De cómo una noche Diego Capusotto y Luisa Kuliok conversaron sobre literatura
Ella, hace cosa de 20 años, le puso el pecho ?y la cara- al cachetazo que se inmortalizaría en la memoria de la televisión argentina de la mano ?efectivamente, la mano- de Arnaldo André. Él le pone el cuerpo a cientos de personajes desopilantes que hacen descostillar de risa a sus seguidores.
Ellos son Luisa Kuliok y Diego Capusotto, quienes este miércoles se pusieron los trajes de entrevistadora y entrevistado para inaugurar el ciclo “La Mesita de Luz” donde la actriz indaga a personalidades relevantes sobre los libros que cambiaron sus vidas.
Aunque en el fondo todos esperaban que él repitiera la mítica bofetada, no hubo durante el encuentro atisbos de culebrones, lágrimas y, menos que menos, violencia física. Sí hubo charla de camaradería, guiños cómplices y la presencia de una Luisa distendida y un Diego relajado, perspicaz y ocurrente.
Así fue que, tras un fuerte aplauso, la ex extraña dama abrió la charla que tuvo lugar en el salón del Centro Cultural Caras y Caretas, que estaba colmado hasta el último rincón ?ocupable?: ?Con Diego hablé una sola vez en mi vida, cuando aparecí en su programa Todo por Dos Pesos, así que me voy a sorprender, como ustedes, con todo lo que cuente?.
LK: ¿Cómo fueron tus primeros años con la lectura?
Diego Capusotto: Siempre he sido lector, muy curioso, que es la base del ser lector. No tengo un recuerdo muy preciso de lo que me leían mis padres, pero tengo un recuerdo de “Mi Planta de Naranja Lima” (de José Mauro de Vasconcelos) porque decía la palabra “hijo de puta”, cosa que me sorprendía porque estando en cuarto grado nos parecía casi apocalíptico: no sólo que lo diga, que esté escrito, sino leerlo. Era Muy tremendo. Al que le tocaba leer la parte de ?hijo de puta?, no sabía qué decir, era pecaminoso…
De chico también leí un par de cosas que probablemente de grande no lea, como Juan Salvador Gaviota, que opté por dejar que la gaviota siga su camino. No así “El Principito” (de Antoine de Saint-Exupéry) que fue un libro que me impresionó bastante y que aun hoy podría leer.
Igual muchos libros uno los lee en momentos determinantes de su vida y que capaz que son libros que uno los lee 10 años después y generan otra cosa completamente distinta.
En “El Principito” hay algo que me evoca el momento en que lo leí, en mi infancia, cuando suceden todos los momentos más intensos. Y me parece un lindo libro además, así que lo puedo leer hoy con la mirada actual.
LK: ¿Se lo leerías a tus hijos?
DC: No se los he leído todavía. Mis hijas son de desear que les cuente cuentos. Lo hacemos como algo habitual que nos pasa a la noche. Los cuentos de terror les gustan mucho, es un género que les encanta. Pero no les he leído “El Principito”, es una cuenta pendiente que podría empezar a tener en cuenta. En algún momento se lo leeré…
LK: ¿Hubo algún libro que te produjo un quiebre, que te haya hecho ver las cosas de otra manera?
DC: No recuerdo precisamente el libro, pero algunos autores me han movilizado. En alguna época tuve mucha lectura de lo que se llama el Realismo Sucio, que es una visión que yo tengo de la vida y no me resulta fatalista. Y después Antonin Artaud, que me parece que, junto con otros, son tipos de almas bastante sensibles suicidados por la sociedad. Él fue uno de los que más me ha conmovido. Así que si fui a esos autores, evidentemente fue por algo.
LK: ¿Con qué lecturas te sentías más cómodo en la adolescencia?
DC: En mi adolescencia el ritual que teníamos con mis amigos, sobre todo el refugio, porque yo fui adolescente en la época de la dictadura, era más la música que la lectura. Era parte del ritual.
Con el rock como movimiento que te instalaba en un lugar de cierta rebeldía con lo que habitualmente conocemos, siempre la cultura rock tuvo una mirada de enfrentamiento a la sociedad, de cierta presencia rebelde, no como pose sino como forma de pensar.
LK: ¿Qué te pasó con la lectura cuando te enamoraste? ¿Alguna vez te pusiste a escribir?
DC: Sí, claramente he escrito cosas como manifestación, en algunos casos, de descarga y en algunos casos para darle a una mujer…(risas) ¡Para darle a una mujer lo que había escrito!… creo que se entendió mal, quise decir que alguna vez he escrito como una cuestión de descarga, pero también para ?DARLE? a una mujer lo que había escrito. Yo dije darle a una mujer y ustedes entendieron la procacidad. Básicamente, yo creo que ninguna mujer se deje dar por algo que haya escrito alguien.
Pero sí he escrito cosas. Pero de alguna manera, en lo que tiene que ver con la actuación o a lo que está vinculado a lo que hacíamos con algunos personajes, yo también escribo los guiones y esa es una manera de hacer literatura o de recrear la historia de ese personaje que uno va a representar.
LK: ¿Los personajes que vas construyendo están relacionados con alguna lectura?
DC: Sí, hay siempre puntos referenciales. En mi caso he leído algunas cosas de Woody Allen, de Groucho Marx, que son de alguna manera referentes, en el sentido de que tienen como una mirada burlona del mundo que en algún punto es referencial a uno, porque hay puntos de contacto. Por eso yo siempre hago la distinción de que no hay ideas originales, sino que hay ideas que van viajando, fluctúan, y uno está haciendo cosas que ya se hicieron antes.
LK: ¿Leés de a un libro a la vez o sos de los que leen varias cosas al mismo tiempo?
DC: Yo tengo etapas en las que dejo la lectura por mucho tiempo y etapas en las que tengo una cierta compulsión por la lectura. Yo por ejemplo empecé a leer “La conjura de los Necios” (de John Kennedy Toole) que es un libro que me fascinó y de golpe lo dejé. Dos años más tarde lo volví a agarrar para terminarlo.
Y también estuve leyendo “La filosofía del tocador”, del Marqués de Sade, que lo recomiendo porque no es una lectura procaz sino que hay que profundizarlo. Me agarran temporadas en las que empiezo a leer dos o tres libros seguidos, con cierta explosión de interés. Tampoco con lo que yo hago tengo tanto tiempo…
LK: ¿Alguna vez estuviste en un período en el que sintieras que tenías que leer o que lo necesitaras como una compañía?
DC: No, el año pasado me agarró como con ciertos autores la necesidad de aproximarme, como por ejemplo como Pierre-Félix Bourdieu. Después también uno se acerca a los libros para entender un poco la vida. Lo inexplicable, lo que a veces uno se pregunta, a veces se da cuenta que las respuestas se encuentran en la lectura. Es como buscar un amigote, ¿no?
LK: ¿Para que lee uno? ¿Tiene que ver con comprenderse a uno mismo?
DC: Me parece que lo que yo te había dicho del ser curioso tiene que ver con eso. Parte de la lectura tiene que ver con esta cosa de curiosidad, con las preguntas que se hace el humano de saber hacia dónde va esto y si sirve para algo también, que es una pregunta totalmente legítima y para nada fatalista. Uno también se burla de eso, después de todo uno también hace humor justamente para reírse de esas preguntas.
LK: ¿Cómo es tu rito de la lectura? ¿Dónde te gusta leer?
DC: En un boliche bailable. No, en rincones de la casa. Tengo un ritual que tiene que ver con la lectura y el mate, que para mí son dos cosas que están concatenadas. Me ha pasado ya de chico esa cosa de leer el diario con el mate. Bueno, eso es básicamente mi desayuno; igual voy a tratar de modificarlo porque no es un buen desayuno leer los diarios. El mate sí…
LK: Bueno, antes de quedarnos sin tiempo me gustaría que la gente también pueda preguntar…
DC: Yo no les contesto. Tengo un contrato que dice que con la gente no hablo…
Alguien del público: ¿Qué libros te gustaría volver a leer?
DC:No, no te voy a contestar. Me encantaría volver a leer libros de Friedrich Nietzsche que leí hace bastante. Me gustaría saber qué me pasa hoy…
LK: Como con “El Principito” pero con Nietzsche…
DC: Si, claro… ehhh es casi como con Racing y el Milan… pero sí me gustaría volver a leerlo. Nietzsche me ha impresionado mucho…
Alguien del público: ¿Y cómo es tu relación con la literatura política?
DC: La leo como forma de interés ante hechos sociales. Siempre tuve curiosidad y cierta sensibilidad para el escenario político. No soy de los que dicen ?soy apolítico? que es una manera de no decir nada. Si no te ocupás de la política, la política se ocupa de vos. Es una frase que no es mía, pero la escuché por ahí. Implica tener una mirada de cierta curiosidad y sensibilidad social que me parece que hay que tener, no hace falta militar en un partido para eso…
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