De Agostini primero se quebró en la DDI y confesó, pero luego ante el fiscal dijo no recordar el crimen
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Ya con la tranquilidad de dar por terminada la investigación por el resonante asesinato del matrimonio de italianos, a partir de los contundentes elementos de prueba que acreditan que el detenido Martín De Agostini fue el autor del cruento suceso en la casa de 14 de Julio al 100, para el ministerio público y defensa ahora resta resolver el entuerto sobre la calificación penal y, fundamentalmente, develar el grado de emoción violenta que el acusado dice haber protagonizado en una vez en la vivienda.
En efecto, como detallara este Diario, en los primeros minutos de ayer recién había culminado la declaración indagatoria frente al fiscal Luis Piotti, donde el sospechoso dio pormenores de los complicados días que estaba transitando y reconociendo la deuda que mantenía con Bravata. Empero, insistiendo en que no recordaba lo que pasó una vez adentro de la casa.
Frente a este presunto grado de emoción violenta en el que habría incurrido, es que las partes ahora deberán dar lugar a los peritajes de psicólogos y psiquiatras del departamento judicial, de cuyas entrevistas se tendrá una mayor consideración a la hora de agravar como atenuar, según los intereses, la pena en expectativa a imponer.
Cabe consignar que a priori el hecho se calificó como “Doble homicidio simple”, cuya condena potencial da cuanta de un mínimo de ocho años a un máximo de 25. Frente a este cuadro de situación, demás está aclarar que el presente y futuro del acusado es más que delicado.
Precisamente el presunto grado de intensidad de la emoción que dice haber sufrido dependerá de la evaluación de los peritos psicólogos. Después devendrá una evaluación jurídica, que hace a si dicha presunta emoción padecida resultó relevante en el sangriento hecho. Más precisamente si fue de tal magnitud el cuadro que dijo sentir como para que se hable de emoción violenta.
El homicida en
primera persona
Como se informó en la edición pasada, se conocieron algunos pormenores de la extensa declaración de Agostini, quien confesó “a medias” sobre el hecho desencadenado en la vivienda.
Según se desprende de sus dichos, el victimario en el curso de los últimos 10 días comenzó la tensión, el apremio personal, fundamentalmente con Bravata.
De Agostini describe en su testimonial una situación económica apremiante y que vivía con mucha desesperación esta situación, con mucha presión personal y familiar, aunque siempre trató de mantener al margen a su esposa y dos hijas de lo que verdaderamente le estaba pasando en materia económica.
Contó que tuvo serios problemas laborales y que lo habían amenazado cuando sucede la situación con Bravata. Pero las amenazas venían -según sus dichos- de otras personas, gente que había trabajado con él y a los que les debía dinero.
La relación con
las víctimas
Sobre su relación con las víctimas, el imputado dijo que tomó conocimiento con el “Tano” por intermedio de un amigo (un ex futbolista del medio), y desde allí empezó una relación.
Sobre la impresión que tenía de Bravata dijo que al comienzo era “muy amable, correcto”, que tenía una voz suave, cálida, pero hasta que la relación comenzó a subir en tensión a partir de unos préstamos que De Agostini no podía saldar.
Según confió, por pagos de clientes que no podía cobrar de distintos trabajos que había realizado comenzó a endeudarse con el “Tano”, que le dijo con el mismo tono suave y calmo que le conocía: “En mi país los que no pagan tienen otro castigo. No vamos a la Justicia, nos encargamos de otra manera”.
En el mismo tenor, Bravata habría tenido otra conversación: “Mirá que nosotros recurrimos a unos muchachos para que les rompan las piernas”, amenaza que se habría producido en dos charlas.
No hablaba de una amenaza puntal a él o su familia. Más bien en general.
En otra de las conversaciones el mismo Bravata le dijo que consiguiera unos matones para que cobrara las deudas que decía tener con sus clientes y así saldar la suya, a lo que De Agostini le respondió que él no podía hacer eso, que no era ese tipo de persona. Allí el “Tano” le respondió que él no le podía recomendar gente de ese tipo porque los que él conocía sólo lo hacían para él.
La última charla
Ya adentrándose en lo que sería el último encuentro en la casa de 14 de Julio al 100, el imputado reseñó que fue a tratar de arreglar la deuda una vez más, pidiéndole tiempo para poder cubrir el dinero, a lo que Bravata la habría dicho: “Vos tenés hijas, sé de tu esposa y te van a visitar mis muchachos”.
Allí -dijo De Agostini- se le vino a la cabeza la imagen de sus hijas, su mujer, provocándole una emoción muy particular, fuerte, con escalofríos, y se obnubiló.
A partir de aquí -declaró- no recuerda más nada, sólo que corría dentro de la casa de un lado para el otro. Es más, dijo que no tenía conocimiento que la mujer de Bravata también estaba en la casa y, obviamente, que yacía muerta junto a su esposo en el piso.
Confesaría luego frente al fiscal que recién recobraría el conocimiento cuando transitaba en su camioneta rumbo a su casa y como que despertó por algunos bocinazos de otros autos. Ahí advirtió que iba circulando en contramano.
¿Qué hizo después de aquel miércoles matinal? Dijo que siguió su rutina como un autómata, como que estaba ido, sin más.
Era su martillo y sabía
que había cámaras
Detalles nada menores se desprenden de sus dichos que alimentan también a interrogantes varios sobre su personalidad como así también las circunstancias del hecho.
Reconoció que el martillo que se encontró en la escena del crimen que dio muerte al matrimonio era de él, pero que no fue premeditadamente con la intención de utilizarlo para semejante hecho, sino que siempre lo llevaba consigo como una de las tantas herramientas que a menudo portaba en sus pantalones de trabajo. Afirmó que sus allegados y clientes podían dar cuenta de eso.
También dijo que sabía del movimiento de la casa, que un joven estudiante alquilaba, como así también que había cámaras de seguridad en la propiedad. Precisamente sus dichos cobran intencionalidad a la hora de buscar desalentar la premeditación del suceso.
Como otro elemento incriminante, hay una huella palmar que claramente sería de él a la hora de peritarse.
Las deudas y el Casino
Tras conocerse de quién se trataba el homicidio, muchas conjeturas y elucubraciones se hicieron en torno no sólo a las víctimas sino al victimario también. En este último caso, consta en informes oficiales del Banco Central deudas importantes del detenido, con cheques rechazados de hace tiempo con cifras significativas en su total.
Algunos dieron cuenta sobre “sus problemas con el juego”, dado que se lo veía asiduamente en el Casino local, empero, el propio imputado al ser indagado por los investigadores, rechazó padecer algún tipo de trastorno vinculado a la ludopatía.
Sí dijo que concurría a la sala de juegos, pero que los problemas económicos provenían de su trabajo, no de allí, donde nunca perdió significativas cifras de dinero.
“A mí me debe mucha gente plata por trabajos que he realizado y desde allí empecé a endeudarme”, insistió el acusado, que está muy comprometido a la hora de recibir algún atenuante sobre su delicada situación procesal.
La primera declaración en DDI
Si bien no fue informado oficialmente, este Diario pudo confirmar que De Agostini hizo su primera declaración, confesión, en la DDI en horas de la tarde, dichos que luego iba a modificar una vez frente al fiscal.
A saber, los propios efectivos de la DDI se dieron por sorprendidos cuando vieron aquellas imágenes de la cámara de seguridad de la casa, que lo iban a llevar adonde hoy está, entre rejas. Era amigo o muy conocido de varios de los policías y a partir de allí también la conmoción primera y la celeridad después para dar con el por aquel entonces -sábado- sospechoso.
Trascendió que una vez alojado en las dependencias de la DDI de avenida Perón, el aprehendido confesó todo, entre ese todo, que había sido el autor del doble crimen. Sobre todo, cuando vio las fotos de los cuerpos ensangrentados de la pareja de italianos en la escena del hecho, provocando que se quebrara emocionalmente, llorara desconsoladamente y aceptara su responsabilidad.
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