Del Potro, a la altura de los mejores una vez más
Su actuación en la épica semifinal de Wimbledon ante Djokovic, agregada a la comodidad con la que arribó a esa instancia, fue otra muestra cabal de que Juan Martín Del Potro tiene con qué para codearse con los de más arriba y alimentar el sueño de ser el primer número 1 del mundo argentino.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAunque hoy todavía ese objetivo se vislumbre como algo muy lejano, su renuncia a la Copa Davis denuncia cierta búsqueda del mismo. Bajarse por todo el año del equipo argentino no fue una decisión menor, y seguramente tomarla demandó un considerable tiempo de reflexión.
Lo hizo a sabiendas de que renunciaba a una posibilidad muy propicia de escribir su nombre en la historia grande del tenis argentino, en el que muy probablemente sea el último año de Nalbandian, el otro “as” entre sus contemporáneos y su principal ladero en pos de esa conquista, independientemente de la relación entre ambos. Además de ganarse la reprobación de buena parte del ambiente tenístico nacional, que sueña con la tan ansiada Ensaladera.
Sobre el césped de Londres, el tandilense desplegó una vez más toda su jerarquía, logrando por fin la performance que bien podía vaticinarse de acuerdo con la esencia de su juego, absolutamente adaptable al césped, a contramano de la gran mayoría de los tenistas argentinos.
Las primeras ruedas, ante rivales inferiores en los papeles, no dejaban de ser exámenes peligrosos, dada su falta de continuidad en el circuito y su ausencia en Roland Garros. Pero “Delpo” las fue sorteando sin sobresaltos y el domingo pasado ante el italiano Seppi dio el salto de calidad, el que le permitió ser el tercer argentino en alcanzar cuartos de final en los cuatro Grand Slam, acompañando en ese privilegio nada menos que a Vilas y Nalbandian.
No conforme con ello, en cuartos despachó a Ferrer con una autoridad inusitada. Y dio muestras ante el español que sus virtudes técnicas están bien sustentadas por una mentalidad granítica, condición sine qua non para empezar a pensar en pelear por el ápice del ranking. El resbalón del quinto punto que puso en jaque su maltrecha rodilla izquierda pareció otro cimbronazo del destino. Pero a conciencia de la importancia del partido, el tandilense hizo un intento que terminó valiendo la pena. Optó por seguir en un partido que a esa altura parecía no darle demasiado margen para la ilusión y lo terminó sacando adelante con holgura. Sostenido en la efectividad de un primer saque que se volvió un arma letal, complementado con una derecha fulgurante, borró de la cancha a quien desde mañana será el 3 del mundo. Además de tomarse revancha de lo ocurrido el año pasado -en octavos- en la misma Catedral.
La batalla ante Djokovic, el mejor de la actualidad, se definió por detalles y, pese a la derrota, lo catapultó hacia un lugar de privilegio, a recuperar el crédito y el respeto del mundo tenístico y sobre todo de aquéllos que lo preceden en el ranking.
Es que Del Potro protagonizó ese día una innumerable cantidad de puntos de altísimo vuelo, en el marco de un partido que cobrará un exacerbado protagonismo cuando se recopilen los mejores momentos de Wimbledon ’13. Debió lidiar con obstáculos que amenazaban con volverse insalvables, como la efectividad de su primer saque, que decayó ostensiblemente respecto al duelo ante Ferrer, y -sobre todo- la oposición del número 1, dueño de una amplia diversidad de variantes a la hora de agredir y un león cuando es maniatado, a partir de una muy confiable devolución de saque y una plasticidad inenarrable.
La defensa del serbio obligó a Del Potro a adosarle a cada embestida uno, dos y hasta tres golpes extra, lo que, además del peligro constante de errar, genera otro tipo de desgaste físico y cierta frustración desde lo psicológico.
Y en esta última faceta, el tandilense volvió a dar la talla. Tras el duro golpe que le representó perder el tercer set, se mantuvo a tiro en el cuarto y en el tie break mostró un pulso encomiable para levantar dos match points y forzar un quinto set. En la definición llegó una merma lógica, propia del desgaste de un partido y un torneo que acaso no lo haya encontrado en su plenitud, sumado ello a las dos torceduras de rodilla sufridas.
Pero más allá de esos contratiempos, el físico parece ser el punto saliente en el “debe” para Del Potro en su búsqueda de ser el mejor.
Ya, ante diversas muestras contundentes, nadie duda de que, pleno, puede plantarse de igual a igual ante cualquiera. Lo demostró el viernes ante Djokovic, en sus reiteradas victorias sobre Federer, en los Juegos Olímpicos del año pasado y, naturalmente, en el US Open ’09.
Resta dilucidar si semejantes gestas pueden cobrar cierta continuidad a través de un mismo año o este tipo de partidos suyos que emocionan sólo se verán esporádicamente.
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