Cuentos para leer en voz alta
Escribe Ana Pérez Porcio
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailErica que reconoce que a veces se hace necesario venir a recargar las pilas a Tandil aprovechó la oportunidad para llegarse hasta este Diario y enseñarnos su primera publicación, contarnos cómo y por qué nació “Cuentos-poesías para la mesa de luz”.
-¿Se fue de Tandil como muchos jóvenes, para hacer una carrera afuera?
-Sí, después de haber vivido unas infancia y adolescencia maravillosas. Uncas fue el club de mi infancia, íbamos con mis primas y amigos y Silvina mi única hermana. Siempre fuimos una familia muy grande, muy ruidosa, muy italiana. Vivíamos enfrente al cine Alfa, después de comer los domingos nos íbamos al cine con un montón de golosinas y estábamos horas y horas. La escuela primaria la hice en la Nº 2 y cuando me recibí de Bachiller en la Escuela Normal fui a Mar del Plata a estudiar profesorado de Inglés y cuando me recibí fui a Buenos Aires siguiendo el corazón y cuando éste se quebró continué viviendo en Buenos Aires y allí hice mi vida que es muy distinta a la que tenía en Tandil. Conocí al que es mi marido, tuve mis hijos (Santiago y Celeste, 4 y 7).
-¿Cómo es su vida, por qué dice que es muy distinta a la de Tandil?
-Porque en Buenos Aires se vive de otra manera, todo es mucho más vertiginoso, las distancias son mucho más largas… trabajo como profesora de inglés en un colegio de la comunidad judía, Tarbut, que está en Olivos y soy tutora en el mismo. Enseño literatura y escritura que es lo que más me interesa. Ser tutora de todos mis alumnos, viene a ser como la mamá de la escuela y nexo entre los chicos y los padres, los chicos y los docentes, ya que estoy muchas horas en la institución.
-¿Escribe artículos, notas para el colegio?
-Inicié un proyecto de cómo enseñar a los chicos a escribir, creo que la gente tiene mucho miedo a hacerlo porque nunca le enseñaron cómo abordar, encarar, desarrollar, terminar, cómo darle ciertos giros a lo que uno quiere decir. Y en esos cuadernillos que usan los chicos hay textos, narraciones, historias cortas y todo salido de mi cabeza. El año pasado la Escuela me contrató para capacitar a los docentes de la misma institución para enseñarles a enseñar a escribir en base al proyecto del que le hablaba. Y todo empezó en 2004, el proyecto fue escribir en inglés y trabajamos mucho con las docentes. Hice un artículo para la revista del colegio que es muy linda, la nota se llamó ¿Por qué no escribir? Y como una de esas cosas que se van dando sin que uno las busque, un día me llama la maestra de mi hijo menor (Santiago) que estaba en salita de 3 para decirme que había que escribir un cuento con el nombre del hijo y de la salita y justo se llamaba Celeste, como mi otra hija. Y me dije ¿por qué? Y envié un cuento poesía, contando algo que le había pasado a Santiago. La maestra me dijo que les había encantado a los chicos pero que necesitaban que tuviera dibujos, entonces dibujé a Santiago y Celeste, lo volví a enviar y me pidió que fuera a contárselos y cuando vi lo que sucedía con los chicos, dije ¿por qué no? E hice ocho más y los dibujé. Y una vez que tuve a los ocho me hice una versión casera que imprimí en mi computadora para entregar a mi familia, ya que hay un cuento sobre ellos también, guardando esa imagen de familia fuerte, unida, a pesar de las peleas, diferencia, todos como una unidad.
-Pero el proyecto creció.
-Una amiga me dijo “uno escribe para que los demás lo lean” Pero me daba mucho miedo exponerme, mostrarlo, pero al mismo tiempo pensé que valía la pena, lo quería hacer, y empecé a buscar cómo lograrlo hasta que el libro tal como está, vio la luz. Felizmente mi papá decidió ayudarme y el editor pensó que como soy desconocida lo mejor era venderlo a través de los kioscos. Alejandro, mi marido, armó el libro en la compu tomándose todo el tiempo del mundo para que saliera perfecto.
-¿Cuánto tiempo le llevó?
-Nueve meses.
-Un embarazo.
Sí, lo vi como el nacimiento de un hijo. Fuimos a buscar el libro en familia, nos sacamos fotos, tenía una visión romántica del libro, quería hacerlo para regalarlo, para compartirlo con quien me conociera.
-Muchos escritores tienen esa visión romántica e idealista, pero a veces se chocan con la parte económica y es duro.
-Claro, pero quería ir por el mundo dando el libro: “Tomá, para que le leas a tu hijo”, porque en realidad no es un libro para que tus hijos lean solos, es para compartir, es para la mesa de luz.
Erica y su libro en el stand
-¿Cómo fue la recepción en la ciudad?
-Estuvo en la Feria del Libro de Tandil, lamentablemente porque ya estaba cerrada la programación no llegué a presentarlo, pero tuvo una buena recepción y fue muy lindo verlo entre tantos libros.
-¿Qué le llevó a elegir el título?
-En "Cuento-poesías para la mesa de luz" cuento cuentos escritos en verso… intento no modificar mi vocabulario al escribir, sino utilizar el de todos los días, sin simplificar. Creo que esto estimula a los niños y puede ayudarlos a incorporar más vocabulario.
-Son cuentos con formato de poesía, por lo que cuenta.
-Cada poesía tiene la estructura propia del cuento: introducción, desarrollo y conclusión; y es lo suficientemente corta como para leerse en una "sentada". Los personajes se repiten y eso le da continuidad al libro como tal y cada cuento está ubicado respetando la cronología de los hechos.
-Nos decía hoy que son para leer en voz alta, para leerles a los chicos.
-Sí, para leer en voz alta, escuchar y compartir a partir de la oralidad.
-¿Esta veta literaria la descubrió cuando nacieron los chicos?, ¿por qué no nos cuenta?
-Escribí poesías desde chiquita, era una manera de expresarme, aliviarme, pero siempre fue mío, privado. Después la vida nos golpeó bastante porque con mi marido perdimos el primer bebé antes de nacer y fue algo tremendo. Dejé de escribir pero lo retomé junto con la ayuda de una mujer llamada Andrea Dumas y empecé a hacer un proyecto para enseñarles a los chicos a escribir en inglés. Más adelante eso fue creciendo, había chicos más grandes en el colegio y el entusiasmo me motivaba, algo de lo que le comentaba hoy, pero en realidad fue algo que nació conmigo.
Una mujer por dentro
-Para conocerla un poco más, sabemos de sus orígenes, de su vocación, pero hay otra Erica interior ¿qué dice ella, la docente, la mamá?
(Risas) – Soy docente. Siempre lo he sido, aún sin saberlo. Soy docente y eso es lo que hago. Soy escritora. Siempre lo he sido y siempre lo supe. Yo escribo, mejor dicho, y eso es lo que hago y lo que soy. Aún desde antes de animarme a hacerlo. Escribir es mi medio. Es lo que enseño. Es lo que me define.
Y soy mamá. No siempre lo he sido –eso es claro-, pero serlo determinó todo lo demás. Ser mamá transformó a la profesora y a la escritora, a una le dio una visión más amplia de cada niño, un conocimiento único y le dio un significado más profundo a la palabra “enseñar”.
-¿Qué le dio a la escritora ser mamá?
Alas. Le abrió un mundo de experiencias para contar. Y por primera vez, tuve ganas de compartir a la escritora, de hacerla pública. Ser mamá dio a luz a la escritora y la llenó de energía.
-¿Alguna vez escribió sólo para llenar espacios vacíos?
-Sí. Fue hace muy poco que descubrí que podía escribir desde la plenitud. Y que podía y quería compartir ese arco iris de vivencias que son mis hijos hechos cuento y escritos en poesía.
-¿El libro nace de la mamá?
-“Cuento-poesías para la mesa de luz” nació de la Erica mamá e intenta atrapar en palabras la experiencia de serlo; intenta mostrar en verso y en tercera persona los momentos que dan sentido a mi vida.
Imagino mis cuentos en un contexto similar al de mi casa: siendo leídos de madre a hijo, en penumbras, en ese instante mágico antes de apagar la luz y del beso de las buenas noches.
Imagino mis cuentos en un contexto similar al de mi aula: siendo leídos de docente a alumnos, en círculo y en ese momento mágico que se genera cuando se descubren en lo leído, situaciones ya conocidas, anécdotas alguna vez escuchadas, experiencias propias listas para ser compartidas. Los imagino analizados desde distintas perspectivas, analizados en distintos niveles, desde la decodificación del lenguaje, el uso de recursos o el ensamblaje de su superestructura…
-Los imagina en muchos lados…
-También en otras manos. Imagino mis cuentos dejando de ser míos, para ser de todos.
…a partir de un gran amor
La licenciada Florencia Borghi, prologó el libro de Erica de este modo: “Estos cuentos fueron escritos a partir de un gran amor, y de la intuición de que era algo importante. Solo una intuición: lo que se repite como un ritual, acompañado de la palabra, de aquello que se entrega a otro diariamente, es fundante de un ser humano.
La transmisión oral de padres a hijos, de generación a generación, está marcada desde lo filogenético en el hombre. Hace millones de años comenzó la palabra, y con ella, la cultura. Se creó como una necesidad desde lo más profundo del ser humano de generar pertenencia, de transmitir lo esencial, lo que nos define en el mundo.
¿Por qué los cuentos, las historias, las personas, las formas de relatar cambian, pero el hecho de narrar cuentos se mantiene indemne por generaciones a través de los años?
¿Por qué como adultos cuando estamos tensos, cuando tenemos miedo, cuando nos sentimos con la autoestima baja nos miramos al espejo y nos hablamos dándonos coraje? ¿Por qué relatamos lo que nos contó nuestra abuela y nuestra madre a nuestros hijos como el cuento más maravilloso del mundo? ¿Por qué los bebés apenas con unos meses de vida se cantan repitiendo la voz de la madre para tranquilizarse?
Los cuentos de nuestra infancia nos otorgan un lugar en el mundo. Los seres humanos hablamos porque alguien nos habló, nos miró, nos alojó en su mente y en su corazón y en ese acto nos dio lo más preciado que un hombre puede tener: un lugar en el mundo. El mundo de quien nos amó y nos habló. Somos en el mundo porque alguien nos mira y nos habla.
El lenguaje se transmite desde su forma, su entonación y desde su entorno más que por su contenido. Los cuentos, la palabra, la transmisión oral de generación en generación es para el desarrollo de un niño -para su mente- lo que la comida es para su cuerpo. Si el alimento no es dado por otro, el niño no se desarrolla. Si el alimento no es dado con la palabra y la mirada, no hay mente para desarrollarse.
La palabra compartida con un hijo, la transmisión de la seguridad, la presencia, la experiencia compartida, le da identidad, su lugar en el mundo; le da su origen, su historia, y un lugar para empezar a dialogar y encontrar sus palabras, sus preguntas y un camino a seguir. Da comienzo a la gestación de un ser humano con capacidades ilimitadas.
Por eso este libro está creado para varias noches, para tener ese espacio en el día para compartir con nuestros niños, porque en la repetición se genera el vínculo, porque un ser humano nunca llega a serlo sin el vínculo de alguien que lo amó con toda su alma y se entregó a él.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios