Dañaron un santuario dedicado al popular Gauchito Gil, en la rotonda de La Porteña
Un incendio que provocó daños significativos se registró el miércoles por la madrugada en un santuario montado en la rotonda del paraje La Porteña, dedicado a la devoción popular a la figura del Gauchito Gil.
Uno de los seguidores explicó a El Eco Multimedios que “llegué cerca de las 8 de la mañana y todavía estaba saliendo el humo, mientras se terminaban de quemar todas las cosas. Para nosotros es muy doloroso”.
Añadió que en el lugar se observaban “alambres de cubiertas de moto, restos de un bidón de gasoil quemado y papel con grasa, además de un frasco muy grande de los que se usan para poner azúcar, roto y con grasa adentro. También tenía manojos de diario, con los que habían sacado la grasa para prender fuego”.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailExplicó que “tenemos una comisión y estamos haciendo todos los trámites para legalizar esto”, en tanto que “ya está comprado el Gauchito Gil y es muy probable que venga en camino. Un señor nos dijo que nos quedáramos tranquilos y nos ofrecieron varios prestados”, añadió.
Otro de los vecinos indicó que pese a lo ocurrido “no vamos a bajar los brazos por nada. Soy muy creyente y traje a la otra imagen desde Corrientes. Ahora compré otra, aunque no es la misma en cuanto al tamaño”.
En tanto, todos los entrevistados plantearon lo incomprensible que les resultaba el acto vandálico sufrido.
muy arraigada
Se cree que nació en el departamento correntino de Mercedes, en cuyo cementerio se encuentra su cuerpo; murió un 8 de enero de 1878.
La tradición marca que fue colgado cabeza abajo desde un algarrobo (en camino a Goya, a unos 8 kilómetros de Mercedes) y degollado. Aparentemente fue colgado de esa forma para evitar los supuestos poderes hipnóticos que tenía y para que no influyera el payé de San la Muerte que tenía colgado al cuello.
Su primer acto milagroso sucedió momentos antes de su muerte, ya que le dijo a su futuro verdugo que una vez que le diera muerte, iba a ir a su casa y encontraría a su hijo muy enfermo, pero que si lo invocaba, sanaría.
Una vez decapitado, el comandante llevó la cabeza en sus alforjas a Goya, y el verdugo no dejó el cuerpo a las alimañas, dándole sepultura. Este mismo sargento verdugo al llegar a su casa vio que sucedía lo que dijo el gauchito, entonces, volvió al lugar de la ejecución y puso una cruz de espinillo (algunos dicen que de ñandubay); al poco tiempo la gente comenzó a visitar el algarrobo y la tumba, dejando exvotos y velas encendidas.
El dueño del campo al ver el peligro que significaban las velas encendidas en el campo, hizo trasladar la tumba al cementerio de Mercedes.
Pero al poco tiempo cayó gravemente enfermo con un mal que degeneró en locura, los médicos lo desahuciaron y él, en un momento de lucidez, prometió que si el Gauchito lo sacaba de la cruel y desconocida enfermedad, le haría un monumento fúnebre.
Como curó, edificó un pequeño santuario de piedra que aún hoy se puede observar.*
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