Daños colaterales
Por Ana Pérez Porcio
de esta Redacción
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Hay colectiveros que ante la necesidad de tener que circular por un centro tomado se solidarizan con sus pasajeros:
-¿Dónde me puedo bajar?
-Donde quiera doña, estamos parando en cualquier esquina.
Sin embargo hay otros que si bien a diario despliegan su mal trato hacia el pasajero, imagínese el lector cómo están estos días con el paro de los camioneros: Del tomate.
Y justamente hoy fuimos testigos de la actitud de un colectivero de la línea 504 (la verde) que a pesar de los pedidos de los pasajeros para que se detuviera en una esquina cercana a la que debían bajar, no sólo hacía oídos sordos sino que hizo correr a dos personas por más de una cuadra hasta la parada habitual. Evidentemente este hombre que siempre luce a pleno su mal humor, en estos días saturado de los cambios de ruta que debe realizar se la toma con los pasajeros, desquitándose con ellos porque nada puede hacer contra los que ejercen la fuerza, los que en este momento se creen los dueños de la Plaza Independencia.
Esos mismos que les enseñan a jugar a sus pequeños hijos a rodar gomas desde la entrada del palacio municipal hasta la calle Belgrano, donde todavía humea el fuego de las quemadas.
Otros de los daños que produce esta toma de calles -que no es más ni menos que la ilegalidad al libre tránsito de los ciudadanos- es haberle impedido a los taxistas que tienen su parada en Pinto casi Rodríguez ejercer un día de trabajo.
Y ni qué hablar de los bocinazos a escasa media cuadra de la Clínica Chacabuco donde los pacientes necesitan tranquilidad, no exabruptos. Se les pidió expresamente que no volvieran a hacer sonar sus bocinas, pero tampoco les importaron los enfermos.
Como tampoco el peligro a que exponen a los colegiales que salen de la Escuela 1 y pasan por debajo de los remolques o haciendo zigzag entre los camiones.
En fin, esta cuestión de la intransigencia y prepotencia a la que hacíamos referencia en la edición de ayer, donde priman los intereses corporativos por sobre los de toda la comunidad, parecería ser el fin último de quienes han tomado por asalto el centro tandilense, han hecho de la Plaza un enorme merendero, han puesto en peligro a los colegiales, impidiendo que otros trabajen y que los enfermos descansen. Como decíamos, estas cuestiones de no tener en cuenta al semejante “porque no me reconozco en él”, deben ser parte de los daños colaterales de una demostración de poder desde la ilegalidad.
-Donde quiera doña, estamos parando en cualquier esquina.
Sin embargo hay otros que si bien a diario despliegan su mal trato hacia el pasajero, imagínese el lector cómo están estos días con el paro de los camioneros: Del tomate.
Y justamente hoy fuimos testigos de la actitud de un colectivero de la línea 504 (la verde) que a pesar de los pedidos de los pasajeros para que se detuviera en una esquina cercana a la que debían bajar, no sólo hacía oídos sordos sino que hizo correr a dos personas por más de una cuadra hasta la parada habitual. Evidentemente este hombre que siempre luce a pleno su mal humor, en estos días saturado de los cambios de ruta que debe realizar se la toma con los pasajeros, desquitándose con ellos porque nada puede hacer contra los que ejercen la fuerza, los que en este momento se creen los dueños de la Plaza Independencia.
Esos mismos que les enseñan a jugar a sus pequeños hijos a rodar gomas desde la entrada del palacio municipal hasta la calle Belgrano, donde todavía humea el fuego de las quemadas.
Otros de los daños que produce esta toma de calles -que no es más ni menos que la ilegalidad al libre tránsito de los ciudadanos- es haberle impedido a los taxistas que tienen su parada en Pinto casi Rodríguez ejercer un día de trabajo.
Y ni qué hablar de los bocinazos a escasa media cuadra de la Clínica Chacabuco donde los pacientes necesitan tranquilidad, no exabruptos. Se les pidió expresamente que no volvieran a hacer sonar sus bocinas, pero tampoco les importaron los enfermos.
Como tampoco el peligro a que exponen a los colegiales que salen de la Escuela 1 y pasan por debajo de los remolques o haciendo zigzag entre los camiones.
En fin, esta cuestión de la intransigencia y prepotencia a la que hacíamos referencia en la edición de ayer, donde priman los intereses corporativos por sobre los de toda la comunidad, parecería ser el fin último de quienes han tomado por asalto el centro tandilense, han hecho de la Plaza un enorme merendero, han puesto en peligro a los colegiales, impidiendo que otros trabajen y que los enfermos descansen. Como decíamos, estas cuestiones de no tener en cuenta al semejante “porque no me reconozco en él”, deben ser parte de los daños colaterales de una demostración de poder desde la ilegalidad.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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