Dejando el rol de victimario para presentarse como víctima, “Picu” López volvió a ser protagonista de un juicio
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Daniel “Picu” López irrumpió una vez más en la sala de debate. Con sus muñecas unidas por las esposas y custodiado por uniformados del servicio penitenciario, sería, también una vez más, protagonista de un capítulo judicial. En este caso con una distinción. En esta escena dejó de ser victimario para pasar a ser víctima. Así fue presentado a la hora de ventilarse un debate oral y público en el Tribunal Criminal 1, donde se juzga la responsabilidad penal de un policía.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn efecto, al decir de la instrucción y consiguiente acusación arribada a juicio, “Picu” López fue ilegalmente privado de su libertad el 19 de febrero de 2011, en horas del mediodía, cuando viajaba en un colectivo de la línea 501 (rojo) en el corazón de Las Tunitas. A más datos, fue bajado forzosamente a golpes y a punta de pistola por el policía Carlos Nicolás Guzmán, con quien mantenía una “belicosa” relación a partir de las tropelías de uno y el rol del otro.
A tal punto esta convivencia forzada de los protagonistas, que antes de atravesar este debate, ya se habían cruzado en el mismo ámbito pero con la acusación contraria: López fue acusado y condenado por las amenazas que había propinado al policía en cuestión.
Ahora el que estaba en el banquillo de los acusados era el uniformado, mientras que López (actualmente detenido en Barker por distintos hechos delictivos cometidos recientemente) ingresaría a la sala de debate bajo otro rol.
A sus 23 años, el sitio le resulta afín. A estas alturas pareciera que ha tenido más trato con policías, jueces y letrados que con su propio circulo afectivo. En ese hábitat casi cotidiano, “Picu” López relataría su versión sobre el suceso ahora puesto a consideración, que no resulta más que una ramificación de aquel “famoso” juicio en el que contó como testigo “estrella” al propio intendente Lunghi, convocado por el entonces defensor del “niño terrible”, Claudio Castaño, hoy ocupado en otros menesteres, también penales.
A cinco años del hecho, López intentó recordar el suceso que llevó a juicio al policía. Si bien primeramente evitó dar mayores detalles, finalmente confiaría que efectivamente cuando estaba arriba del colectivo fue interceptado por Guzmán a punta de pistola, frente al colectivero y dos conocidos del barrio, los hermanos Núñez. Llamativamente en la causa ningún colectivero de la empresa aportó sobre el suceso, más bien dijeron desconocer el hecho, mientras que de los Núñez solo la mujer atestiguó, dando crédito de lo padecido por López.
Allí radicaría las hipótesis de las partes. Mientras que para el fiscal Damián Borean la testigo Erica Núñez resulta creíble y consiguientemente merece el reproche penal el accionar del policía, para el defensor Diego Araujo, los dichos de López, como de la testigo, dejan mucho margen de dudas (ni siquiera pudieron precisar la fecha del incidente) por lo que debía suponerse que el suceso formó parte de la anterior estrategia defensista para intentar hacer zafar a López cuando fue acusado de las amenazas, ya que ambos sucesos se ubican en la misma semana.
“Nos conocíamos desde hace años. Desde las causas de cuando era menor de edad”, recordó el “Picu” sobre el conocimiento para con el policía acusado, para luego contar específicamente sobre el suceso violento. Que lo tomó del cuello, que tenía un arma (la reglamentaria) con la que le apuntó en el rostro y lo bajó del colectivo.
“Me dijo `te voy a matar´”, `te tenés que ir del barrio´”, fueron algunas de las frases sueltas que rescató López a la hora de graficar las amenazas padecidas por el uniformado quien, vale destacarlo, negó -y niega- el hecho y así lo hizo constar en el expediente.
La testigo Núñez, en tanto, coincidiría con el mismo episodio contado por López, buscando transmitir que no tenía ninguna relación con el “Picu” y que tampoco tenía animosidad alguna para con el acusado. Que como su hermano no se quiso presentar a declarar lo hizo ella espontáneamente.
Alegatos
Ya sin más por escuchar y el resto de la prueba incorporada por lectura, tras un breve cuarto intermedio el juez Guillermo Arecha daría lugar a los alegatos, en los que las partes se mantuvieron en su hipótesis primigenias y argumentaron respectivamente.
Al decir del fiscal Borean, los dichos del propio López, quien a su entender resultó totalmente transparente incluso a la hora de no recordar siquiera cuándo había sido el hecho. Sobre las confusiones evidenciadas por el testigo (habló que el hecho se había producido cuando era menor de edad, cuando la cronología de los hechos y circunstancias lo contradicen), consideró que no hacían más que reflejar su espontaneidad.
Igualmente, la acusación se cimentó fundamentalmente en la credibilidad de la testigo Núñez, quien a su entender no perseguía ninguna animosidad contra el acusado y solo se limitó a recordar lo que ella había visto.
Así ratificaría la acusación por el delito de “privación ilegal de la libertad agravada por la utilización de un arma de fuego”, y peticionaría que se lo condene a tres años de prisión de ejecución condicional.
La defensa
Araujo alegaría sobre interferir en el derecho de defensa cuando la presunta víctima y testigos ni siquiera pudieron precisar cuándo ocurrió el hecho en cuestión. Para el defensor, el fiscal no podía omitir livianamente que no se sepa a qué hora, qué día ocurrió lo que dicen que sucedió, por lo que dicha ambigüedad atentaba con poder defender a su pupilo, como así también quitarle credibilidad a los dichos de los testigos.
Araujo aludió a la secuencia de conflictos mantenida entre víctima y victimario, subrayando que Guzmán ya lo había aprehendido en otras oportunidades a López. Asimismo, el defensor se tomó su tiempo para leer fundamentos del propio Tribunal en el juicio anterior -por las amenazas- en el que quedó plasmado que los jueces no le creyeron a López, y consecuentemente fue condenado. La pregunta, entonces, era por qué le iban a creer ahora bajo las mismas circunstancias.
El defensor subrayó que ninguno de los 16 choferes de la empresa de transporte conoció el suceso, ni tampoco lo había escuchado de alguno de sus colegas. Que la única testigo -Núñez- apareció en escena en medio de las anteriores causas donde se buscaba despejar a López de otroras acusaciones ya sentenciadas.
A más argumentos defensistas, Araujo también se detuvo en que presuntamente había ocurrido el hecho al decir de la acusación (el 11 de febrero de 2011, en horas del mediodía), cuando en las actas de la causa anterior se expresa en el propio expediente que ese día, a esas horas, a “Picu” López se le estaba tomando declaración en la dependencia policial por causas anteriores. Frente a dichos datos objetivos y concretos, el defensor alegaría que el hecho no existió y que habría formado parte de la estrategia defensista por la causa anterior, por lo que exigiría la absolución del policía Guzmán. El próximo viernes, al mediodía, se conocerá el veredicto del juez.
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