De nuevo por la utopía, como hace 122 años
Ciento veintidós años atrás este pueblo se dio el lujo de dar a luz nada menos que un teatro. ¡Que lo parió!
Fue casi en primavera, el 8 de septiembre de 1887. Lo llamaron Cervantes. Nació en Tandil.
¿Cómo hicieron? Vaya a saber. Fue todo un gran acontecimiento, que llegó de la mano de la colectividad española, pero con la complicidad de más de un criollo. Seguramente gracias también a esa energía tan especial que debe atribuirse a las sierras añejas y en especial a la Piedra Madre, que por entonces la teníamos vivita y coleante.
Si nos situamos en aquel contexto, podríamos decir que esa formidable creación cultural tandilense consumada más de 120 años atrás, parece algo mágico. Tanto, que valdría la pena echar a vuelo la imaginación y ponernos a recrear aquellos momentos preliminares. Porque un teatro no se funda de la noche a la mañana.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailUN SUEÑO GESTADO EN EL CRUDO INVIERNO DE ENTONCES
Un censo del año 1882 le otorgaba a aquel Tandil algo más de ocho mil habitantes, pero menos de la mitad vivía en la aldea. La mayor parte estaba instalada en la zona rural del partido. O sea que cinco años más tarde, cuando se crea el teatro, seguramente habría alrededor de diez mil en total y cerca de cinco mil en el casco urbano.
Existían tres hoteles, algunas fondas y unos pocos bares y cafés. Pero lo suficiente para soñar, imaginar, proyectar.
Si el teatro se creó casi en primavera, seguramente las principales reuniones previas para engendrarlo se habrán realizado en los atardeceres de aquellos inviernos que eran todavía más crudos que los actuales. No solamente porque el clima se fue modificando sino porque no se contaba con las comodidades de ahora.
?Y LO LLAMAREMOS CERVANTES??
Por qué no imaginarnos a una decena o tal vez un poco más, de vecinos de entonces, reunidos entre julio y agosto de 1887, calentándose los cuerpos a base de ginebra y aguardiente en un bar, frente a la incipiente plaza todavía cercada con alambre para que los animales no la estropeen demasiado.
-?Hagamos el teatro?, dijo alguien.
-?¡Vamos, hombre, venga, hagámoslo, que este pueblo necesita contar con un teatro!?
-?Y lo llamaremos Cervantes, que es sinónimo de la hispanidad y de la cultura nuestra?, habrán contestado casi a coro los demás, mientras el pulpero escucharía sin tener demasiadas noticias acerca del contenido de esa charla.
AQUEL TEATRO DE DIONISIO, EL DIOS DEL VINO
Un teatro, nada menos, en aquel Tandil.
Sí. Teatro. Una palabreja que durante siglos fue bastante ambigua. Los griegos la usaron primeramente para designar la gradería semicircular desde donde se contemplaba la representación dramática. Y también para designar el conjunto del público allí reunido. Luego fue extendida a todo el edificio destinado a aquella representación.
Por entonces, antes de la era cristiana, se hablaba del ?Teatro de Dionisio?, en alusión a aquel ?dios del vino?, protector también de la agricultura y del teatro. Y como si fuera poco, amante de la paz.
Tiempo después, el concepto de ?teatro? pasó a significar la obra, literaria o musical, que se representase. Hasta que, por último, se lo adoptó para indicar cualquier forma de espectáculo.
Lo concreto es que aquellos españoles y otros tandilenses del año 1887 no mintieron. Engarrotados de frío en el bar del pueblo, soñaron primero y cumplieron después.
Para inaugurarlo, se dio una fiesta muy grande que empezó a las tres de la tarde y se puso en escena la obra denominada ?El 2 de mayo de 1808 o la Independencia Española?.
2009: ¡VAMOS POR LA UTOPIA!
Pasaron los años y en el mismo espacio físico tuvieron lugar las mejoras edilicias. Y luego, las tristísimas desmejoras. Por eso que, a más de un siglo y dos décadas, los tandilenses de hoy, como herederos de aquellos padres fundadores, tenemos la responsabilidad -obligación moral y material- de rescatarlo de las aguas, como a aquel Moisés de las Sagradas Escrituras.
Como un auténtico regalo de cumpleaños, hace muy pocos días, el viernes 4 de septiembre, una asamblea de la Sociedad Española, en medio de una profunda crisis, apostó mayoritariamente por la recuperación del teatro.
El camino que se avecina es desparejo y plagado de cardos y otras espinas varias… Pero la otra opción, la de la venta, hubiera sido la claudicación.
Uno de los últimos españoles nativos, el gallego Manuel Martínez Martínez, se puso al frente del lírico proyecto. Y por el momento, pudo rescatar de las aguas feroces al indefenso y maltrecho Moisés. Perdón, al maltrecho Cervantes.
De ahora en más, los 130.000 tandilenses tenemos una deuda de honor con la historia y con el futuro.
Por ahí anda dando vueltas un proyecto del laborioso concejal Eduardo Antonio Ferrer. Dos pesitos por mes cada uno, para rescatar no sólo el Cervantes sino otras reliquias históricas de la ciudad. No apoyar dicha iniciativa sería un grotesco egoísmo.
?Seamos realistas, pidamos lo imposible?, sostenían los jóvenes del Mayo Francés allá por 1968. Los calificaron de ?utópicos?. Pero lograron modificar unas cuantas realidades.
¡Manos a la obra! Los tandilenses de 1887 lo hicieron. Sería vergonzoso que nosotros nos lavemos las manos por tristes miserias humanas.
¡Salud y Teatro para todos!
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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