Deborah Altieri se estableció en Tandil y propone poner el cuerpo en movimiento
Deborah es bailarina y docente. Formó parte de diferentes conjuntos de danza contemporánea, jazz, y tango, e integra la compañía de danza integradora Grupo Alma, donde trabaja con bailarines en silla de ruedas.
La primera de las clases que dicta se llama “Estiramiento y Entrenamiento Corporal”, donde se trata de conocer y sentir el cuerpo, desarrollar la conciencia corporal, la flexibilidad, la fuerza, el equilibrio, la disociación y la capacidad de relajación.
En estas clases se utilizan principalmente técnicas de estiramiento y trabajo corporal tomadas de la danza, el yoga, el método feldenkrais y la sensopercepción.
La segunda propuesta, de contact-improvisación se trata de cuerpos en movimiento que se conectan con la tierra, con el aire, con los otros y el universo. Algunas de las actividades a realizarse son: rolar, reptar, derramarse, fundirse, soltar, empujar, ceder, levantar. Se estudiarán estas cualidades en el cuerpo para poder bailar en contacto desde los instintos y sensaciones.
¿Cómo hiciste tu inserción en Tandil?
-Venir a un lugar nuevo es buscar qué posibilidades hay de ‘hacer’ y comencé a moverme para eso. Lo primero que se dio fueron clases de estiramiento y contact y luego, en el estudio me ofrecieron dar clases de jazz y clásico.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-¿En qué consisten las clases de estiramiento?
-A mí me gusta trabajar con la parte más consciente de la flexibilidad. La idea es empezar a conocer el cuerpo y moverse desde ahí. Más allá de que hay formas que uno repite, la idea es ir construyendo la vivencia del cuerpo propio. Es un trabajo personal, hay que tener paciencia y sentir que es un proceso. Yo trato de enseñar las cosas que más me sirvieron como bailarina y persona.
-Cuándo las personas se van poniendo más grandes sienten que el cuerpo es más rígido…
-Lo que se va descubriendo es que con la expresión corporal uno puede modificar cosas de su vida y su personalidad a través del cuerpo. A veces, si se es rígido mentalmente, el cuerpo también lo es. Puede pasar que en el movimiento se destraben cuestiones físicas y mentales a la vez, y eso es maravilloso.
-En cuanto a contact, ¿en qué consiste?
-Es una danza que me apasiona, donde la libertad está presente todo el tiempo. Uno puede elegir dónde estar, qué hacer o no hacer. Siempre hay que sentir placer en el movimiento. Aquí se baila con los otros, así que hay que estar abierto a relacionarse con los demás, a decirle algo, a escucharlo, a tocar al otro.
En el contact uno descubre cómo es: si se manifiesta pasivo, activo, si quiere dirigir siempre.
-¿Cómo se siente el alumno en el momento de improvisación?
-Yo era una persona muy estructurada y aprendí a desestructurarme, fue muy lindo. En eso encontré un ‘cable a tierra’. La improvisación es ideal para la gente estructurada, porque te olvidás por un momento de quién sos…en ese instante sos tu cuerpo y no sabés qué va a suceder. Es genial estar en un espacio donde no haya estas estructuras, que no haya que moverse de tal o cual manera.
-¿Las clases son sólo para adultos?
-Sí, adolescentes y adultos, varones y mujeres.
-Estás tratando de empezar a trabajar con danza integradora para niños…
-Es algo que me entusiasma hacer. Lo estamos gestionando y es un sueño que se pueda hacer en Tandil. La idea es hacerlo con Santiago Feldman que está trabajando en Tandil con danza integradora y que ya ha hecho un recorrido. Yo he vivido esta experiencia con niños en Buenos Aires.
-¿Cómo es la vivencia de hacer danza integradora con chicos?
-Hace unos días, acá en Tandil, fuimos a visitar una escuela y me emocioné porque comencé a recordar mi experiencia. Yo extraño seguir yendo a la escuela, porque uno se lleva mucho amor al poder tener contacto con los niños. La experiencia fue una de las más lindas de mi vida.
Son muchas cosas las que se viven… yo estaba en una escuela con chicos con discapacidad y ellos te demuestran que todos podemos bailar con el cuerpo que tenemos y ser felices con eso: movernos y disfrutar de ser libres.
Tener esta experiencia desde niños, con un cuerpo que no es el que culturalmente está aceptado y poder mostrar este gran paso, de aceptarse a uno mismo con el cuerpo que se tiene y ser feliz, es un camino ganado.
-Este sería un aprendizaje para grandes y chicos…
-A medida que vas creciendo, pareciera que tu autoestima se fuera apagando, te empezás a comparar con lo que te muestran los medios que hay que ser. Si de chico uno se acepta y es feliz con eso, es un gran logro.
Esto también es importante de enseñar en escuelas con chicos sin discapacidad, porque son los que más están necesitando conocer la integración. La idea sería integrar a todos los niños desde pequeños. Yo creo que la sociedad cambiaría con eso… y lo vivo como una verdad. Cada clase uno se va con mucho amor.
-¿Cómo ves la viabilidad de este proyecto?
-Estamos visitando espacios físicos donde se pueda hacer, estamos tratando de conseguir algún apoyo económico para solventar la actividad. Ojalá se pueda concretar, porque casi no hay propuestas de movimiento para niños con y sin discapacidad. Todos nos podemos mover, bailar, disfrutar de la danza y ser uno en ellos, compartir con otros y deleitarse con la música. A mí, como bailarina, la danza integradora me aportó muchísimo para entender que no todo es técnica, también es lo que te pasa adentro.
-¿Seguirás viajando a Buenos Aires?
-Continúo con el Grupo Alma, también en la escuela, así que por un tiempo seguiré viajando, aunque ya instalada en Tandil proyectando en esta ciudad.
Por informes e inscripción, llamar al 154-68825, al 155-43980 o escribir a deboaltieri@hotmail.com
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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