiento, el respeto al otro, la ética; cualidades que me acompañaron toda la vida en mi quehacer diario. Volviendo al Registro Civil, me acuerdo que tenía que presentarme a trabajar a las 12, por supuesto fui diez minutos antes. Llamé y salió un señor que parecía un actor de cine con saco azul, moño al tono, camisa y pantalón claro. Le di un telegrama que traía en mi mano y él me dijo “encantado, soy el jefe, el doctor Osvaldo Gutiérrez”. Una persona que admiré y respeté durante toda mi carrera registral, un gran amigo junto a su señora y sus hijos, a quienes también quiero mucho. Siguió con las presentaciones el señor Rodolfo Roca, subjefe y el jefe de personal, y Andrés Remazzina, encargado de documentación, estos dos últimos fallecidos también grandes amigos y dos empleadas que nos seguimos viendo en la actualidad y somos amigas, Francy Massaro y Beatriz Delli Antoni. Recuerdo que estaba parada, no sabía si moverme o qué hacer, hasta que corté el frío y me animé a preguntarle al doctor Gutiérrez qué hacer. Me contestó “el señor Roca te va a indicar, tenés que hacer testimonios, ¿sabés qué es?”, le dije que sí, que era la copia literal de las actas, dado que lo había leído y estudiado para el examen y me lo habían preguntado entre otras cosas; era copiar íntegro todo el acta sin ningún error, no se podía borrar y se hacía a mano con tinta y pluma cucharita y, para colmo, lo que me dieron era un testimonio de Matrimonio y con Marginal, los más largos. Empecé, yo no levantaba la cabeza, sólo escribía. Cuando hacía casi dos horas, el señor Roca me dijo que descansara, levanté la cabeza, lo miré y le dije “está bien señor”, y seguí. Yo pensaba para mí: “recién hace dos horas que estoy trabajando, ¿cómo voy a descansar?”. Al terminar la jornada había copiado tres testimonios y me los controlaron, no tenía ni un error. Ahí respiré, entonces el señor Roca me dijo: “Pasaste la prueba chiquita, hiciste esto, lo demás va a ser más fácil”.
-Recuerdo que fue un día muy frío, un 6 de julio de 1964. Fue allí cuando empecé a escribir mi historia en el Registro Civil (Registro Provincial de las Personas Villa Italia), en la calle Vicente López 575, en la casa de la familia López-Crisalli. Llegué con mucho temor, temor a lo nuevo, a lo desconocido, a un nuevo trabajo. El primero había sido en la curtiembre Keffka, como jefa, donde trabajé con mi padre Oscar Jesús Lynch, quien me enseñó valores como la conducta del trabajo, la responsabilidad, el cumplimiento, el respeto al otro, la ética; cualidades que me acompañaron toda la vida en mi quehacer diario. Volviendo al Registro Civil, me acuerdo que tenía que presentarme a trabajar a las 12, por supuesto fui diez minutos antes. Llamé y salió un señor que parecía un actor de cine con saco azul, moño al tono, camisa y pantalón claro. Le di un telegrama que traía en mi mano y él me dijo “encantado, soy el jefe, el doctor Osvaldo Gutiérrez”. Una persona que admiré y respeté durante toda mi carrera registral, un gran amigo junto a su señora y sus hijos, a quienes también quiero mucho. Siguió con las presentaciones el señor Rodolfo Roca, subjefe y el jefe de personal, y Andrés Remazzina, encargado de documentación, estos dos últimos fallecidos también grandes amigos y dos empleadas que nos seguimos viendo en la actualidad y somos amigas, Francy Massaro y Beatriz Delli Antoni. Recuerdo que estaba parada, no sabía si moverme o qué hacer, hasta que corté el frío y me animé a preguntarle al doctor Gutiérrez qué hacer. Me contestó “el señor Roca te va a indicar, tenés que hacer testimonios, ¿sabés qué es?”, le dije que sí, que era la copia literal de las actas, dado que lo había leído y estudiado para el examen y me lo habían preguntado entre otras cosas; era copiar íntegro todo el acta sin ningún error, no se podía borrar y se hacía a mano con tinta y pluma cucharita y, para colmo, lo que me dieron era un testimonio de Matrimonio y con Marginal, los más largos. Empecé, yo no levantaba la cabeza, sólo escribía. Cuando hacía casi dos horas, el señor Roca me dijo que descansara, levanté la cabeza, lo miré y le dije “está bien señor”, y seguí. Yo pensaba para mí: “recién hace dos horas que estoy trabajando, ¿cómo voy a descansar?”. Al terminar la jornada había copiado tres testimonios y me los controlaron, no tenía ni un error. Ahí respiré, entonces el señor Roca me dijo: “Pasaste la prueba chiquita, hiciste esto, lo demás va a ser más fácil”.
-¿Cómo fue al día siguiente?
-Al otro día aprendí a hacer enrolamientos, que consistía en enrolar al ciudadano masculino a los 18 años; se le tomaban todas las señas particulares visibles: color de ojos, altura, tez, rasgos personales, y se le preguntaba si sabía conducir y andar a caballo. Ahí llegó mi primera anécdota. Recuerdo cuando le pregunté a un hombre si sabía andar a caballo, y un señor mayor que lo acompañaba me dijo: “¡Cómo no va a saber andar a caballo, acá tiene la foto para poner en la papeleta a caballo y con el tordillo de la casa!”. El señor no quería entender que no se podía poner esa foto y vino el señor Remazzina y con toda la energía le dijo “¿No escuchó? Eso no sirve, tiene que ser de 6×4, con saco y corbata”. Se fueron enfurecidos y yo mirándolos, pero ese día yo ya había aprendido hacer enrolamientos y tomar impresiones digitales, tarea que siempre me gustó y gracias a Remazzina aprendí muy bien. No es fácil tomar unas buenas huellas dactilares. Luego, se hacían cinco planillas, todo manuscrito y se llevaban al Distrito Militar 23, en Yrigoyen y Sarmiento, y se entregaban a Antonio Montaruli y al señor Madarieta, hoy fallecido, también dos grandes amigos que coseché en mi larga carrera.
-Al otro día aprendí a hacer enrolamientos, que consistía en enrolar al ciudadano masculino a los 18 años; se le tomaban todas las señas particulares visibles: color de ojos, altura, tez, rasgos personales, y se le preguntaba si sabía conducir y andar a caballo. Ahí llegó mi primera anécdota. Recuerdo cuando le pregunté a un hombre si sabía andar a caballo, y un señor mayor que lo acompañaba me dijo: “¡Cómo no va a saber andar a caballo, acá tiene la foto para poner en la papeleta a caballo y con el tordillo de la casa!”. El señor no quería entender que no se podía poner esa foto y vino el señor Remazzina y con toda la energía le dijo “¿No escuchó? Eso no sirve, tiene que ser de 6×4, con saco y corbata”. Se fueron enfurecidos y yo mirándolos, pero ese día yo ya había aprendido hacer enrolamientos y tomar impresiones digitales, tarea que siempre me gustó y gracias a Remazzina aprendí muy bien. No es fácil tomar unas buenas huellas dactilares. Luego, se hacían cinco planillas, todo manuscrito y se llevaban al Distrito Militar 23, en Yrigoyen y Sarmiento, y se entregaban a Antonio Montaruli y al señor Madarieta, hoy fallecido, también dos grandes amigos que coseché en mi larga carrera.
-¿Y en el caso de las mujeres?
-A las mujeres se les hacía la Libreta Cívica y los trámites eran enviados al Registro Nacional, ubicado en Perón 666, en Buenos Aires.
-A las mujeres se les hacía la Libreta Cívica y los trámites eran enviados al Registro Nacional, ubicado en Perón 666, en Buenos Aires.
-¿Cómo siguió su labor los años siguientes?
-Al poco tiempo de empezar a trabajar sabía hacer todos los trabajos y ya me llevaba el doctor Gutiérrez a celebrar matrimonios. Me encantó hacer esa tarea y aprender a celebrar las bodas. Yo siempre antes de los matrimonios, recuerdo que limpiaba, enceraba, ponía flores, quería que todo estuviese acorde con la ceremonia.
-Al poco tiempo de empezar a trabajar sabía hacer todos los trabajos y ya me llevaba el doctor Gutiérrez a celebrar matrimonios. Me encantó hacer esa tarea y aprender a celebrar las bodas. Yo siempre antes de los matrimonios, recuerdo que limpiaba, enceraba, ponía flores, quería que todo estuviese acorde con la ceremonia.
Los avances
-¿Cómo fue la aparición del Documento Nacional de Identidad?
– Fue en el año 1968 que nació el DNI para todos los ciudadanos desde el momento de su nacimiento. Se les entregaba una tarjeta verde con vencimiento a los 8 años, después vendría ya el DNI como hasta la fecha. Luego, recuerdo que se incorporaron en el Registro Civil, Dora Roca, trasladada del Ministerio de Asuntos Agrarios; Mabel Gasparotto de Banfield; Antonio Quiroga de San Manuel; y Atilio Rodríguez de Ayacucho (estos últimos ya fallecidos). En 1969 se traslada de Villa Italia por falta de espacio físico a 9 de Julio y Arana, la casa de la familia de Rubén Islas.
– Fue en el año 1968 que nació el DNI para todos los ciudadanos desde el momento de su nacimiento. Se les entregaba una tarjeta verde con vencimiento a los 8 años, después vendría ya el DNI como hasta la fecha. Luego, recuerdo que se incorporaron en el Registro Civil, Dora Roca, trasladada del Ministerio de Asuntos Agrarios; Mabel Gasparotto de Banfield; Antonio Quiroga de San Manuel; y Atilio Rodríguez de Ayacucho (estos últimos ya fallecidos). En 1969 se traslada de Villa Italia por falta de espacio físico a 9 de Julio y Arana, la casa de la familia de Rubén Islas.
-En aquella época había muchos inmigrantes, ¿recuerda de dónde eran?
-Sí, documenté a cientos de inmigrantes italianos, familias enteras, españolas, árabes, suizos, alemanes, etc. Legado que me dejó Andrés Remazzina al irse a La Plata a trabajar al Registro Provincial. Después llegaron las radicaciones a los chilenos, bolivianos, brasileños, paraguayos; todos indocumentados. Siempre todo se hacía a mano y por cada trámite hasta 8 o más formularios, era una tarea dura pero agradable de conocer tanta gente y con tantas historias de la guerra y de sus países. Ahora está todo computarizado, los tiempos cambiaron.
-Sí, documenté a cientos de inmigrantes italianos, familias enteras, españolas, árabes, suizos, alemanes, etc. Legado que me dejó Andrés Remazzina al irse a La Plata a trabajar al Registro Provincial. Después llegaron las radicaciones a los chilenos, bolivianos, brasileños, paraguayos; todos indocumentados. Siempre todo se hacía a mano y por cada trámite hasta 8 o más formularios, era una tarea dura pero agradable de conocer tanta gente y con tantas historias de la guerra y de sus países. Ahora está todo computarizado, los tiempos cambiaron.
-¿Solamente se hacía el trámite en el Registro Civil?
-No, por años fui a las escuelas. Después del horario del Registro a documentar a todos los niños que no poseían el documento. La cooperadora les sacaba la foto y la Asistente Social solicitaba una nota al Municipio y se hacían los trámites, se documentaron miles de niños en las escuelas.
-No, por años fui a las escuelas. Después del horario del Registro a documentar a todos los niños que no poseían el documento. La cooperadora les sacaba la foto y la Asistente Social solicitaba una nota al Municipio y se hacían los trámites, se documentaron miles de niños en las escuelas.
-¿Cómo fue la década del 70, teniendo en cuenta el contexto político-social del país?
-En 1970, se crearon las jefaturas zonales y ganó la Zona XI, que pertenecía a Tandil y quedaron 6 delegaciones más a cargo del doctor Osvaldo Gutiérrez. Ya el señor Roca se encontraba enfermo y quedé yo como jefa interina de la Delegación. Al año siguiente, llegó como jefe el señor Rubén Bertini, y en 1977 se cerraron los Registros Civiles y las Zonas, sólo quedó uno en cada ciudad. De todos, la única sobreviviente –según decía Gutiérrez- era yo. Fui trasladada a la calle Chacabuco, frente a la plaza, donde me recibieron muy bien. En fin, hice un nuevo grupo de trabajo y muy bueno.
Las dos caras de la moneda
-En 1970, se crearon las jefaturas zonales y ganó la Zona XI, que pertenecía a Tandil y quedaron 6 delegaciones más a cargo del doctor Osvaldo Gutiérrez. Ya el señor Roca se encontraba enfermo y quedé yo como jefa interina de la Delegación. Al año siguiente, llegó como jefe el señor Rubén Bertini, y en 1977 se cerraron los Registros Civiles y las Zonas, sólo quedó uno en cada ciudad. De todos, la única sobreviviente –según decía Gutiérrez- era yo. Fui trasladada a la calle Chacabuco, frente a la plaza, donde me recibieron muy bien. En fin, hice un nuevo grupo de trabajo y muy bueno.
Las dos caras de la moneda
-¿Cómo fue recibir y anotar a los recién nacidos?
-Anoté miles y miles de nacimientos, lo más lindo del Registro Civil fue cuando iban con los bebés, tenerlos en brazos, todos son preciosos. Anoté muchos mellizos, trillizos, cuatrillizos y quintillizos. Hoy, algunos hombres y mujeres.
-Anoté miles y miles de nacimientos, lo más lindo del Registro Civil fue cuando iban con los bebés, tenerlos en brazos, todos son preciosos. Anoté muchos mellizos, trillizos, cuatrillizos y quintillizos. Hoy, algunos hombres y mujeres.
-¿Y qué fue lo más feo en toda su trayectoria?
-Lo más triste de la tarea registral son las defunciones, cuando un padre pierde a un hijo bebé, niño, adulto, a un ser querido es muy triste. Ahí estaba yo tratando de ayudar en lo poco que estaba a mi alcance y entre tanta desgracia. Desgraciadamente los papeles son fríos y no perdonan. También recuerdo muchas noches en deshoras de la oficina cuando había que hacer un traslado de un fallecido. Recuerdo una noche, murió un aviador en un accidente y tenía que trasladarlo a Córdoba, era la una de la mañana y me vino a buscar a casa un gran amigo empleado de Manna, Manuel Farcy. Levantamos a mi hija, la envolvimos en una frazada y nos fuimos a hacer el traslado al Registro Civil. No era mi obligación a esa hora ni la de Manuel, pero lamentablemente habían perdido al familiar y tenían que esperar hasta el otro día para llevar el cuerpo. Eso era terrible, y así siempre que pasaba algo, estaba yo.
-Lo más triste de la tarea registral son las defunciones, cuando un padre pierde a un hijo bebé, niño, adulto, a un ser querido es muy triste. Ahí estaba yo tratando de ayudar en lo poco que estaba a mi alcance y entre tanta desgracia. Desgraciadamente los papeles son fríos y no perdonan. También recuerdo muchas noches en deshoras de la oficina cuando había que hacer un traslado de un fallecido. Recuerdo una noche, murió un aviador en un accidente y tenía que trasladarlo a Córdoba, era la una de la mañana y me vino a buscar a casa un gran amigo empleado de Manna, Manuel Farcy. Levantamos a mi hija, la envolvimos en una frazada y nos fuimos a hacer el traslado al Registro Civil. No era mi obligación a esa hora ni la de Manuel, pero lamentablemente habían perdido al familiar y tenían que esperar hasta el otro día para llevar el cuerpo. Eso era terrible, y así siempre que pasaba algo, estaba yo.
Los últimos años
-¿Cómo renació el Registro Civil en aquellos tiempos?
-En 1984 se abrieron nuevamente los Registros Civiles, se reabrió el de Villa Italia y de La Plata me mandaron de jefa. Volví contenta a mi lugar, a mi querida Villa Italia, la que caminé tantos años, y quise y quiero a su gente. Nuevamente me quedé sola en el Registro por casi un año hasta que vino Ethel Serrano y ocupó el lugar de segunda jefa; Susana Serra (fallecida) y Gladys Bogado de La Plata. La oficina se abrió en Quintana 694, el espacio físico era muy reducido y nos trasladamos a Dinamarca 675, a la casa de la familia de Carlos Fernández (fallecido), un lugar muy confortable. En esa época ya se hablaba de hacer el Centro Cívico, que se inauguró a los años y es donde hoy funciona la delegación municipal y el Registro Civil Villa Italia.
-En 1984 se abrieron nuevamente los Registros Civiles, se reabrió el de Villa Italia y de La Plata me mandaron de jefa. Volví contenta a mi lugar, a mi querida Villa Italia, la que caminé tantos años, y quise y quiero a su gente. Nuevamente me quedé sola en el Registro por casi un año hasta que vino Ethel Serrano y ocupó el lugar de segunda jefa; Susana Serra (fallecida) y Gladys Bogado de La Plata. La oficina se abrió en Quintana 694, el espacio físico era muy reducido y nos trasladamos a Dinamarca 675, a la casa de la familia de Carlos Fernández (fallecido), un lugar muy confortable. En esa época ya se hablaba de hacer el Centro Cívico, que se inauguró a los años y es donde hoy funciona la delegación municipal y el Registro Civil Villa Italia.
-Toda una historia en el Registro Civil…
-Sí, esta es una parte de mi historia allí, a veces estaba hasta diez horas en la oficina. Hasta que no firmaba, controlaba todo y labraba todas las actas no me iba a mi casa. Recuerdo que mi hermano siempre me decía: “a vos no te van a regalar el Registro Civil de Oro”; tal vez fue cierto. Sin embargo, después de 46 años como empleada registral de parte de mi Dirección General no me mandaron ni siquiera un memorándum con un saludo o una medalla de lata; pero tengo la tranquilidad y la seguridad que hice bien las cosas y todo lo hice por el público que concurría a diario, y ahora tengo ese cariño, el del público. Creo que eso no es poco, para mí vale más que todo el oro del mundo. Agradezco el reconocimiento que me hicieron el intendente Miguel Lunghi y el Concejo Deliberante por mi trayectoria, eso fue muy lindo.*
-Sí, esta es una parte de mi historia allí, a veces estaba hasta diez horas en la oficina. Hasta que no firmaba, controlaba todo y labraba todas las actas no me iba a mi casa. Recuerdo que mi hermano siempre me decía: “a vos no te van a regalar el Registro Civil de Oro”; tal vez fue cierto. Sin embargo, después de 46 años como empleada registral de parte de mi Dirección General no me mandaron ni siquiera un memorándum con un saludo o una medalla de lata; pero tengo la tranquilidad y la seguridad que hice bien las cosas y todo lo hice por el público que concurría a diario, y ahora tengo ese cariño, el del público. Creo que eso no es poco, para mí vale más que todo el oro del mundo. Agradezco el reconocimiento que me hicieron el intendente Miguel Lunghi y el Concejo Deliberante por mi trayectoria, eso fue muy lindo.*
El matrimonio
Entre uno de sus principales recuerdos, Lynch rememora su matrimonio. Sí, llegaba el momento en que ella –según lo describe- estaría “del otro lado del escritorio”. “Sí, recuerdo eso… El señor Gutiérrez me dijo: “¿Qué se siente estar del otro lado?”, y era cierto, era muy distinto. Yo estaba dando un paso muy importante en mi nueva vida y del otro lado del escritorio. Había viernes comunes que casaba hasta once matrimonios, pero uno fue terrible en la Sec. 19 no casaron, y me los pasaron todos a mí. Jamás me voy a olvidar, casé ese día a 18 parejas, fue tremendo. Pero para mí no era ninguno igual, los hacía a todos con la misma dedicación, les ponía música de fondo, les leía algo sobre el amor -alguna poesía-, en fin, algo distinto.
-Qué dedicación, ¿recuerda alguna anécdota en particular?
-Sí, ya que estamos con los matrimonios, le voy a contar una anécdota. Cuando son menores, los padres tienen que firmar y si ellos estaban separados, era un gran problema, no se querían ver ni la cara. Entonces, yo hacía de mediadora, les hablaba, les hacía entender que los problemas de los mayores los hijos no tienen nada que ver, que la hija o el hijo es de los dos, bueno… firmaban y uno de los dos se iba. Pero recuerdo una chica que estaba embarazada y el padre vino un poco tomado, y no veía dónde firmar. La hija le decía “acá papá”, y él la miró y le dijo: “ah, papá, ahora te acordaste de tu padre, atorranta…”, y la novia se largó a llorar. Otra vez fue el novio y la familia, y la familia de la novia estaba toda preparada. Hasta habían comprado la torta en la panadería de la esquina y la novia nunca apareció… En resumen, casé a tres generaciones, a cinco hermanos cuando casé al último la madre me agradeció y me dijo “gracias Diana, ya me casó a mis cinco hijos y ahora me sigue anotando nietos”. Casé a un señor, recuerdo, cuatro veces, dos viudo y dos divorciado.*
-Sí, ya que estamos con los matrimonios, le voy a contar una anécdota. Cuando son menores, los padres tienen que firmar y si ellos estaban separados, era un gran problema, no se querían ver ni la cara. Entonces, yo hacía de mediadora, les hablaba, les hacía entender que los problemas de los mayores los hijos no tienen nada que ver, que la hija o el hijo es de los dos, bueno… firmaban y uno de los dos se iba. Pero recuerdo una chica que estaba embarazada y el padre vino un poco tomado, y no veía dónde firmar. La hija le decía “acá papá”, y él la miró y le dijo: “ah, papá, ahora te acordaste de tu padre, atorranta…”, y la novia se largó a llorar. Otra vez fue el novio y la familia, y la familia de la novia estaba toda preparada. Hasta habían comprado la torta en la panadería de la esquina y la novia nunca apareció… En resumen, casé a tres generaciones, a cinco hermanos cuando casé al último la madre me agradeció y me dijo “gracias Diana, ya me casó a mis cinco hijos y ahora me sigue anotando nietos”. Casé a un señor, recuerdo, cuatro veces, dos viudo y dos divorciado.*
Diana, la Reina
-¿Es verdad que usted ganó un concurso de la Reina de la Simpatía?
-Sí, en 1970 se realizó en Tandil un concurso de Reina de la Simpatía de los empleados de Tandil, organizado por Diario Actividades, Sedería Rex y Medios Brital. Salía un cupón a diario y se tenía que llevar y depositar en una urna en la sedería. Yo gané en representación del Registro Civil. Saqué 15140 votos y la segunda Elsita Cebreiro 12485, se escrituraron 85520 votos. Fue todo un acontecimiento, me coronó mi jefe el doctor Osvaldo Gutiérrez, cerraron las calles de mi barrio y me pasearon por las calles de Tandil en un coche descapotable. El premio fue un viaje todo pago para dos personas a Mendoza y San Juan, medias, flores, y otras cosas. Yo llevé de acompañante a una gran amiga, Elsa Ibáñez de Basualdo, fallecida.
-Sí, en 1970 se realizó en Tandil un concurso de Reina de la Simpatía de los empleados de Tandil, organizado por Diario Actividades, Sedería Rex y Medios Brital. Salía un cupón a diario y se tenía que llevar y depositar en una urna en la sedería. Yo gané en representación del Registro Civil. Saqué 15140 votos y la segunda Elsita Cebreiro 12485, se escrituraron 85520 votos. Fue todo un acontecimiento, me coronó mi jefe el doctor Osvaldo Gutiérrez, cerraron las calles de mi barrio y me pasearon por las calles de Tandil en un coche descapotable. El premio fue un viaje todo pago para dos personas a Mendoza y San Juan, medias, flores, y otras cosas. Yo llevé de acompañante a una gran amiga, Elsa Ibáñez de Basualdo, fallecida.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios