Cuando las redes sociales desinforman, generan caos y paranoia
Tengo a toda mi familia en Mar del Plata. Cuando me enteré la difícil situación que pasaba la ciudad el lunes, me comuniqué con ellos al instante para saber con precisiones qué era lo que realmente sucedía. Quién diría que finalizando el 2013, la voz del otro lado del teléfono seguiría siendo un elemento fundamental para no tergiversar la información. ¿Por qué? Porque sino uno miraba lo que la gente ponía en Facebook o leía en la línea de tiempo en Twitter, se estaba hablando de una virtual guerra civil. Sin minimizar los hechos, que fueron de extrema gravedad, bien vale el análisis de nuestro accionar en las redes durante esos días.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAquellos que suelen leer esta columna que se publica hace tiempo ya, sabrán la defensa que hago de las herramientas que hoy nos propone Internet para interactuar. Aunque también es necesario, como en este caso, poner en debate el mal uso de las redes sociales. El poder de viralización que tiene un mensaje lanzado en Twitter sin ningún tipo de chequeo o una catarata de posteos en el muro de Facebook, alertando de cosas que no sucedieron, es inimaginable.
Pensemos un instante este simple ejercicio: usted tiene 500 “amigos” en Facebook. Pone un mensaje en mayúsculas, mal escrito y totalmente falso sobre una situación. Si al menos el 10% de sus “amigos” replican, comparten o comentan su mensaje, el efecto viral habrá comenzado y ya no se podrá detener.
Si uno se deja guiar por las redes sociales, en Tandil el lunes por la noche hubo al menos varios saqueos –o intentos de- y la policía estaba auto acuartelada. Nada de eso sucedió. Pero la red de mensajes que se sucedieron a través de Twitter y Facebook solamente era contrarestada por la información real difundida por los medios. Llamó la atención incluso que algunos que se consideran personas de la comunicación colaboraran desde sus cuentas en Twitter al desconcierto general. A veces es mejor llamarse al silencio hasta tener un dato verídico.
En Mar del Plata la situación era similar. Una virtual guerra civil se advertía en las redes sociales. Si bien hubo varios puntos donde se sucedieron saqueos y destrozos, el miedo y la paranoia que los propios usuarios replicaban en sus cuentas eran indescriptibles. Subían fotos de hechos que no sucedieron en la ciudad o que habían sido anteriores a los sucesos puntuales. Los mismos que hasta hace unos días compartían imágenes con frases de amor y paz de Mandela, pedían todo tipo de reprimendas a los saqueadores.
Cada usuario tenía su verdad. Su modo de contar las cosas. Pero aquí falló la forma y el tiempo adecuado para hacerlo. Cuando a principios de 2010 estalló la “primavera árabe” las redes sociales sirvieron como eje comunicacional para manifestaciones y protestas. Diametralmente opuesto es lo que sucedió hace unos pocos días: el individualismo se apoderó aún más de la mayoría de los usuarios de las redes sociales para relatar en forma exagerada lo que sucedía.
Vale la aclaración en este punto: no todos. Hubo un buen número de usuarios que informó de la manera correcta, sin alertar en exceso y sin desinformar. También hubo otros tantos que fueron las verdaderas víctimas de éstos sucesos que sólo podían descargar su bronca. Pero la gran mayoría se sirvió de la comodidad de su silla frente a la PC para contar hechos que nunca vivió, solamente leyó a otro o vio algún noticiero.
Las redes sociales son geniales instrumentos de comunicación, pero peligrosos si no son utilizados de la manera correcta. Si leo por Twitter a un usuario común que dice que a la vuelta de mi casa están saqueando un supermercado, por ejemplo, seguramente me alertaré más de la cuenta y trataré de proteger a mis seres queridos. Como pasa siempre, tergiversar un dato puede generar diferentes reacciones.
Pedir perdón
Interesante resaltar la actitud de un medio mendocino, MDZOL, que pidió perdón a sus usuarios por publicar en Twitter información sin verificar. En la nota aseguran: “Publicamos de forma apresurada un tweet que generó mucha inquietud, a propósito de saqueos que en realidad no habían ocurrido. Pedimos disculpas por el error, a instituciones, comercios y personas que pudieron haberse visto afectadas”.
Que tan simple son los 140 caracteres de Twitter y cuantos problemas que pueden traer si no son utilizados de la manera correcta. Peor es el resultado de Facebook, la red social que cuenta con más de 23 millones de usuarios en la Argentina, y que el poder de viralización puede ser exponencial.
El artículo del medio en cuestión cierra con la siguiente afirmación: “Nos entristece lo que ocurrió. Los errores en los medios suelen pagarse caro y cuesta muchísimo remontarlos. Hay cientos de reportes de ‘errores famosos’ en los medios. Y las redes sociales han potenciado este agujero en la seguridad de la información. Muchísimos famosos, presidentes, artistas, jugadores de fútbol, han ‘muerto’ en Facebook y Twitter”.
Sincerarnos
Es patética esa idea de que detrás de una computadora jugando a ser Rodolfo Walsh y escribiendo mensajes de 140 caracteres en Twitter o textos melodramáticos en Facebook, uno será mejor periodista y tendrá mayor relevancia en su ámbito de influencia.
El periodista tiene una responsabilidad mayor en sus mensajes, en sus textos, en sus artículos en estos tiempos que corren. La inmediatez con que se puede replicar cada una de estas piezas y la llegada que puede tener escapa del pensamiento común. Pero a veces esa responsabilidad no se toma como tal.
Aquellos que en sus perfiles de las redes sociales dicen ser periodistas, tener relación con medios de comunicación o ser personas públicas de la comunicación con algún grado de influencia, deben tener el doble de cuidado antes de apretar el botón “divino” de publicar. Hay que sincerarse y pensar para uno si lo que estamos haciendo suma o no, si colabora al entendimiento o aporta más confusión, si generamos más paranoia o tratamos de esclarecer, si tenemos un fin político o lo nos jugamos por la información.
Los acontecimientos que pasaron en diferentes puntos del país también sirven para analizar en qué medida como usuarios de las redes sociales colaboramos a la desinformación o colaboramos con la calma de cada ciudad. Todos los debemos pensar.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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