De buenos vecinos a responsables del merendero donde corrompían menores
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Eran vecinos. Incluso algunos compartían tardes juntos, unidos por la necesidad de los más chicos, esos que ahora fueron sometidos a cámaras gesell para que cuenten qué sufrieron.
Eran vecinos. Se juntaban en la casa de Magallanes al 1100, donde se había montado un merendero que buscaba contener a los pibes con una copa de leche, tortas y también distintos talleres. Música, pintura y deportes varios formaban parte de la agenda cotidiana. Nadie imaginaba que en dicho lugar, que incluso contaba con la venia municipal (el encargado era una especie de puntero político que obtenía planes sociales a cambio de contraprestaciones), iba a detonar en un escándalo de proporciones.
Eran vecinos. Aquella historia que habían iniciado en tiempos de crisis (2000-2001) escrita en nombre de la solidaridad, se transformaría en una sórdida crónica policial, con ribetes aberrantes que ahora la Justicia busca resolver.
A priori, se investiga el delito de corrupción de menores y abusos del que resultan sindicados precisamente los promotores de aquel merendero, el matrimonio propietario de aquella casa de puertas abiertas donde, paradójicamente, habrían ocurrido delitos contra menores sin que nadie lo advirtiera, hasta que los chicos hablaron.
Entonces, aquellos vecinos que ayer los unía la solidaridad por los más chicos, casi una década más tarde se enfrentarían por esos mismos chicos. Ayer, víctimas de las necesidades básicas insatisfechas y un Estado ausente, ahora -según la denuncia- presas de la posible comisión del delito de corrupción de parte del hombre y su mujer, que ayer los cobijaba en las tardes merienda.
Ese hombre que supo dirigir equipos de fútbol del barrio, que incluyó a sus hijos para que también enseñen música y boxeo a los interesados, ahora arribaba esposado a la sala de audiencias del TOC 1, donde escucharía primero a los papás de aquellos chicos presuntamente corrompidos, primero, y sus propios hijos después, tratando de desligarlo de semejante delito que se le endilga junto a su esposa, que si bien está en libertad también se sentó en el banquillo de los acusados imputada del delito de exhibiciones obscenas.
Se trata de Hugo Ramírez y su esposa Virginia Sánchez, quienes una vez estallado el conflicto, con escraches de los vecinos mediante, se fueron del barrio y la ciudad. Hasta que meses más tarde serían interceptados por la policía en el tren que venía de Buenos Aires a Tandil.
Eran vecinos. Ayer los separaba sólo una medianera. Ahora apenas un cordón policial que custodia a los acusados frente a la mirada rabiosa de los padres que claman cual ladridos por justicia por sus hijos. Ayer, con pancartas, escraches e incluso daños en la casa que era el merendero. Ahora, ubicados estoicamente a metros del matrimonio acusado y su defensor oficial Carlos Kolbl, frente a los jueces Pablo Galli, Guillermo Arecha y Gustavo Echeverría, y el fiscal Gustavo Morey y el abogado marplatense Maximiliano Orsini, en representación del particular damnificado.
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Como oportunamente se detalló en ediciones pasadas, Hugo Ramírez quedó detenido con prisión preventiva tras ser denunciado oportunamente por un grupo de padres cuyos hijos dijeron haber sido abusados.
Cabe aclarar que, más allá de las denuncias públicas oportunamente expuestas, una vez confeccionadas las cámaras Gesell, los testimonios de las presuntas víctimas hablaron de exhibiciones obscenas. Sólo un menor adujo tocamientos, lo que llevaría a la figura penal de abuso.
En efecto, si bien de aquí en más quedará en manos de lo que se transite en el debate iniciado este martes, hasta aquí la carátula con la que el ministerio público peticionó oportunamente la prisión y ahora arribó a juicio fue por el delito de “Corrupción de menores, abuso deshonesto y exhibiciones obscenas”.
Todos los menores que declararon en su momento -que fueron siete- manifestaron la existencia de exhibiciones obscenas, algunos de ellos se refirieron a revistas y otros a un mazo de cartas.
Pero hubo uno de ellos que refirió una situación específica de abuso. Hasta el momento, es el único de los chicos que puntualizó y describió un hecho de este tipo.
Testigos
El martes y el jueves se desarrollaron las dos primeras audiencias que tendrán su correlato la semana entrante. En la primera jornada se escuchó el testimonio de los padres de los niños, quienes ratificaron lo oportunamente expuesto en la instrucción penal que llevó adelante el fiscal Morey.
Luego devino el comparendo de dos vecinos de la casa del escándalo. Principalmente el relato de uno de ellos revestía importancia para las partes, puesto que oportunamente dijo haber visto cuando en pleno procedimiento policial vio cómo sacaban bolsas cargadas de la casa del imputado hacia la vivienda de atrás, separada por una medianera, donde vive uno de los hijos.
José García, el vecino en cuestión, le costó recordar lo de aquel día, aunque ante la insistencia de las preguntas terminó aceptando que efectivamente presenció cuando en medio del escrache de los vecinos y la presencia policial (dentro de la casa señalada) vio cómo dos sujetos retiraban cosas de la casa en bultos y los llevaban a la casa lindante.
El aporte no es menor. Se sospecha (los vecinos primero y el fiscal después) que los sujetos señalados serían los hijos de Ramírez, quienes pudieron haber retirado de la casa material erótico, pornográfico, que podría comprometer al los acusados.
Los hijos tienen otra versión, que la darían al tiempo de prestar su declaración frente a los jueces (ver aparte).
La detención
Otro de los testigos resultó el comisario de la Seccional Tercera, Pablo Correa, quien por razones de jurisdicción intervino en el caso. A preguntas del fiscal, el uniformado respondió sobre la detención de Ramírez cuando viajaba en tren hacia Tandil.
Al respecto, contó que fue el propio hijo quien le avisó de la venida de su padre, que viajaba junto a su mujer, siendo apresado finalmente en Rauch.
El interrogatorio no era caprichoso ni anecdótico, versaba sobre las verdaderas intenciones de entregarse de Ramírez (como él dijo) y ponerse a disposición de la Justicia, o si fue sorprendido por la policía y principalmente por su propia familia, que hastiada de la situación que se vivía resolvió que el padre debía entregarse.
Cuando fue consultado uno de los progenitores de Ramírez pretendió instalar la versión del padre, empero terminó aceptando que la comunicación telefónica previa la hizo sólo con su madre y su padre no estaba al tanto de lo que finalmente iba a suceder.
En el plano procesal el detalle no resultó menor. De haberse puesto a derecho del primer momento, Ramírez no habría estado preso hace un año y medio hasta la fecha, dado que los delitos que se le endilgan lo beneficiaban con la libertad durante el proceso. Empero, su actitud de fuga con el aditamento que se aceptó el delito de corrupción (figura poco común de probar y aceptar en los estrados judiciales) derivó en su detención.
Sin más, y tras escuchar el testimonio de dos de los cuatro hijos de Ramírez, se dio por cerrada la segunda audiencia. El martes venidero se retomará con la expectativa puesta en la prueba fundante, principal, que motivó el juicio: los dichos de los menores en cámara gesell, como así también el aporte de la perito psicóloga que los entrevistó.
Palabra de hijos
Lucio es el más chico de los hijos del matrimonio Ramírez. Músico y estudiante, actualmente en La Plata, relataría su versión de los días en su casa que una vez se transformó en un merendero, en una casa de contención social para los pibes del barrio hasta ser blanco de los escraches por los supuestos aberrantes sucesos que denunciaron los menores.
Instruido y con un rico lenguaje, el joven reseñaría los años de crisis donde la convocatoria oscilaba los 70 chicos de la vecindad que acudían a su casa, transformada en una especie de comedor, como también para realizar actividad artísticas como deportivas. Que una vez mejorada la situación económica y la intervención estatal, aquella convocatoria fue mermando.
Una vez contextualizado el escenario de lo que fue su morada, puntualmente fue preguntado por el hallazgo del mazo de cargas con ilustraciones eróticas que oportunamente fue secuestrado por la policía en el allanamiento. Es que su padre había sugerido que dichas cartas eran de él, pero éste negó que fuera así, aunque tampoco supo inferir de quién sería, ya que -según expresó- nunca había visto nada de eso en su casa.
Luego vino el turno de su hermano mayor Ezequiel, personal de la Fuerza Aérea, quien también con un lenguaje certero terminó naufragando en vaguedades a la hora de tener que responder sobre el material erótico (libro, revistas y video) que fue secuestrado en su casa, como el mazo de cartas en la casa de su padre.
En medio de sus imprecisiones, terminó detallando las características de la pieza de su hermano Lucio, donde a priori habían dicho que se secuestró el mazo de cartas. Su descripción no hizo más que descartar que la habitación donde se halló el mazo fuera de su hermano, lo que desbarató al menos la hipótesis de la procedencia de dicho material.
El caso
Cabe recordar que a principios de septiembre de 2013 un grupo de vecinos realizó un escrache en la vivienda del imputado a raíz del desgarrador relato de los menores que dijeron haber sido víctimas de abuso sexual. En esa oportunidad, se realizó un allanamiento en la propiedad del hombre, en el cual se secuestraron diversos elementos vinculados a la causa.
La denuncia fue radicada en la Comisaría de la Mujer por padres y madres de varios niños que habrían sido abusados por Hugo Ramírez, quien es el titular de una asociación civil que funcionaba en su casa, ubicada en Magallanes 1177.
La propiedad del acusado era una suerte de centro barrial, donde por muchos años hubo un comedor y posteriormente un merendero, por lo cual los niños del barrio solían congregarse allí ya que, además, se dictaban diversos talleres.
Todo comenzó cuando una pequeña se quebró y le contó a su madre las terribles aberraciones que habría vivido en esa vivienda, lo que motivó que seis niños más se animaran a relatar su historia.
Una vez estallado el escándalo vecinal, Ramírez se fue de su casa y de la ciudad, por lo que el fiscal dictó la orden de captura nacional de Ramírez, debido a que ni bien aparecieron las denuncias se ausentó de la ciudad.
El 8 de noviembre, un centenar de personas se movilizó hacia la Jefatura Distrital donde entregaron un petitorio exigiendo que se agilizara la búsqueda del imputado, que continuaba prófugo.
Luego de tres meses de búsqueda, la policía logró detenerlo cuando se trasladaba en el tren que provenía desde Constitución con destino a esta ciudad, acompañado por su esposa.
Ramírez se declaró inocente de todas las acusaciones que se le imputan y manifestó que se fue de la ciudad “por miedo” a que lo mataran. Además, aseguró que viajaba en el tren hacia Tandil con el fin de entregarse.
Sobre la motivación de las densas denuncias en su contra, de quienes hasta ayer eran sus buenos vecinos, aludió a cuestiones netamente vecinales por la polémica acerca de instalar la red de gas, para luego apelar a una pelea de poder político, siendo que él era un visible puntero del radicalismo vernáculo y los padres se enrolaron detrás de la agrupación kirchnerista La Cámpora.
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