De forma
El oficialismo local no tendrá inconveniente alguno ni sufrirá sobresaltos en su sesión del próximo jueves, cuando se concrete el recambio y la elección de autoridades del Concejo Deliberante. La mayoría automática con que cuenta el lunghismo lo pondrá nuevamente a salvo de sorpresas, como aquella que alguna vez supo darle Nilda Fernández y compañía.
Sin embargo, la receta que ha venido utilizando el pediatra para armonizar Ejecutivo y Legislativo tiene sus flaquezas, o su costado al menos discutible.
Echar mano a concejales para cubrir roles centrales dentro del gabinete fue una actitud criticada en los últimos días desde la oposición. El argumento radica en que el Intendente tiene un doble standard, cuando por un lado critica las candidaturas testimoniales del Frente para la Victoria y por el otro apela a este salvoconducto.
Parece no importarle. O no quedarle otro remedio. Desde que recibió una andanada de rechazos a sus ofrecimientos, sólo pudo atinar a mirar el ombligo de la UCR y tomar decisiones de entrecasa.
Es que acá no habrá, como en el orden nacional, mayoría circunstancial que le moje la oreja. Ni siquiera se inquietó con aquello de la reforma política y los límites a la reelección.
Tiene mucho de qué ocuparse en lo inmediato, en una ciudad que le reclama desde varios frentes, como bien se puso de manifiesto en los últimos siete días. Al fin y al cabo, en política, dos años es un océano de tiempo.
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