?De la mano de Maradona?, Tandil ya sueña con levantar la copa del mundo
Este equipo contagia. El festejo del triunfo ante Grecia en el centro de la ciudad así lo demuestra. La figura convocante del ídolo máximo del deporte nacional, Diego Armando Maradona, en el banco de los suplentes, es el imán que atrae a los argentinos a creer.
A la hora de las celebraciones, poco importa analizar la jerarquía de los rivales. Las condiciones de los jugadores que reúne el plantel argentino, encabezado por Lionel Messi, son una invitación al sueño.
?Vengo a buscar lo que es mío?, reza una bandera que se vio ayer en el estadio de Polokwane, acompañada por ?El 10? besando a la copa del mundo. El influjo emocional de Maradona, el del talento jamás visto y las hazañas que sólo él pudo hacer posibles, contagia a todo un pueblo.
Así es que en la esquina de Rodríguez y Pinto se escuchó el ya característico ??volveremos a ser campeones como en el ?86?. Y lo cantaban jóvenes que no fueron testigos de aquella conquista y hoy quieren festejar. ?Ya te vi cumplir 200 años. Ahora te quiero ver campeón?, decían algunos.
Las camisetas, gorros y banderas tiñeron de celeste y blanco todo el centro. Desde los autos, los bocinazos estallaban en alegría. Y los rostros lucían pintados de los colores nacionales y de sonrisas soñadoras.
Los chicos dejaron los colegios para salir a festejar. Apurados, otros se mezclaban a pasos apurados para no llegar tarde a sus trabajos, pero por dentro, aunque no lo demostraran saltando o cantando, les corría la misma alegría.
?La figura fue Messi?, dijeron algunos. Otros se quedaron con la sapiencia de Verón. Y no faltó el que reconoció el sacrificio de Clemente Rodríguez.
De repente, un camión con el acoplado completo de hinchas, transformado en una especie de popular con ruedas, apareció entre los festejos. No se trataba de un grupo de personas que se había juntado a ver el partido, sino que los más eufóricos se subieron a la caja al paso del vehículo por la calle Rodríguez.
El conductor, alegre, dijo: ?La figura fue Maradona, por meter a Pastore en el momento justo. Cambió el partido?. Y, luego, no escondió su confianza en que el equipo llegue hasta la final.
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El partido también tuvo un condimento especial: el debut mundialista en la red de Martín Palermo, un jugador que parece producto de una novela o una ficción digna del cine hollywoodense.
El ?Loco?, el del gol épico contra Perú, otro que tiene hazañas en su haber, pero con la camiseta de Boca, con esta conquista se terminó de meter en el corazón del hincha argentino. ?Soy de River, pero Palermo se lo merecía. Es un grande?, gritaba Luis, mientras lo empujaban sus amigos. Para los simpatizantes xeneizes, el festejo del ?Titán? fue una doble satisfacción, el premio a una exitosa carrera, construida sobre la base del sudor, de uno de sus máximos ídolos.
Tampoco faltó el clásico ?el que no salta es un inglés? y el recuerdo para el eterno rival, Brasil, para luego devenir en el deseo de todo un país, inspirado en lo que demostraron los jugadores en estos primeros tres partidos: ?Vení, vení / Cantá conmigo / Que un amigo vas a encontrar / Que de la mano de Maradona / Todos la vuelta vamos a dar?.
El sueño se agiganta en cada noche. Ahora será tiempo de pensar en México. Pero, sobre todo, de escuchar la voz que nos acompañó e iluminó a nuestros jugadores en los triunfos que pusieron en lo más alto a la selección: ?Recen, pidan, prometan; llenen los bares, las calles, las casas, las oficinas. Y amen a estos colores por sobre todas las cosas. Yo creo en ustedes?. El corazón de Tandil parece acatar la orden al pie de la letra. *
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