De todos
Difícilmente la gente hable mal de una persona que está muerta. Quizás sea por costumbre, por tradición o por una simple cuestión de respeto.
Pienso, sin embargo, exactamente lo contrario: si alguien fue malo en vida, jamás dejará de serlo por el simple hecho de haber fallecido. No hay por qué callarlo.
Creo también que si alguien, en el difícil y entramado mundo de la política, ha contado siempre con el respeto, el afecto y la consideración de todos, ha sido precisamente el doctor Raúl Alfonsín. Y no solamente hoy, que es día de recordación, consternación y homenaje por su desaparición.
Lo vi en varias ocasiones. Compartí bastante tiempo durante sus últimas dos visitas a Tandil.
En una de ellas, cuando Hugo Escribano -a quien el ex presidente había elegido como su chofer (?quiero que me lleven siempre en un auto simple, nada ostentoso…?)- tuvo la deferencia de invitarme a compartir el viaje con ellos. Aproveché para grabar una entrevista que, a la luz de los acontecimientos, hoy se torna más trascendente.
Y fue el propio Hugo quien lo trajo al diario -todavía no existía el Multimedios- la última vez que Alfonsín visitó Tandil.
Recorrió las instalaciones, como buen político se tomó sin inmutar el mate más frío que alguien haya probado alguna vez en El Eco y después me quedé un buen tiempo solo con él, en mi oficina.
Con la humildad de los grandes, me sorprendió con sus verdades, con su visión de la historia, con su sinceridad (?Yo quería llegar al 10 de diciembre, pero si no me iba antes, iba a correr sangre en la Argentina. Mi objetivo fue traspasarle el mando a otro gobierno democrático, y lo cumplí. La historia pondrá las cosas en su lugar?).
No me olvidaré nunca de sus palabras, de su estilo campechano, de su cara de bueno…
Pienso, entonces: uno conoce tanta gente que pareciera ser dueña del mundo y sin embargo, al verlo a él nadie podía darse cuenta de que era un ex presidente. Con ropa austera, paso cansino, palabras justas, sin custodia, viviendo en un austero departamento; jamás un escándalo, nunca una duda de corrupción.
Se fue un grande. El hombre que nos devolvió la democracia. El que luchó por la paz.
Hoy no hay radicales, ni peronistas, ni socialistas, ni conservadores, ni comunistas.
Raúl Alfonsín, como la selección argentina, nos pertenece a todos.
Y eso, será para siempre.*
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